Editorial

¿A FAVOR O EN CONTRA?

#InPerfecciones
El desconocimiento de Nicolás Maduro y la autoproclamación de Juan Guaidó en Venezuela están generando división diplomática y han encendido los focos rojos de cara a una probable intervención de corte militar.

 

Carlos Rosas / @CarlosRosas_C

carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

Durante los años setenta y ochenta la publicidad cinematográfica norteamericana invirtió una buena cantidad de recursos para difundir la maldad e intención de dominación mundial por parte del bloque comunista encabezado por la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas y su famosa KGB para terminar con la libertad y el libre mercado capitalista encabezado por el país de las barras y las estrellas. Para ese momento el precedente de la revolución en el continente Americano era Cuba pero para efectos prácticos era como ver una sucursal de la URSS de este lado del mundo pero un poco más tropical.

 

En México la política exterior se ha caracterizado por manifestar siempre una especie de neutralidad perene ante cualquier tipo de conflicto derivado de la implementación de cualquier régimen de corte militar, o ideológico, ofreciendo siempre ayuda y mucha empatía, como una especie de oasis de respeto en medio de cualquier reyerta internacional, aun con el antecedente de ser intrínsecamente un país con vocación revolucionaria cuando se trata de confrontar a un régimen que coarta las libertades civiles o políticas, tambien existe una actitud protectora a favor de quienes derivado de las pugnas internacionales resultan afectados o desplazados, y tenemos ejemplos como los refugiados de la guerra civil española, de modo que México históricamente ha mostrado una cara amable frente a cualquier desaguisado internacional.

 

México no es ajeno a la política intervencionista de Estados Unidos porque también históricamente tiene algunos episodios donde dicha política  hizo presencia en el país por motivos ampliamente conocidos –territorio, deuda etc.-, y en general américa latina no es ajena tampoco a la intervención norteamericana para apoyar o derrocar regímenes so pretexto de la defensa de la democracia y los derechos humanos que representa una excusa muy sobada para intervenir la política y economía de los países bajo la tiranía y el terror.

 

Toca el turno a Venezuela que se ha convertido en el blanco de la cobertura mediática al régimen de Nicolás Maduro que siendo heredero de Hugo Chávez se convirtió en la cara más antidemocrática de América latina después de Cuba, y las imágenes de anaqueles vacíos, desabasto de medicinas, desplazados, y discursos bolivarianos llenan los medios, sin embargo, hay que observar de manera muy objetiva las últimas horas de lo que acontece en Venezuela con un Juan Guaidó autoproclamado presidente, un Nicolás Maduro que ha roto relaciones con Estados Unidos, las fuerzas armadas venezolanas apoyando a Maduro, sociedad civil polarizada, y una latente intervención militar que tiene a un tris de la guerra civil a Venezuela.

 

Lejos de los intereses que representa la producción petrolera venezolana o el bloqueo económico, la contradicción abunda detrás de la autoproclamación de Guaidó y el respaldo diplomático que le han dado países como Estados Unidos, Brasil, Colombia, Argentina, Paraguay, Chile, Canadá, etc. que se jactan de vivir una democracia muy elevada, puesto que sus mandatarios han emanado del mandato popular mediante las urnas, ahora respaldan e imponen desde el exterior a un político que autoproclamado desconoce un régimen y le apuesta a la división y al conflicto que ya ha cobrado vidas, augurando un panorama poco prometedor si pensamos en una salida pacífica.

 

Lo cierto es que el gobierno de Nicolás Maduro ha demostrado impericia para de manera inteligente confrontar el asedio intervencionista basando su postura en un discurso del mismo calibre demagógico que dice combatir. Si bien en la última asamblea constituyente la revocación de mandato es un argumento legal con el cual es posible remover al presidente legítimo, lo más lógico sería que la pugna internacional se ciñera a la normatividad venezolana, ya que de modo contrario el parecido con intervenciones político-militares como en Irak, Siria, Libia, etc. resulta una calca de lo que de manera internacional se ha condenado incontables ocasiones debido a las resultados nefastos que representan estas intervenciones para la población civil mientras las diplomacias brindan por la instauración de la democracia vía la intervención militar.

 

La postura diplomática mexicana ante este hecho ha sido criticada duramente no por la comunidad internacional, sino paradójicamente por la misma ciudadanía mexicana que si bien es sensible y condena las dictaduras, ha mostrado reticencia ante el comunicado de la cancillería que no participa del desconocimiento de Nicolás Maduro pidiendo una salida pacífica al conflicto, situación que en términos estrictos es prudente, pero que parece tener un alto costo en términos de aprobación generalizada, y que bien vale la pena analizar con la cabeza fría sin sesgos partidistas y mucho menos traspolando lo que se ha vendido como una posible realidad futura para el país. Vale la pena pugnar por la garantía de los derechos humanos en Venezuela, pero tambien vale la pena pugnar por el respeto y soberanía de los países a resolver sus conflictos alejados de pugnas partidistas o ideológicas.

 

#InPerfecto