Editorial

EL TRIUNFO DE LOS INGENUOS.

#InPerfecciones
El desprecio por la condición de pobreza en la que ha vivido buena parte de la población en México ha ido escalando y nutriendo el rencor de clase.

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

Quizá la política pueda considerarse como el arte de convencer ingenuos, después de todo, ejemplos para demostrar el punto sobran, históricamente en México el arraigo que se tiene por seguir incondicionalmente a cualquier personaje que levante la voz con un discurso que habla de justicia y cambio de manera convincente pueda gozar de los beneficios que le otorga la popularidad traducida en votos.

 

Lo cierto es que el común denominador de la política en México ha sido el aprovechamiento de una condición de pobreza e ignorancia para atraer la atención de buena parte de la población ávida por mejorar sus condiciones de vida, la mezquindad con la que se conduce la clase política para endulzar los oídos de los votantes representa una tradición vergonzosa. La enorme desigualdad y el pensamiento basado en la meritocracia ha minimizado la conciencia de clase marcando severamente una ideología en la que se considera a la pobreza como el resultado de la flojera con la que se conduce la gente que vive en esa condición, dicho de otra manera la máxima de “el pobre es pobre porque quiere” permeó a tal grado que fue y es parte de la ideología reinante en la sociedad civil.

 

El desprecio por la condición de pobreza en la que ha vivido buena parte de la población en México ha ido escalando y nutriendo el rencor de clase con el que muchas generaciones han crecido combatiendo a dos fuegos el desprecio de otros mexicanos por un lado y por el otro el desprecio de una clase política que los ha ignorado después de obtener el voto a favor.

 

Resulta complicado pedir que se tenga conciencia política si la conciencia social no nos permite comprender que para disfrutar de un sistema democrático del que tanto nos jactamos tener, resulta fundamental igualar las condiciones de vida de la población en todos los aspectos que comprende el desenvolvimiento ciudadano, resolver esa brecha nos permitiría desarrollar el potencial político que tiene este país teniendo como respaldo una economía sólida, una educación de calidad y una gobernanza coherente.

 

Pretender el cambio desde el privilegio y las prebendas de las que goza la clase política arengando y presumiendo que se tiene la panacea a todos los males lo único que alimenta es la coyuntura que desvía la mirada de una población en principio dividida en clases por la profunda desigualdad que se ha fomentado con políticas económicas que solo han beneficiado a selectos grupos que detentan el poder mientras la reyerta social mantiene confrontada a la población.

 

Los ofrecimientos de la izquierda que en el escenario público presume un elevado sentido moral pero que en lo privado obedece a comportamientos muy de derecha terminan por exhibirse para equipararse a todos esos comportamientos que tanto critican desde la tribuna política, después de todo que congruencia puede haber en un gobierno que se jacta de tener un alto sentido social cuando se la pasa discutiendo la banalidad de regular que ningún funcionario público pueda ganar más que el Presidente sabiendo que la diferencia entre el salario que percibe un trabajador promedio y lo que percibe el mandatario es diametralmente opuesto además de todas las ventajas que le ofrece el puesto, el ejercicio es muy simple, basta y sobra con saber de donde se obtienen los recursos para pagar a esos funcionarios que pasan el tiempo tratando de argumentar quién puede ganar más cuando saben perfectamente que hay mucha gente que no tiene que llevarse a la boca.

 

El aparente empoderamiento que la izquierda en México ha otorgado a los que menos tienen se ha convertido en un arma de doble filo, por un lado la virtud que tienen los programas sociales es efectivamente el hecho beneficiar a un sector de la población abandonado históricamente pero que resultan inmediatistas porque solamente resuelven las necesidades más básicas pero no les permite salir de la espiral de precariedad en la se han desenvuelto, y por otro lado el discurso que ha nutrido la idea de que en la población con mayores oportunidades se encuentra el mal encarnado que critica al Presidente por darle prioridad a los más desposeídos, es decir, en la lucha de clases se encuentra todo el andamiaje ideológico que generó simpatizantes y detractores que se fustigan continuamente.

 

El éxito de esa narrativa la ha capitalizado extraordinariamente bien el Presidente, proclamando la victoria del pueblo dirigido por el como profeta, la victoria de un pueblo que le entregó un cheque en blanco a un manipulador del discurso que en la estratagema del amor al prójimo oculta el rencor y el deseo de retribución por todos esos años a la sombra de las burlas y el desdén por sus desvaríos, todo esto –al final- se puede traducir como el triunfo de los ingenuos.

 

Resulta de suma importancia entender que la tarea del Gobierno a groso modo es la implementación de políticas que beneficien a todos los sectores de la población, pero también resulta fundamental comprender que si la sociedad civil no comienza a dialogar sin intermediarios políticos el círculo vicioso de la confrontación no tendrá fin y los únicos beneficiados serán como siempre los políticos.

 

#InPerfecto 

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