Editorial

Impuestos disfrazados

#InPerfecciones
Si no existe una relación clara entre el ingreso derivado del impuesto especial y acciones específicas para atender el problema, entonces estamos ante un aumento de impuestos disfrazado.

 

Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com

 

A México lo podemos ubicar y comparar con sus socios, los cuales se identifican en dos bloques, uno es América Latina y el Caribe, y el otro son los países pertenecientes a la Organización para la Coperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En el caso de la recaudación tributaria es decir, aquella que proviene del pago de impuestos, México registra una de las más bajas en América Latina y de la OCDE como proporción del PIB. El promedio de la OCDE es de 33.9%, el promedio en América Latina es de 21.3%; México registra en 2023 un 17.7%, Brasil alcanzó el 32% (Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe 2025, OCDE, CEPAL, BID). Es claro que aquí existe un problema, dado que mientras menos recursos tenga un gobierno, los bienes y servicios que se presten a la sociedad serán insuficientes (sin considerar otros factores, como el gasto ineficiente o la corrupción).

Los ingresos tributarios en México tienen principalmente 3 fuentes: el impuesto sobre la renta (ISR) que es el que se aplica a los ingresos, ya sea por salarios, venta de bienes y servicios o por rendimientos financieros en cuentas de inversión o ahorro; el impuesto al consumo de casi todos los bienes y servicios, que es el IVA; y los impuestos especiales, consistentes en un porcentaje adicional a determinados productos y servicios (IEPS), por ejemplo, un cobro extra por consumo de gasolina, alcohol o de comida altamente procesada, como la denominada comida chatarra. De acuerdo con los Criterios Generales de Política Económica 2026 (CGPE), los ingresos tributarios como porcentaje del PIB en 2024 fueron del 14.1%, y de este porcentaje, el ISR aportó 7.9%,  el IVA  4.3% y el IEPS 1.4%. 

Ante la caída de los ingresos petroleros (con todo y refinería) la necesidad de mantener a la baja el financiamiento interno (la deuda) y el objetivo de mantener o incrementar el gasto del gobierno es necesario encontrar la forma de lograr lo anterior. Dado que desde hace muchos años los gobiernos de derecha o de izquierda, han prometido no aumentar los impuestos directos, es decir el IVA y el ISR, queda la salida de los impuestos indirectos, el IEPS. Así, se plantea que para el 2026 esta modalidad sea utilizada, pero no como un asunto fiscal, sino como un tema de salud, tan es así que los CGPE establecen que para desincentivar el consumo de productos que afectan la salud física y mental de la población, se incrementará el IEPS para el consumo de tabaco, refrescos y se adiciona el concepto de videojuegos con violencia para adultos. El cálculo es que la aplicación de estos impuestos llegue a unos 80 mil millones de pesos adicionales.

El argumento en los CGPE es impecable: 63 mil personas fallecen anualmente asociadas al consumo de tabaco, el 76.2% de la población mayor a 20 años presenta señales de obesidad o sobrepeso, y hay una relación entre la violencia en los videojuegos y la agresividad en los adolescentes; por lo tanto, al subir los impuestos se reflejará en un menor consumo. 

De acuerdo con la Encuesta Global de Tabaquismo México 2023 (GATS) del Instituto Nacional de Salud Pública, manifiesta que la prevalencia de consumo de tabaco diario disminuyó de forma estadísticamente significativa entre el año 2009 y 2023 (de 7.8% a 6.7% respectivamete), mientras que la edad promedio de inicio de los adultos que fuman diario, entre los 20 y 34 años, aumentó de los 16.5 años a los 18.8 años entre 2015 y 2023. Asimismo, destaca que entre 2009 y 2023 no se observó un cambio estadísticamente significativo en el gasto promedio mensual en cigarros de los fumadores actuales, y que en el mismo periodo se observó un aumento significativo (de 17.3% a 42.3%) de los fumadores que recibieron consejo médico para dejar de fumar. Al parecer el consumo de tabaco no tiene que ver con el costo de los cigarros. Tengamos presente que en 2024 entró en vigor el reglamento de la Ley General para el Control de tabaco que prohibe fumar en espacios como plazas, playas, estadios y centros de trabajo.

En 2014 se introdujo que se cobraría 1 peso de impuesto adicional por cada litro de refresco; la propuesta para 2026 es pasar de los actuales 1.6 pesos a 3.08 pesos por litro. En este tema parece haber coincidencia en que el aumento del precio ha impactado en un menor consumo de este tipo de bebidas, especialmente en los hogares con menores ingresos, aunque los resultados no se trasladan a una menor prevalencia de sobrepeso y obesidad. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2020-2023, el porcentajes de adultos con sobrepeso disminuyó de 38.8% en 2012 a 37.4% en 2023, pero la obesidad en mismo lapso pasó de 32.4% a 37.1%. Este aumento en sobrepeso y obesidad también se vio reflejado en menores de 5 años y adolescentes. Probablemente el incremento al costo de los refrescos se reflejará en un menor gasto en dichos productos, pero no necesariamente se proyectará en una mejor alimentación.

Por último, los CGPE se apoyan en un estudio de 2012 de la Universidad de Costa Rica, para sustentar que los videojuegos violentos estimulan la agresión, el aislamiento y la ansiedad. Una cuidadosa lectura del propio artículo de 2012, nos hace ver que no se enfoca en la violencia, y que las conductas antisociales van ligadas a otros factores de riesgo, tal y como se afirma en el artículo Video games and violence: the onslaught on young minds, publicado en el Journal of Postgraduate Medical Institute en 2012, donde afirma que más que los videojuegos en sí, son el entorno familiar y social lo que incrementan los factores de riesgo. Además, como que no es muy claro eso de que los videojuegos violentos son para adultos, pero en la justificación se diga que es para impactar en los adolescentes. 

En resumen, el espíritu, por así llamarle, de los impuestos especiales es tratar de corregir o disminuir conductas que son perniciosas para la sociedad y para las propias personas, pero de nada sirve si los recursos obtenidos se van a una bolsa común y no se destinan a atender el problema en específico. Por ejemplo, campañas de concientización de los riesgos del consumo excesivo de tabaco, refrescos o videojuegos; promover la alimentación saludable y promover la actividad física; presupuestación para políticas públicas específicas, como bebederos de agua potable en las escuelas y espacios públicos, habilitación de espacios para la actividad física, etc. Si no existe una relación clara entre el ingreso derivado del impuesto especial y acciones específicas para atender el problema, entonces estamos ante un aumento de impuestos disfrazado.

 

#InPerfecto