Editorial

Claudia Sheinbaum y la distancia entre promesas y realidad

#InPerfecciones
Entre mentiras, obras fallidas y leyes amañadas, Sheinbaum presume logros mientras México sufre. Los mexicanos no somos títeres: el pueblo pone, el pueblo quita.

 

Eder Mendoza @ai.edcissce
edcissce21@gmail.com

Señora Presidenta.

Su primer informe de gobierno confirmó lo que los mexicanos ya intuíamos: la distancia entre su discurso y la realidad es abismal. Usted afirmó que el sistema de salud tiene un 90 % de abasto de medicamentos. Sin embargo, la megacompra consolidada apenas adjudicó el 73 % de las piezas y organizaciones como Nariz Roja han documentado desabasto de quimioterapias para niños en Oaxaca, Guadalajara y Ciudad de México. Mientras usted presume porcentajes, las familias enfrentan tratamientos interrumpidos y muertes evitables. Las estadísticas maquilladas no salvan vidas.

Sus megaproyectos son otro ejemplo: el Tren Maya, con más de 500 mil árboles derribados, se convirtió en ecocidio y en un agujero presupuestal. La refinería Dos Bocas consume miles de millones y sigue sin producir gasolina suficiente. La autopista Oaxaca–Mitla colapsó apenas inaugurada. Obras de relumbrón, gastos obscenos y daños irreparables. La única constancia es que los titulares brillan mientras los resultados se hunden.

La austeridad que presume es un disfraz. El gasto corriente crece, los legisladores y funcionarios de Morena exhiben relojes, autos blindados y viajes de lujo, mientras se tolera evasión fiscal en su círculo cercano. La corrupción que condena en otros se recicla en la opacidad de hoy. Su gobierno se llena la boca hablando de honestidad, pero el espectáculo contradice la realidad.

En seguridad, los números también mienten. Usted habló de reducción del 20 % en delitos de alto impacto; verificaciones independientes muestran apenas 8.3 %. El supuesto descenso de feminicidios del 34 % es en realidad un 17 %. Mientras tanto, regiones enteras del país siguen bajo control del crimen organizado. El narco no se combate con encuestas ni mañaneras; se combate con Estado efectivo, y el Estado hoy es una sombra.

Las leyes y reformas que usted impulsa muestran que gobernar significa controlar, no servir. La reforma al Poder Judicial, la ley de la Guardia Nacional y la llamada “ley censura” se aprobaron con irregularidades, vicios legales y apresuramiento. Su gobierno prefiere la obediencia y el control de la información a la independencia institucional y la libertad de expresión.

Y mientras México se desangra, su gobierno se dedica a polarizar. Se tilda de “traidores a la patria” a quienes cuestionan sus decisiones. Se protege a violentadores dentro de su propio partido y se lincha a opositores. No pueden con México, pero quieren que creamos que los que sí buscamos soluciones somos enemigos. Es más fácil acusar que gobernar, y más cómodo señalar que entregar resultados.

Su discurso de “no llegué sola, llegaron todas” se estrella contra la exclusión de mujeres opositoras y la realidad de un país donde las encuestas de aprobación no llenan refrigeradores, no devuelven medicinas ni regresan la paz a las calles. Las palabras no reemplazan los hechos.

Presidenta, los mexicanos no somos títeres ni marionetas de su discurso. Somos el pueblo, y el pueblo quiere resultados. Como usted misma retomó de AMLO: “El pueblo pone, el pueblo quita”. Y créame: su fin se acerca. No vendrá por aplausos ni por titulares; llegará desde dentro de su propio movimiento, cuando quienes hoy le aplauden descubran que los discursos no construyen hospitales, ni seguridad, ni justicia. Su castillo de promesas se desmoronará, y la verdad, inexorable, volverá a ponerse por encima de la ficción.

Atentamente,
Un ciudadano que ya no cree en discursos, solo en resultados.

 

#InPerfecto