Editorial

TIBIEZAS.

#InPerfecciones
En octubre pasado, entre la reacción del Cártel de Sinaloa y la orden del Presidente para liberar a Ovidio Guzmán, el ridículo del Gobierno fue lo que llamó poderosamente la atención.

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C  
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

Sin duda el fenómeno de la corrupción y la delincuencia no se pueden borrar de la noche a la mañana, en México tienen una raíz muy profunda que complica su erradicación, obviamente ningún discurso hará el milagro de exterminarlas y menos cuando ese discurso se mete el pié con actos contradictorios que llegan a poner en tela de juicio una muy “cacareada” superioridad moral.

 

Los hechos ocurridos el fin de semana pasado en Celaya Guanajuato acusan en definitiva que en materia de seguridad, el trabajo que se ha venido realizando desde el ámbito Federal y el estatal ha sido por decir lo menos, deficiente. Resulta lógico pensar que si en materia de seguridad el discurso ha oscilado entre el optimismo y la solicitud de plazos para entregar resultados tangibles obviamente algo no anda bien, la estratagema de los abrazos y no balazos resulta solo el eslogan de una campaña que abusa de la demagogia, si, algo así como en los añejos discursos setenteros que se han rescatado del cajón de la ignominia para recetarlos a la población a pesar de haber caducado en el mismo templete donde fueron declamados.

 

No es necesario hacer un análisis tan profundo de la estrategia de seguridad nacional para darnos cuenta que la actual administración subestimó al crimen organizado al tal grado, que los operativos que se implementan terminan siendo un desastre entre desorganización y falta de inteligencia para ejecutar acciones para combatir a grupos delincuenciales que hacen gala de un poder que genera miedo acusa el sometimiento del las autoridades. En Culiacán, en octubre pasado, entre la reacción del Cártel de Sinaloa y la orden del Presidente para liberar a Ovidio Guzmán, el ridículo del Gobierno fue lo que llamó poderosamente la atención por el manejo de versiones –todas contradictorias- entre el Presidente y el Gabinete de Seguridad al mando de Alfonso Durazo.

 

Ocho meses después, en Celaya, la reacción del Cártel de Santa Rosa de Lima pone en jaque al Gobierno Federal y en un predicamento al Gobernador de Guanajuato  Diego Sinhue, aunque sería ingenuo pensar que una situación de este calado es nueva, igual de ingenuo que el discurso de Gobierno que repite que se dejó crecer el problema y pero que están trabajando día y noche para solucionar el problema, aunque el problema sean precisamente los que hacen el ridículo desde su puesto.

 

Cuando el Presidente se llena la boca hablando de seguridad, el “flash back” del saludo a la Madre del Chapo Guzmán y la declaración de “yo ordené” liberar a Ovidio retumban y faltan al respeto a todos los familiares de los muertos y desaparecidos por causa de sus tibiezas, las tibiezas de un Presidente que se precia de ser el más humanista, en fin, la farsa se le da muy bien, la indolencia es la muestra de una sumisión ideológica que está dispuesta a pasar por encima de la ley como cualquier delincuente.

 

#InPerfecto 

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