Editorial

LASTRE RACISTA

#InPerfecciones
México, es un país profundamente racista y vergonzosamente clasista, y prueba de ello lo podemos remitir al fenómeno de la Caravana Migrante acontecido en 2018.

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

En México el respeto por la tercera edad se encuentra en decadencia, lo que fuera una fuente inagotable de experiencia se ha ido desdeñando con el acelerado paso de un sistema político, económico y social que literalmente ha ido dejando en la orfandad a los adultos mayores. El sistema económico ha ido relegando a este sector a una simple “ayuda” –en el mejor de los casos- para ir pasándola, y esto ha ido permeando a lo social ya que en muchos casos a los adultos mayores se les considera una carga familiar, lo que lamentablemente ha dado resultados muy vergonzosos de abusos, despojos, abandonos, etc.

Está de más señalar que lo que fuera veneración, el día de hoy se convirtió en algo más que desdén, y lo que vuelve a poner el dedo en la yaga son las declaraciones del Presidente Andrés Manuel López Obrador al señalar que el apoyo a los adultos mayores indígenas será a partir de los 65 años y para los “mestizos” a los 68, ¿el argumento?, simple, ya que el Presidente señaló que los adultos mayores indígenas llevan una vida más dura, lo que le significó una avalancha de críticas por esta diferenciación al momento de asignar el apoyo bajo la tilde de racista.

Pero finalmente la crítica furiosa a esa declaración desafortunada debe de pasar por un filtro de autocrítica que en definitiva no se está haciendo, y es que si bien lo que se desea es que el racero para el apoyo a los adultos mayores sea igual, el examen que se le hace a una declaración y a una disposición tiene que pasar por una reflexión social de lo que estamos haciendo con todos los sectores vulnerables del país.

México, es un país profundamente racista y vergonzosamente clasista, y prueba de ello lo podemos remitir al fenómeno de la Caravana Migrante acontecido en 2018, cuando la cantidad de expresiones en contra de los migrantes centroamericanos se dejó sentir con descalificaciones, adjetivos y señalamientos carentes de empatía y de esa supuesta “amabilidad” mexicana para los extranjeros. En México no solo hemos relegado a los adultos mayores, también hemos relegado a los indígenas, a los campesinos, a los niños de la calle, a los pobres, a los obreros, a los estudiantes, etc. bajo argumentos que develan una falta completa de conciencia social en la que se considera que quien es pobre lo es porque quiere ser pobre, o porque todo lo quieren regalado, o por la simpleza de “no echarle ganas”.

Lo cierto es que en México el fenómeno de la polarización no es nuevo, la división social es un lastre que hemos heredado generación tras generación, el discurso social de segregar al más vulnerable tiene una raíz muy profunda, sin embargo, lo que no se acepta es que semejantes actitudes se exhiban, y de verdad no importa que lo diga el Presidente, o que lo diga la pírrica oposición, nos ofende porque es una verdad que no hemos resuelto por la sensación de tener una serie de privilegios producto de un trabajo al que muchos no pueden acceder por flojera, y mientras nos decimos de todo en un discurso lleno de discriminación, la raja política que se le saca a esta carencia se ve capitalizada en discursos llenos de demagogia que solo le abona a la polarización, dicho sea de otra forma, la diversión y dividendos es para otros menos para la sociedad civil.

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