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LA ESCULTÓRICA MEXICANA 2ª PARTE

1968, EN LA MEMORIA DE MEXICO

Carlos Rosas C.
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

 

Estimados “InPerfectos”, la doctora María Teresa Favela Fierro es egresada de la carrera de Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana. Cursó la maestría y el doctorado, también en Historia del Arte, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
La pictórica mexicana había desplazado a la escultórica nacional, sin embargo en 1953 comienza a recuperarse, disfruten con nosotros la segunda y última parte de la escultórica mexicana.

 

Concursos, exposiciones y bienales

Durante la gestión de Adolfo López Mateos (1958-1964) disminuyó cuantitativamente la promoción oficial de murales y aumentó la de pintura de caballete y escultura de pequeño formato. Muestra de ello fue la organización de salones y concursos anuales de pintura y escultura presentados en el Salón de la Plástica Mexicana del INBA. Esta circunstancia coincidió con el regreso de varios jóvenes artistas mexicanos que habían ido a estudiar al extranjero, principalmente a Europa y Estados Unidos, quienes estaban completamente desvinculados del proceso revolucionario de México, pertenecían a la nueva clase media y dieron el golpe de gracia al provincialismo y lo discursivo de la vieja estética. Se opusieron pública y constantemente a los miembros del movimiento plástico posrevolucionario y a sus seguidores. Nos referimos a escultores como Pedro Coronel, Juan Soriano, Waldemar Sjölander, Manuel Felguérez, Helen Escobedo, Ángela Gurría, Jorge Du Bon, Feliciano Béjar, entre otros.

PEDRO CORONEL

El fenómeno de los cambios en la producción artística durante los años sesenta tuvo varias implicaciones, como acertadamente lo refiere el teórico Néstor García Canclini:

…las nuevas características de las obras, revelan una nueva relación del arte –como representación ideológica– con una base social transformada. Pero también es evidente que las modificaciones estéticas son resultado de una reorganización de relaciones materiales e institucionales del campo artístico: nuevos agentes se convierten en promotores de la creación plástica, ofrecen a los artistas canales de circulación para las obras hasta poco antes insospechadas, influyen en la concepción de las mismas con criterios de valoración sostenidos por el poder económico de los premios o por el prestigio cultural de las metrópolis.

JUAN SORIANO

Estos agentes a los que se refiere García Canclini podrían traducirse como la creación de espacios culturales como el Salón de la Plástica Mexicana en 1949, el Museo Nacional de Arte Moderno en 1958 y el Museo de Arte Moderno en 1964, todos ellos del INBA; por otra parte, y sobre todo, se organizaría durante los años cincuenta una serie de salones y concursos de pintura, escultura y grabado para estimular y dar a conocer las tendencias estilísticas que permeaban en ese momento. Nos referimos a los realizados por la Jefatura de Artes Plásticas del INBA –que se denominó a sí misma regidora de la cultura nacional–, que reflejaban la política cultural del Estado.

MANUEL FELGUERES

Hacia 1953, el Salón de la Plástica Mexicana comenzó a organizar exposiciones y salones-concurso de escultura, pues se reconocía el olvido en que se le tenía. Esta situación se hizo evidente en los diferentes folletos que se publicaron con motivo de estos certámenes, en los que se destacaba el lamentable e inexplicable descuido en que se había tenido a la estatuaria a pesar de la grandiosa tradición de que éramos dueños, refiriéndose, por supuesto, a la escultura prehispánica y, en menor medida, al arte colonial. A partir de entonces, los diferentes directores del INBA retomaron esta idea para insistir en el hecho de que los artistas debían llevar a cabo una obra inspirada en esa cultura precolombina, siempre y cuando no fueran una calca; además, debía insistirse en un espíritu plástico de carácter universalista para crear un arte de carácter nacional y trascendente en el ámbito mundial.

HELEN ESCOBEDO

Ese deseo por parte del INBA generó cierta confusión entre escultores, críticos de arte y público. La mayoría no sabía a ciencia cierta qué era lo ideal para crear una escultura nacional y que se le identificara como tal, por lo que se comenzaron a generar facciones artísticas: los que proponían la talla directa en madera o piedra y los que se inclinaban por la utilización de diferentes metales y materiales sintéticos manejados de manera distinta a lo ya conocido hasta ese momento; los que privilegiaban las formas inspiradas en el mundo prehispánico, cerradas en bloques pétreos sin oquedades ni vacíos y con características monumentales, y, por último, los que no comulgaban en lo más mínimo con esta postura más que con la monumentalidad.
Pero, ¿coexistían otras posturas plásticas? Por supuesto que sí; se encontraban aquellas que habían logrado una verdadera síntesis ante estas dos posiciones y otras estaban más enclavadas en lenguajes universalistas, con o sin acentos de expresiones de las formas de la estatuaria indígena. El hecho es que coexistieron diferentes tipos de lenguajes estéticos: neofiguración, expresionismo, abstraccionismo, cinetismo, cubismo, constructivismo, surrealismo, geometrismo y semifiguración, entre otros.

 

En suma, el panorama cambió vertiginosamente y en 1960 se llevó a cabo la primera Exposición de Escultura Mexicana y, posteriormente, las Bienales de Escultura de 1962, 1964, 1967 y 1969. Como los artistas deseaban ponerse al día y aprovechar estos certámenes para acortar el tiempo “perdido”, algunas veces cayeron en resoluciones plásticas que nada tenían que ver con su personalidad estilística. Así, muchos se alejaron del ideario estético prehispánico para dar paso a diferentes propuestas universalistas y de esta forma las pretensiones del INBA se fueron diluyendo con la realización de cada bienal. No obstante, todas estas iniciativas coadyuvaron, en gran medida, a que los escultores en México llevaran a cabo un diálogo plástico y pudieran darse a conocer no sólo entre ellos, sino también en el medio artístico, entre los críticos y, lo más importante, ante el público que asistía a este tipo de exhibiciones.
Estimados lectores, no se pierdan nuestra próxima entrega donde seguramente tendremos otro interesante episodio que ha quedado esculpido en La Memoria de México.

FUENTE
http://discursovisual.net/dvweb01/agora/agofavela.htm

 

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