Editorial

Crónicas deportivas: América, ave de las tempestades

#InPerfecciones
El fútbol es un deporte especial que prácticamente no tiene descanso, lo que lo convierte en la única religión sin ateos.

 

 

Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com

Dice Martín Caparrós en su libro, Ida y vuelta, correspondencia sobre fútbol, que “el fútbol es uno de los grandes inventos de la modernidad, y tiene una curiosa particularidad: podría perfectamente no existir… (sin embargo), el fútbol ocupa un lugar desmesurado en nuestras conversaciones, nuestras expectativas, nuestro imaginario: eso que solemos llamar nuestra cultura”. Siendo México un país mayoritariamente seguidor del fútbol, no es de extrañar que semana a semana se tengan discusiones interminables en programas de televisión, redes sociales y conversaciones entre amigos, y más cuando llega el tiempo del nuevo campeón.

 

El diciembre pasado se repitió en México algo que solo había sucedido 5 veces en los últimos 122 años, que un equipo de fútbol se coronara por tercera vez consecutiva. Reforma y Club España lo lograron a principios del siglo pasado cuando surgía el futbol organizado en México; el América de los años 20’s en el Campeonato de Primera Fuerza de la FMF (origen de la actual Liga MX); el campeonísimo Guadalajara, que ganara 7 campeonatos en 9 años en los 50’s y 60’s; la poderosa máquina del Cruz Azul de los 70’s; y el inolvidable América de los 80’s. Para alegría de unos y desgracia de otros, quien logra nuevamente el tricampeonato, el primero en la era de los campeonatos cortos, es el equipo más polémico del fútbol mexicano: el América.

 

El América es el ave de las tempestades del balompié nacional, se le ama o se le odia, y eso hace que las pasiones se vean reflejadas, a favor o en contra, en los medios de comunicación, en las redes sociales, y hasta en las conversaciones, donde no importa si la gente sigue o no el fútbol, pero es altamente probable que sepa si el América ganó o perdió su partido más reciente.

 

El América se autoproclama como el más grande por una historia que data desde su fundación en 1916; por ser el equipo más popular, que en la actualidad cuenta con el mayor número de aficionados (24.7% contra el 19.2% del segundo lugar según una encuesta de Nielsen de diciembre del 2024, algo que incluso puede mejorar dada la tendencia de muchos aficionados de irle al campeón en turno), y por ser el equipo con mayor número de títulos del campeonato nacional con 16.

 

Sin embargo, en los años cincuenta del siglo pasado los equipos más populares y ganadores eran el Atlante o el Necaxa, y el América era un equipo más que solía estar a media tabla de clasificación. Lo que transformó al América en un equipo popular, no fueron los campeonatos, sino la visión empresarial de Emilio Azcárraga, quien en 1959 compraría al equipo para impulsar el negocio del futbol y traer a México la Copa del Mundo en 1970.

 

La fórmula estaba probada: si en las telenovelas funcionaba la lucha entre el bueno y el malo, en el futbol también debería funcionar algo parecido. Si el equipo campeón era de Guadalajara, se le opondría uno de la Ciudad de México; si uno jugaba con puros mexicano, el otro lo haría con jugadores de renombre, nacionales o extranjeros; si uno era parte de una tradición, el otro sería el reflejo de los modernos tiempos televisivos. El América formaría su personalidad a partir del rechazo de los demás. No buscaría ser el sacrificado personaje bueno y noble, sino el que triunfa al final venciendo a todos los rivales. No es casualidad que uno de los eslóganes más pegadizos que ha tenido es el “ódiame más”.

 

Así, con el apoyo de Televisa (o Telesistema Mexicano como se llamaba hasta 1973) para la promoción, el América comenzó a ser popular antes que obtener títulos, en épocas donde la penetración de la televisión a los hogares mexicanos se explicaba por la existencia de una sola señal a nivel nacional (el canal 2). Si bien los primeros campeonatos llegaron en las temporadas 1965-1966, 1970-1971 y 1975-1976, resultaban insuficientes frente a los 8 que tenía el Guadalajara o los 7 del Cruz Azul en 1980.

 

La narrativa del América triunfador llegaría a partir de la temporada 1983-1984, cuando conquista su primer tricampeonato de la era moderna. Desde entonces el equipo ha obtenido 13 títulos en los últimos 40 años, mientras que el Guadalajara ha ganado 4 y Cruz Azul 2, lo que ha venido a acentuar los calificativos del más grande de unos, y de quien sin ayuda no gana, de acuerdo con otros.

 

Lo cierto, es que el fútbol es un deporte especial que prácticamente no tiene descanso, lo que lo convierte en la única religión sin ateos, que “cada domingo esperamos nos ofrezca algún milagro”, como lo definía Eduardo Galeano en Cerrado por fútbol. Es un deporte que congrega a familias y amigos, pero que como en toda religión, existe el riesgo de aquellos que caen en el fanatismo, a favor o en contra de un equipo. Recordemos que el diccionario de sociología de Orlando Greco define al fanatismo como: “apasionamiento de quien defiende una creencia, una causa o un partido (político), llegando en algunos casos a la intolerancia o exaltación. Se expresa normalmente como una adhesión irracional a concepciones políticas, sociales, etcétera”. Y por desgracia, en el fútbol hay fanáticos irracionales e intolerantes que insultan y agreden.

 

Juan Villoro señala en su libro dedicado al fútbol, Dios es redondo, que “el juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público”, pero creo que se queda corto en su definición, porque los partidos, se convierten en encuentros interminables que se recrean y discuten una y otra vez en las conversaciones entre amigos. No podemos omitir, como lo podría afirmar cualquier aficionado americanista en estos días, que al final los campeonatos ganados son eternos.

 

#InPerfecto