Editorial

El INE se rindió: el asalto final a la democracia mexicana

#InPerfecciones
Según el último reporte de Freedom House, México ha caído al nivel de “democracia parcialmente libre”, con severas alertas en cuanto a independencia judicial, libertad de prensa y procesos electorales.

 

 

Miguel Angel Millán Cancino / @MiAngel_Millan
miangel.millan@inperfecto.com.mx

Durante años, México transitó por un camino accidentado pero firme hacia la consolidación democrática. Un proceso largo, plagado de obstáculos, pero que tuvo como uno de sus pilares más confiables al Instituto Nacional Electoral. El INE, heredero del IFE, no era perfecto, pero representaba un contrapeso efectivo frente a los excesos del poder. Hoy, sin embargo, ese contrapeso ha sido doblegado, infiltrado, y convertido en un engranaje más del aparato del régimen.

La sesión del Consejo General del INE celebrada esta semana es la prueba más clara de esta decadencia institucional. Contra toda evidencia, y en medio de acusaciones de fraude electoral, el INE validó la elección del pasado 1 de junio, en la que se definieron, entre otras cosas, cargos clave del Poder Judicial. Acordeones, prácticas de acarreo, uso de recursos públicos, violencia focalizada, y una serie de irregularidades documentadas por observadores ciudadanos y organizaciones independientes fueron ignoradas o minimizadas por la mayoría de los consejeros. ¿El resultado? Se impuso la validación con 6 votos a favor, todos de consejeros afines a la llamada Cuarta Transformación, incluyendo a Guadalupe Tadei.

¿Quién es Guadalupe Tadei? Es prima del superdelegado de Morena en Sonora, hija de un histórico operador del PRI en ese mismo estado, y desde su designación como presidenta del INE en 2023, ha sido acusada de operar con una lealtad casi ciega al oficialismo. Su nombramiento marcó un punto de quiebre, no sólo porque rompió con la tradición de buscar perfiles técnicos y apartidistas para la presidencia del INE, sino porque abrió la puerta para una serie de nombramientos de consejeros con afinidad ideológica al gobierno en turno. Hoy vemos las consecuencias.

Cinco consejeros votaron en contra de la validación. Cinco. Cinco voces que aún resisten dentro de un organismo que ya no es autónomo, sino rehén de la voluntad del poder. Voces que argumentaron con datos, con actas, con pruebas en la mano. Y que fueron silenciadas por la mayoría simple que ahora domina el consejo. Una mayoría que está dispuesta a maquillar la democracia con elecciones “organizadas”, pero sin garantías reales de equidad, transparencia o competencia.

La elección judicial validada esta semana no es un evento aislado. Es el paso más reciente en una serie de acciones que buscan normalizar el control de los órganos autónomos. Antes fue la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, luego la Suprema Corte, después el INAI —que fue aniquilado—, y ahora el INE. Todo este andamiaje fue debilitado deliberadamente durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, quien acusó sin pruebas al instituto de ser “el gran aparato del fraude”. Desde la narrativa de la austeridad hasta los intentos de “reforma electoral” que buscaban sustituir al INE por un organismo más dócil, cada paso tuvo como objetivo minar la autonomía.

Y ahora, con Claudia Sheinbaum en la presidencia, vemos una continuidad preocupante. Pese a su retórica tecnócrata, su administración ha dado señales claras de que no hay intención de recomponer la institucionalidad democrática. Al contrario: se está profundizando la colonización política de los órganos autónomos. No se trata de un cambio de estilo, sino de una consolidación del modelo de poder total.

¿Y por qué importa esto? Porque una democracia sin árbitros imparciales es una simulación. Porque cuando las elecciones se validan con pruebas de fraude sobre la mesa, cuando los órganos electorales son dirigidos por personas que responden a intereses partidistas, el voto pierde su valor. La democracia deja de ser una competencia justa y se convierte en una herramienta de legitimación del autoritarismo.

Según el último reporte de Freedom House, México ha caído al nivel de “democracia parcialmente libre”, con severas alertas en cuanto a independencia judicial, libertad de prensa y procesos electorales. El Latinobarómetro de 2024 indicó que solo el 34% de los mexicanos confían en el INE, el nivel más bajo desde su creación. Y el 52% cree que las elecciones están manipuladas por el gobierno, una cifra que debería encender todas las alarmas.

Pero en Palacio Nacional y en las oficinas de Morena no hay alarma. Hay celebración. Porque el control del árbitro garantiza el control del juego. Porque la democracia, en sus términos, es solo un trámite. Una fachada que sirve para legitimar lo que ya fue decidido en las cúpulas del poder.

Hoy el INE ya no es el árbitro confiable de hace unos años. Hoy el INE es cómplice. Y lo es no por su estructura, sino por quienes lo dirigen. Cuando los consejeros responden más a la voluntad presidencial que a la Constitución, cuando ignoran pruebas de fraude para mantener la “estabilidad política”, están firmando el acta de defunción de la democracia representativa.

¿Y qué viene ahora? Viene una presidencia que tendrá mayoría en el Congreso, una Corte disminuida, un INE rendido, y una ciudadanía cada vez más desconfiada. Vienen más elecciones bajo sospecha, más jueces afines, más decisiones de Estado tomadas sin rendición de cuentas.

Pero no todo está perdido. Aún hay sociedad civil. Aún hay periodistas, académicos, estudiantes, activistas y ciudadanos que no se han resignado. Aún hay cinco consejeros que votaron con dignidad. Aún hay medios que no aplauden por consigna. Y ahí, en esa resistencia, en esa terquedad de seguir creyendo que México merece más, que no estamos condenados al autoritarismo, es donde está la esperanza.

Es momento de alzar la voz. De exigir una reforma real al INE que lo devuelva a manos de la ciudadanía. De presionar por la remoción de consejeros que no cumplen con su deber constitucional. De acompañar con firmeza las denuncias de fraude. De no permitir que la validación del poder judicial por vía fraudulenta siente un precedente que nos condene a repetirlo en 2027, 2030 y más allá.

Porque lo que está en juego no es una elección. Es la democracia misma.

Y no vamos a dejarla morir en silencio.

#InPerfecto