Editorial

NUEVOS TRUCOS

#InPerfecciones
La “comedia” en la elección interna de PRI –según José Narro- y la renuncia de Beatriz Pagés, son la patada al moribundo PRI que da pena ajena.

 

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C  
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

 

Por si todo mundo andaba con la preocupación, si, el Partido Revolucionario Institucional se encuentra en fase de elección de su dirigencia, le urge encontrar nuevamente la paz interior que se les escapó de las manos antes, durante y después de la pasada elección federal en la que tuvieron que contender con un “galimatías” al interior del partido optando por lanzar como candidato a un “forastero” que no levantó el ánimo de nadie.

 

La descomposición del PRI –atendiendo a la memoria- comenzó de manera evidente aquel fatídico 23 de marzo de 1994 con el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta, y que a la postre marcó el sexenio de Ernesto Zedillo desembocando en la derrota electoral del año 2000 frente a un “dicharachero” Vicente Fox que aprovecho correctamente la coyuntura para echar a patadas al PRI de la presidencia.

 

El regreso del PRI al poder en 2012 se pareció más a esa mejora que llegan a tener los enfermos terminales cuando tienen un pico de salud para despedirse de sus seres queridos, y es que con la figura de Enrique Peña Nieto en la presidencia, si bien tuvieron un periodo para recordar los “buenos tiempos”, se olvidaron de lo primordial que era reforzar su estructura interna y su imagen política sin tomar conciencia de que estaban agarrados de un clavo ardiente encarnado en la figura de Peña Nieto.

 

Las disputas internas sumadas a la “magistral” dirigencia de Enrique Ochoa Reza que se ocupó de defender lo indefendible cuando de justificar al Presidente se trataba, quedó en un intento ridículo por retener el poder cuando modificaron los estatutos partidistas para darle entrada como candidato a un no militante y posicionarlo como su candidato presidencial –José Antonio Meade- , ¿y de que tamaño fue el error?, pues nada más del tamaño que tuvo que entrar al quite René Juárez Cisneros para tratar de levantar el “tiradero” –por no decir desmadre- que el niño Ochoa Reza tenía en la sala.

 

Claudia Ruiz Massieu tuvo la encomienda de tratar de levantar del “knock-out” electoral al PRI, a un PRI apocado, cabizbajo, y sin herramientas emocionales para ser oposición, teniendo que emular las prácticas del Verde Ecologista al que el instinto de supervivencia le funciona muy bien ciñéndose al discurso de presidente en turno.

 

El proceso de elección de la dirigencia nacional del PRI hace alarde de ser muy democrático como si serlo fuera la “panacea” política redescubierta por el partido que se pasó por el arco del triunfo esos principios democráticos tan enraizados en su discurso  durante sus años dorados, además de ser cómplices de actos inenarrables cometidos con lujo de cinismo por sus militantes elevados al grado de Presidentes.

 

Con la renuncia de José Narro Robles a la candidatura de la dirigencia del PRI, y la renuncia a la militancia de Beatriz Pagés que denuncian prácticas irregulares en el proceso interno –comedia dice Narro-, ahora resulta que los maestros de las irregularidades y las simulaciones se ponen muy dignos reclamando que no se respetan las reglas, que hay dados cargados, que si el partido se entregó al poder político de Lopez Obrador, y una serie de argumentos que más bien exhiben las prácticas tradicionales de ese PRI corrupto, entreguista, y tramposo que a nadie engaña y que solo da cuenta de los estertores derivados de su enfermedad por la falta de poder. Si es que en la desesperación por recobrar la aprobación de la sociedad, el hacer alarde de limpieza en su elección interna se les vino abajo con el brinco del barco que les acaban de propinar José Narro y Beatriz Pagés, pero ¿de que nos sorprendemos? Si bien dicen por ahí que perro viejo no aprende nuevos trucos.

 

#InPerfecto