Editorial

LA CONCIENCIA

#InPerfecciones
“La conciencia es, a la vez, testigo, fiscal y juez” -Proverbio.

 

Maikel Ansted Hoffmann / @AnstedM
maikel.ansted@inperfecto.com.mx / maikel.ansted.hoff@gmail.com

En muchos de mis artículos anteriores he dicho que: “Debemos admitir y estar conscientes…” Esto me lleva a analizar con un poco más de detenimiento el campo de la conciencia, tanto en su aspecto personal como en su aspecto social. Estoy seguro que muchos movimientos sociales que han procurado un cambio, han fracasado al no tener en cuenta aspectos interiores del hombre tan importantes y básicos como son la conciencia y la libertad.

Todo análisis de la realidad humana que se precie de realista deberá tratar con ese aspecto delicado y trascendente que es la conciencia. Pues bien, ¿qué es ésta, o cómo podemos definirla y qué implicaciones tiene en relación con el cambio político y social que nos proponemos día a día?

Así, si aceptamos la definición que da Aristóteles del hombre en cuanto animal racional, y si analizamos la diferencia específica “racional”, nos daremos cuenta que una de las características esenciales de ésta es la inteligencia, es decir, la capacidad del hombre de “leer dentro”. El hombre, en virtud de su inteligencia es capaz de ver sus propias acciones y de analizarlas tanto desde un punto de vista lógico como ético. Ya desde temprana edad el hombre comienza a comprender que determinadas acciones son correctas y otras no lo son. Por el momento no nos detendremos a analizar lo correcto o incorrecto del obrar humano sino la vez interior que nos indica cuando nuestro propio obrar está de acuerdo con nuestras convicciones más profundas o, si por el contrario, existe un desacuerdo entre este obrar y nuestra noción del deber ser.

Existen teorías respecto a la libertad que tienen amplia repercusión en el campo de la conciencia, como lo son el determinismo, el realismo y, por darle un nombre, el anarquismo personal o libertinaje. Por el contrario de lo que se argumenta generalmente, creo que son efectos más que causas en el campo de la ética; es decir, la conducta está determinada por la conciencia que por la libertad: la libertad es la posibilidad del escogimiento, mientras que la conciencia es el imperativo del deber ser.

En este momento surge una pregunta que tiene amplias consecuencias en nuestro tiempo y en este artículo que estamos planteando: ¿Es posible educar a la conciencia? O, por el contrario, ¿estamos predeterminados por un modelo que nos ha sido impuesto por nuestros padres y la sociedad? Que este último ha querido ser derrocado por algunos lobbies actuales.

Si pretendemos sostener un punto de vista realista, diremos que la conciencia es una parte de la persona que lo diferencia de los demás hombres, pero que, sin embargo, no puede renunciar a los fundamentos que le han sido dados por el medio ambiente. Así, por ejemplo, yo un hombre mexicano, no tengo el mismo sentido de conciencia que tiene un europeo o un asiático, ni siquiera un norteamericano. Mi conciencia está atada a un ambiente en el cual he sido educado. De aquí se sigue lo erróneo de tratar de copiar modelos extranjeros para aplicarlos indiscriminadamente. Ni aún en el campo de los negocios o de la empresa puede dar resultados positivos.

Tenemos que analizar con más profundidad nuestra propia identidad personal y comunitaria como nación antes que tratar de imitar un estilo de vida que no es el propio. Sin embargo, aún dentro del contexto social existe la diferencia de conciencia en relación a una serie de aspectos fundamentales de la vida humana.

¿Es entonces relativa la conciencia moral?

No. Existen ciertos principios fundamentales en los cuales todo ser humano basa su sentido ético o moral. Estos podrían ser denominados Primeros Principios Morales, los cuales regirán el sentido profundo de lo correcto o incorrecto del actuar. 

Examinemos algunos de ellos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, que todas las naciones del mundo salvo raras excepciones firmaron de acuerdo en 1949 en la sede de las Naciones Unidas dice, en uno de sus primeros artículos que, todos los hombres por el simple hecho de existir gozan de iguales derechos y obligaciones que el resto de la humanidad. Nuestra Constitución Política lo señala igualmente. Si nos remontamos a la antigüedad veremos que, salvo las enseñanzas de Jesucristo, no se encuentra este concepto en el derecho positivo de los pueblos, ni aún en el Derecho Romano que hacía la distinción entre los romanos por nacimiento o naturalización y los demás que eran incluso considerados como objetos, como cosas.

A pesar de todo ello, el hombre por lo general, ha buscado la manera de crear un sentido de universalidad entre sí, ¿movido por qué razón? ¿Por qué razón sigue molestándonos el que en nuestros días exista aún la discriminación racial? ¿Por la ley?

Estoy casi seguro que no, es más bien por el sentido de universalidad de que hablábamos antes que, en definitiva, es la conciencia de nuestra propia semejanza.

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Saludos, un abrazo virtual.

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