#InPerfecciones
De nada serviría la mejor arquitectura institucional si no se tienen a las personas adecuadas al frente de las mismas.
Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com
A lo largo de la historia, las sociedades han demandado, de manera directa o indirecta, la resolución de sus problemas sociales, económicos y políticos a los gobiernos en turno. Una vez planteada la petición, o identificado el problema, es el turno de la administración pública para satisfacer demandas y resolver problemas, con lo cual el gobernante alcanza, renueva o pierde la legitimidad. La administración pública constituye la estructura organizativa y operativa del Estado-gobierno, responsable de convertir en acciones concretas las peticiones sociales o las decisiones políticas.
Como hemos visto en las dos entregas anteriores, durante más de 200 años, la administración pública federal en México se ha ido configurando para desarrollar la idea de gobierno de la administración en turno, y/o para dar, o intentar dar, respuesta a las peticiones de la sociedad. Así, la llegada del nuevo siglo trajo consigo un cambio importante, por primera vez gobernaría un partido de oposición encabezado por Vicente Fox quien mantendría la estructura y funcionamiento de la administración pública centralizada que existiera en el gobierno de Zedillo, salvo un par de modificaciones en el año 2000.
La primera de ellas es que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales pasa las funciones de pesca a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (se agrega lo relativo a alimentación). El segundo cambio es de mayor calado. Las funciones de seguridad dejan de pertener al ámbito de la Secretaría de Gobernación y se trasladan a una nueva dependencia, la Secretaría de Seguridad Pública. La naciente Policía Federal Preventiva también se incorpora a la nueva secretaría.
En 2003, la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo se convierte en la Secretaría de la Función Pública, modificación que entra al mismo tiempo que la publicación de la Ley del Servicio Profesional de Carrera en la Administración Pública Federal, ese intento con resultados más bien pobres de crear un verdadero servicio profesional, con estabilidad laboral y que generara condiciones favorables para un mejor desempeño de los servidores públicos.
Fox también planteó cambios en la organización de la Oficina de la Presidencia con el fin de que los titulares fungieran como enlace en diversos ámbitos. Para tal efecto en 2000 creó la Oficina Ejecutiva de la Presidencia de la República, compuesta por 3 Oficinas de la Presidencia, 3 Comisiones, 3 Oficinas de Representación y 1 Coordinación Presidencial. Este esquema se modificaría en 2004 con la desaparición de Oficina Ejecutiva de la Presidencia de la República y de la mayoría de las unidades administrativas creadas en 2000
El período presidencial de Felipe Calderón no se presentan cambios a la estructura administrativa, pero el gobierno de Peña Nieto sí realiza algunos cambios importantes. El primero de ellos obedece al esquema de operación que desde la transición ya se venía reflejando. Los temas económicos serían coordinados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, mientras que los de carácter político recaerían en la Secretaría de Gobernación, sin que implicara mayores cambios a la ley. Como durante el sexenio de Calderón aumentaron de manera considerable los homicidios consecuencia de un combate directo a las organizaciones criminales, se tuvo la lectura de que para enfretar a la delincuencia organizada, la mejor forma era regresar al esquema vigente durante los gobiernos priístas, que la seguridad fuera una función de la Secretaría de Gobernación. En tal sentido se dio la desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública y la creación de la Comisión Nacional de Seguridad. El segundo cambio institucional llegó en 2015 con la conversión del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en la Secretaría de Cultura.
El gobierno de López Obrador trajo consigo el resurgimiento de una dependencia federal para atender el creciente problema de la inseguridad pública, la cual se llamaría en 2018, Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. El segundo cambio de arranque de sexenio fue el paso lógico de cambiar el nombre de Secretaría de Desarrollo Social para ser la Secretaría de Bienestar, acorde con la nueva narrativa gubernamental. En 2021, se amplían las funciones a la vieja
SCT, para convertirse en Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes.
Claudia Sheinbaum arranca con 4 cambios. La Secretaría de la Función Pública se convierte en Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, y absorve parte de las funciones que venía desempeñando el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Informción y Datos Personales (INAI); el Instituto Nacional de las Mujeres y la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres se integran en la nueva Secretaría de las Mujeres; el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías, sube de categoría para ser la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación; y se crea con nivel de Secretaría la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones.
Como podemos ver, ha habido toda clase de cambios, desde el cambio de nombre para ir acorde con las nuevar terminologías (“bienestar”) a los ajustes, que podríamos denominar menores en términos administrativos, como trasladar los asuntos de pesca de dependencia. Pero también tenemos profundas modificaciones que implicaban visiones diferentes para entrentar el problema de la inseguridad, u otros que son producto de la visón y tiempos del gobernante en turno, como la Secretaría de Mujeres.
También, en estos primeros 25 años del siglo XXI pudimos observar cambios operativos, como la pretensión de Vicente Fox de gobernar apoyado en un staff poderoso, imagen y semejanza de los Estados Unidos, la cual fracasaría con su virtual desintegración, tras 3 años de vigencia. La idea de Peña Nieto de coordinar los temas en 2 grandes rubros y que el Secretario de Gobernación fuera una especie de gabinete, tampoco fructiferó. Y con López Obrador vimos una total mezcla de funciones y responsabilidades, teniendo a la Secretaría de Relaciones Exteriores comprando pipas de gasolina, a la Secretaría de Defensa construyendo aeropuertos y refinerías, o a la Secretaría de Turismo elaborando protocolos biosanitarios para viajeros durante la pandemia.
En 200 años de historia hemos vistos instituciones estables y otras que nacen y mueren de acuerdo a las circunstancias, visiones y hasta caprichos de los gobernantes en turno, pero al final queda algo claro, de nada serviría la mejor arquitectura institucional si no se tienen a las personas adecuadas al frente de las mismas.




