Editorial

Grupo Tomza,entre explosiones, negligencia y el clamor por justicia 

#InPerfecciones
“Durante casi dos décadas, la empresa ha acumulado un historial de accidentes, sanciones y omisiones que ponen en riesgo la seguridad de miles de familias, México merece empresas responsables y autoridades firmes.”

 

Daniel Dueñas / @daniel_duf
editorial@inperfecto.com.mx 

 

La reciente explosión de una pipa de gas LP en el Puente de la Concordia, en Iztapalapa, no es un hecho aislado. El Grupo Tomza, consorcio gasero con presencia en México y Centroamérica, arrastra un historial marcado por accidentes, denuncias de negligencia y sanciones legales. El siniestro del 10 de septiembre de 2025, que dejó ocho personas muertas y más de 90 lesionadas, puso bajo escrutinio público a la empresa y a su filial Transportadora Silza, dueña de la unidad involucrada.

Los antecedentes muestran que no se trata de un caso fortuito, sino de un patrón de irregularidades. Desde operaciones sin seguros hasta multas por incumplir la normatividad en transporte y manejo de gas, el historial de Tomza revela fallas sistemáticas en materia de seguridad y prevención.

Este artículo documenta los principales hechos confirmados en torno al grupo y sus filiales, con el objetivo de contextualizar la magnitud de los riesgos que han acompañado sus operaciones a lo largo de los años.

El 10 de septiembre de 2025, una pipa de gas LP de Transportadora Silza, filial del Grupo Tomza, volcó y explotó sobre el Puente de La Concordia, en la alcaldía Iztapalapa, al oriente de la Ciudad de México. El camión cisterna transportaba 49,500 litros de gas, lo que desató una explosión masiva y un incendio en plena zona urbana transitada. El saldo inicial fue devastador: entre seis y ocho personas fallecidas cifra que aumentó en los días siguientes, cerca de 90 heridos, muchos de ellos con quemaduras graves, además de vehículos calcinados y daños severos en la vía pública. Vecinos relataron escenas de pánico y testigos describieron a víctimas con el cuerpo en llamas caminando desorientadas tras la explosión. La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, confirmó de inmediato que la unidad siniestrada pertenecía a Gas Silza, empresa del Grupo Tomza.

A lo largo de casi dos décadas, Grupo Tomza y sus filiales han protagonizado una larga serie de siniestros en México y Centroamérica que revelan un patrón de negligencia y fallas de seguridad sistemáticas. El primer caso documentado se remonta a mayo de 2007 en Puebla, cuando un tanque explotó en una vecindad y dejó tres heridos. Años después, el 15 de octubre de 2013, ocurrió la tragedia de Amozoc, Puebla: la explosión en la planta de distribución de Gas Pronto de Tomza provocó al menos seis muertos, seis heridos y destapó un cúmulo de irregularidades, desde pipas no registradas hasta válvulas vencidas, lo que derivó en sanciones millonarias. Apenas una semana más tarde, el 23 de octubre de 2013, otra pipa de Gas Tomza explotó en una tortillería de Mérida, dejando dos fallecidos y varios heridos graves; el caso derivó en imputaciones penales contra directivos, incluidos los propietarios de la empresa. El 18 de enero de 2014, la terminal marítima de Tomza en Tuxpan, Veracruz, sufrió una explosión que arrasó con instalaciones, dejó dos trabajadores muertos y obligó a evacuar comunidades enteras ante el riesgo de una catástrofe mayor. Apenas tres meses después, en abril de 2014, una pipa volcó en Puebla; aunque no hubo víctimas, quedó registrado como otro percance vial. En enero de 2015, en la Ciudad de México, un flamazo durante el abastecimiento a un restaurante lesionó al operador de la pipa. En 2016, dos incidentes más reforzaron el historial: en mayo, una pipa volcó en Acapulco con saldo de un herido y el cierre de la vía; y en octubre, en Zapopan, Jalisco, se descubrió a un repartidor trasvasando gas de forma clandestina, práctica ilegal que ponía en riesgo a la población.

 

El historial reciente tampoco es menor. En julio de 2020, una fuga en un centro de distribución de Playa del Carmen y, días después, un accidente laboral con saldo de un trabajador lesionado, exhibieron deficiencias de mantenimiento y capacitación. El 31 de diciembre de 2021, una estación de Tomza en Chetumal explotó y dejó a un empleado con quemaduras de segundo grado, provocando la clausura temporal del sitio. En marzo de 2024, una pipa ardió en Solidaridad, Quintana Roo, mientras abastecía en una zona habitacional, obligando a evacuar a decenas de familias. Ese mismo año, en noviembre, autoridades clausuraron la construcción de una estación de Tomza en Playa del Carmen por violar normas de uso de suelo al ubicarse cerca de escuelas. Incluso en el extranjero, la empresa acumula señalamientos: en octubre de 2024, la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos de Costa Rica sancionó a Tomza con ₡13 millones de colones por no dar mantenimiento a cilindros de gas, exponiendo a miles de usuarios. El 4 de abril de 2025, una pipa volcó en la autopista México, Tuxpan Chiapas, lesionando a tres personas y obligando a un complejo operativo para trasvasar el combustible. El 12 de agosto de 2025, en Mocorito, Sinaloa, otra unidad de reparto se estrelló de frente contra un vehículo particular, causando la muerte del conductor de la pipa y tres heridos más. Y finalmente, el 10 de septiembre de 2025, la tragedia alcanzó un punto crítico en Iztapalapa: la explosión de una cisterna con casi 50 mil litros de gas dejó más de 90 heridos y al menos ocho muertos, además de escenas dantescas en plena zona urbana.

En conjunto, estos hechos suman al menos 14 accidentes graves desde 2007, muchos con víctimas mortales, que ponen de relieve no sólo los riesgos inherentes al manejo de gas LP, sino también las recurrentes fallas técnicas, errores humanos, prácticas ilegales y violaciones regulatorias de la empresa. Multas millonarias, clausuras, sanciones internacionales e incluso procesos penales contra sus directivos no han bastado para revertir un patrón de negligencia que hoy vuelve a exhibirse con la tragedia de Iztapalapa.

En medio de la tragedia, expreso mi más profunda solidaridad y admiración al pueblo de Iztapalapa y de las zonas conurbadas que se vieron golpeadas por este doloroso episodio. La entereza con la que la comunidad enfrenta la adversidad refleja lo mejor de México: un país solidario, generoso y grande, donde la unión y la bondad de su gente siempre se sobreponen a la desgracia.

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