#InPerfecciones
Los museos han comprendido que el futbol no solo llena estadios, sino que también produce símbolos, memorias y discursos culturales.
Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com
El futbol es, sin duda, el deporte más popular del planeta y desde hace mucho ha dejado de ser únicamente un deporte: es una industria del entretenimiento, un fenómeno socio-político, un lenguaje universal, una fuente de riqueza (especialmente para la FIFA) y, cada vez más, también una expresión artística, aunque en primera instancia parecían pertenecer a mundos distintos.
El arte va ligado a la pintura, la música o la literatura, pero el futbol ha inspirado canciones, películas y novelas. Tenemos el caso del premio Nobel de literatura, Peter Handke, quien hace de su novela, El miedo del portero al penalti, una metáfora de la soledad del individuo ante la sociedad. Juan José Arreola equiparaba al portero en un penalti, como al condenado frente a un paredón de fusilamiento.
La arquitectura es quizá el ejemplo más visible de la relación entre deporte y arte. Los estadios dejaron de ser simples estructuras funcionales destinadas a albergar una cancha rodeada de gradas. Hoy son parte esencial de la identidad urbana y nacional. Algunos se han convertido en auténticos símbolos contemporáneos: el Santiago Bernabéu en Madrid, Wembley en Londres, el SoFi Stadium en Los Ángeles o el Lusail Stadium en Catar. Este último, diseñado por el despacho de Norman Foster, ganador del premio Pritzker, demuestra cómo la arquitectura deportiva puede aspirar a convertirse en patrimonio cultural y pieza de diseño global.
El lugar por excelencia donde se puede apreciar el arte es en un museo, y el futbol ha logrado ganarse un espacio, principalmente en museos de sitio, esos fieles guardianes de la memoria histórica construídos o adapatados dentro de los propios estadios, donde se exhiben de manera permanente las historias desarrolladas a lo largo de los años: fotos, playeras, balones, zapatos de futbol, esculturas, trofeos y todo aquello que sea relevante y traslade al visitante a los momentos victoriosos de los equipos. Ante su impacto, algunas ciudades albergan museos dedicados al futbol. Ahí están el FIFA Museum en Zurich, el museo Legends: The Home of Football en Madrid, o el Salón de la Fama del Fútbol Internacional en Pachuca.
En México, la proximidad de la Copa del Mundo de 2026, ha sido el pretexto ideal para exposiciones temporales relacionadas con el futbol. Lo interesante es que muchas de estas muestras ya no se limitan a exhibir memorabilia deportiva, sino que abordan el fenómeno desde distintas ópticas y disciplinas. En el Museo Interactivo de Economía, por ejemplo, puede visitarse Pasa el balón, una exposición visualmente impactante que analiza la dimensión económica del futbol. El visitante descubre que detrás de cada camiseta existen complejas estrategias de patrocinio, mercadotecnia y construcción de marcas para hacerlas objetos de deseos globales.
La ciencia también ha encontrado su espacio. Para el Mundial de Sudáfrica 2010, se fabricó el balón Jabulani, el cual con su circunferencia casi perfecta, lo hizo impredecible para muchos porteros, quienes se quejaban constantemente de sus movimientos irregulares. Es en la exposición La ciencia está en la cancha, en Universum, el museo científico de la UNAM, donde se explican los diferentes aspectos científicos que hay detrás del futbol.
Un aspecto importante que le dio identidad al mundial de 1970, fue sin duda las tres líneas paralelas con las que Pedro Ramírez Vázquez escribió el nombre “México”, herencia del logo de las olimpiadas de 1968, y que sigue vigente a nuestros días. Para abordar esta componente visual, el museo Franz Mayer montó la exposición Fútbol: Diseñando una pasión, donde los protagonistas principales son los diseños. Por su parte, en el Museo Memoria y Tolerancia se presenta Juego Limpio: La cancha que nos une, una exposición enfocada en recuperar los valores positivos que deben prevalever en el futbol.
A diferencia de las muestras señaladas, el Museo Jumex, dedicado al arte contemporáneo, invita más a la reflexión que al recuerdo con la puesta de Futbol y Arte: Esa misma emoción. Es común que el arte contemporáneo genere rechazo porque no depende exclusivamente del lienzo, el mármol o el pincel. Puede incorporar instalaciones, sonidos, videos, objetos cotidianos o experiencias sensoriales completas. Como explica Will Gompertz en ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno, buena parte del arte contemporáneo se caracteriza precisamente por privilegiar la idea y el concepto sobre la técnica tradicional.
La exposición del Jumex arranca con un golpe a los sentidos. Apenas se abren las puertas del elevador, se escucha a todo volumen el ambiente del reciente partido México-Portugal. El sonido es tan envolvente como si se estuviera en el propio estadio. Avanza uno y el usualmente impecable piso ha sido reemplazado por una textura arenosa similar a miles de canchas, remitiéndonos a esos campos llaneros donde naciera el futbol.
Un video reproduce una y otra vez los penalties fallados por la selección mexicana en los mundiales, insistiendo en una especie de eterno retorno del desencanto futbolístico, un bucle de la fatalidad. El nombre de esta obra de Diego Berruecos, no puede ser más claro, Las trampas de la fe, A.K.A, la tentación del fracaso.
Otra obra retoma la famosa pintura La lucha de Jacob con el ángel, de Eugène Delacroix quien se basó en un pasaje biblico, para reinterpretarla en clave futbolística. Sobre un tapete tejido alusivo al Mundial de Sudáfrica 2010, Hassan Musa,figuras negras y ángeles blancos disputan un balón. La pieza, titulada La lucha de Jacob contra la FIFA, funciona como una metáfora de la disputa por el futbol entre los aficionados y la FIFA. Evidentemente la exposición es mucho más grande e interesante de lo aquí reseñado.
Todo lo anterior confirma que el futbol ya no puede entenderse únicamente como entretenimiento. Es una narrativa colectiva donde convergen economía, política, diseño, arquitectura, identidad y arte. Los museos han comprendido que el futbol no solo llena estadios, sino que también produce símbolos, memorias y discursos culturales. Tal vez por eso el futbol terminó entrando a los museos, porque dejó de ser solamente un juego. O quizá porque siempre fue mucho más que eso y apenas comenzamos a reconocerlo.
#InPerfecto




