#InPerfecciones
“A los políticos de la eternidad les da por inventar enemigos, villanos o crisis, con el fin de manipular las emociones que eso provoca, y así, esconder sus fracasos”.
Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com
Nuevamente, la sombra de una era oscura vuelve a aparecer en el mundo. Y no se trata solamente de un relato apocalíptico, sino de que aparecen señales de que algo malo está pasando. Es como estar presenciando en tiempo real a Margaret MacMillan, escribir su libro 1914. De la paz a la guerra, actualizado a: 2024, de la paz a la guerra.
Ahora, podemos ver que la situación en Medio Oriente, pese a las protestas mundiales, no tiene visos de solución. Más preocupante aún, Ucrania ha lanzado ataques a territorio ruso y amenazado con usar misiles estadounidenses de largo alcance, a lo que Rusia ha respondido al anunciar que su nueva doctrina militar prevé el uso de armas nucleares si recibe ataques convencionales sobre su territorio.
Una variable se acaba de reincorporar al tablero mundial, y que causa mucha preocupación, es la próxima presidencia de Donald Trump, la cual promete ser “reloaded”, o como lo ha definido Lorenzo Castellani en un artículo reciente en Le Grand Continent, un movimiento de acelerción reaccionario (Con Trump, la era de la aceleración reaccionaria). De esta manera, dos de los villanos (o héroes) favoritos de nuestros tiempos encabezarán sus países, pero ahora en condiciones diferentes, con una guerra de por medio. La estabilidad mundial parece que terminará dependiendo de dos líderes que tienen muchas similitudes: Trump y Putin.
Para tratar de entender las razones que expliquen el ascenso de estos personajes, Timothy Snyder en su obra El camino hacia la no libertad, hace un interesante planteamiento, donde nos habla que se pueden identificar claramente dos momentos en la historia de las décadas recientes: el inevitable y el eterno. El primero de ellos hay que irlo a buscar unos 35 años atrás, cuando se empezaba a configurar el llamado nuevo orden mundial. Como es sabido, al final de la década de los 80, el que se creía era un poderoso imperio, la Unión Soviética sencillamente se colpasó dando pasó a la independencia de las repúblicas que la integraban, y que estas mismas repúblicaran, en su mayoría, buscaran unirse a occidente.
Lo anterior dio paso al famoso “fin de la historia” de Francis Fukuyama donde hablaba de que a partir de la caída del bloque soviético, la democracia liberal se extendería sin cortaprisas. Snyder denomina a ese perído, “la política de la inevitabilidad. Una sensación de que el futuro es más de lo mismo. Las leyes del progreso son conocidas, no hay alternativas y por tanto, no se puede hacer nada. En la versión capitalista y estadounidense, la naturaleza engendró el mercado, que engendró la democracia, que engendró la felicidad”.
De esta manera, en el boom de la globalización, ya no había espacio para moverse hacia ningún lado, porque no existía más que un solo camino. Y no es que fuera la unica visión existente ya que el propio comunismo hablaba de una inevitable revolución que haría posible la desaparición del Estado y la llegada de un mundo mejor. Pero esta última postura fue la derrotada.
Cuando los excesos del frenesí globalizador y neoliberal fueron minando poco a poco la confianza en que la democracia, tal y como la habíamos conocido, era la panacea que traería prosperidad para todos, por lo que la inevitabilidad cayó, y su lugar fue ocupado por la política de la eternidad. “Mientras que la inevitabilidad promete un futuro mejor para todos, la eternidad sitúa a un país en el centro de un relato de victimismo cíclico. Ya no existe una línea que se extiende hacia el futuro, sino un círculo que hace que vuelvan las amenazas del pasado una y otra vez. Con la eternidad nadie es responsable, porque todos sabemos que el enemigo vendrá hagamos lo que hagamos. Los políticos de la eternidad difunden su convicción de que el Estado no puede ayudar a toda la sociedad, sino sólo proteger contra las amenazas. El progreso se rinde ante la fatalidad” señala Snyder.
En este sentido, lo eterno es la nueva forma de conducirse por la política. Si “la eternidad traduce los hechos en relatos”, entonces se vuelve realidad que los migrantes se coman a las mascotas como afirmó sin pudor alguno Trump durante un debate. De esta forma, una publicación aislada y sin confirmación se convirtió en una verdad para quienes así lo creyeron. En este mismo sentido da lo mismo si las penurias de hoy son culpa de los anteriores presidentes (aquí se puede poner el número que sea), o si por el contrario, se busca recuperar la grandeza perdida, así sea remitiéndose a siglos pasados, como cuando Putin habla del zar Pedro, El Grande; “los políticos de la eternidad saltan de un instante a otro, a décadas o siglos de distancia, para construir un mito de inocencia y peligro”.
Como rasgo importante, es que a los políticos de la eternidad les da por inventar enemigos, villanos o crisis, con el fin de manipular las emociones que eso provoca, y así, esconder sus fracasos. De esta forma acusan cínicamente que la culpa la tienen los conservadores, los neoliberales, los comunistas, los extranjeros, los migrantes, etc, “con lo que ahogan en el futuro, en el presente” y el pasado, le agregaría. Y como corolario, el político de la eternidad no tarda en convertirse, apunta Snyder, en un oligarca, el cual “pasa la política real desde un mundo de ficción y gobierna a base de invocar mitos e inventarse crisis. En la década de 2010, una persona de este tipo, Vladimir Putin, acompañó a otra, Donald Trump, desde la ficción hasta el poder”.
Sin duda, son enormes los riesgos que aparecen en el horizonte. La sola idea de que la estabilidad global dependa de lo que digan y hagan Trump y Putin, hace que no sea mala idea copiar a los países escandinavos y empezar a difundr folletos para prepararnos en caso de crisis o guerra.
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