Sexualidad

Una mirada al presente.

#Sexualidad
Acostumbrarse a que la depresión es normal, es querer ocultar el dolor por qué no sabemos cómo actuar, desde la mirada de los psicólogos Blanca Sánchez y César Valencia nos dan una luz al presente.

 

 

Rosario Aguilar / @rosariogaguilar
rosario.aguilar@inperfecto.com.mx

Hablar del suicidio un tema que las estadísticas nos alarman por los números que nos dan y la realidad es que son personas, amigas, amigos, la propia familia, puedes ser tú, y ¿sabes? no es normal, informarte es parte de la ayuda, para ti para que ayudes a quien lo necesite, y hoy agradezco a los psicólogos Blanca Sánchez y César Valencia quienes nos dedican su tiempo y su profesionalismo en este artículo, y quedan sus mails por si surgen dudas y preguntas.

A propósito del suicidio en el marco del día mundial de su prevención.

Por Blanca Sánchez y César Valencia.

Hablar del suicidio ha sido tema tabú en la sociedad actual, es una palabra que provoca incomodidad como fascinación. En los últimos años la muerte de figuras públicas como el actor norteamericano Robin Williams; el DJ sueco Avicii; el modelo canadiense Zombie Boy o el músico mexicano Armando Vega Gil han puesto en el centro de discusión la relación existente entre el suicidio y las enfermedades mentales. En distintos foros se ha lanzado un llamado a poner en la agenda pública el hecho de que los trastornos mentales pueden llegar a una gravedad tal que pueden conducir a la muerte, de igual forma que lo hacen males como el cáncer o las cardiopatías. Se han hecho públicas una serie de estimaciones que ubican a enfermedades mentales como la Depresión o la Esquizofrenia, incluso el consumo de alcohol en altos grados, como causantes de un elevado número de muertes alrededor del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años con cifras que cuentan a más de 800 000 que mueren a causa de esto a nivel mundial. Es con base en cifras como la última y en el impacto mediático que genera, como el suicidio ha sido colocado como un tema tabú y enigmático de nuestra cultura.

Es en éste contexto como nos enfrentamos a una situación que siempre nos toma de forma inesperada, y en cierto sentido la muerte siempre es inesperada pero ¿Qué vuelve a ésta forma de morir una forma tabú? Parte de ésta reacción que solemos tener tiene que ver con la forma en que socialmente regresa el tema a nuestra cotidianidad: casi siempre es a partir de las noticias sobre figuras públicas que toman la decisión de quitarse la vida. No era en balde que hace varios años  en una de las instituciones públicas dedicadas a brindar atención con trastornos mentales, se proyectara la película Miroslava (1993) de Alejandro Pelayo -que narra la historia de la actriz Miroslava Stern que después de una larga depresión decide quitarse la vida vía la ingesta de barbitúricos- a los familiares de personas diagnosticadas con depresión, con la finalidad de acercar y concientizar a esta población de los riesgos de esta enfermedad. Lo que se buscaba era que vía la historia de esta famosa actriz, los familiares generarán una mirada que les permitiera en su día a día no minimizar y darle su justo lugar a las dificultades que acompañaban a dicho mal.

El suicidio lleva en el fondo la cuestión por nuestra propia muerte, ¿tiene sentido seguir vivo?, ¿A quién se haga ésta pregunta le podemos llamar enfermo?, ¿Es una pregunta patológica? Difícilmente alguien podría decir inequívocamente que ese es un signo de enfermedad. Esto es así porque es diferente pensarlo que hacerlo, aunque en muchas ocasiones los suicidios son largamente meditados para poder ser ejecutados. Recordemos al escritor, líder del movimiento de 1968 y catedrático de la UNAM Luis González de Alba quien el 2 de octubre de 2016 decide quitarse la vida dejando toda una serie de cartas de despedida. Sus allegados dijeron claramente que “no la vieron venir”, no había un signo de patología o tristeza que resultara llamativo o desembocara en la idea de que se quitara la vida. Por otro lado, hay muertes tan inesperadas como la del escritor argentino Jorge Barón Biza que el 9 de septiembre de 2001 se arrojó por la ventana de su departamento cuando sus conocidos pensaban que había dejado atrás su trágica historia familiar, es decir, tampoco lo esperaban. Lo que hace al acto del suicidio tan imposible de pensar es el factor inesperado que conlleva, y lo que muestra es que a pesar de que cada uno intentemos pensar en nuestra propia muerte, el acto en sí mismo es imposible de ser racionalizado.

Una posible forma de entender éste acto es la mirada clínica. Parte de ella es poder abordar la temática desde las instituciones de salud pública, en especial a partir de una formación más precisa con los profesionales de la salud mental (psicólogos, psicoterapeutas y psiquiatras) pero también es importante que desde una posición personal nos cuestionemos por nuestras propias creencias entorno a éste y además mostrarnos más alertas ante quienes tienen ideas de atentar contra su vida. Esto implica varias cosas, de entrada poder darle lugar a escuchar el malestar de otros, queda claro que a nadie le gusta escuchar problemas, o escuchar que alguien la pasa mal. Cuando alguien que se siente desesperado, harto, desganado, triste o angustiado  se acerca a contarnos nuestra primera reacción es dejar de escuchar y decirle algunas palabras trilladas como “échale ganas”, o “ya va a pasar”, pero no lo hacemos porque en realidad lo creamos o si quiera porque le atribuyamos algún efecto positivo a esas frases, sino porque no sabemos qué hacer después de escuchar y sólo creemos que debemos “decir algo”. En otras ocasiones nos confronta con nuestros propio malestar, pareciera que estamos tan embrollados con lo propio que no podemos admitir que alguien nos diga: siento que ya nada vale la pena. En otras ocasiones somos soberbios y enjuiciamos a quien habla de su desazón, fácilmente afirmamos: “está así porque quiere”, “no ha seguido nuestros consejos” o “no hace suficiente para sentirse bien”. Más allá de lo validas o admisibles que puedan ser las anteriores formas de responder, el punto radica en que rara vez optamos por hacer algo con lo que nos es confiado, y el cuestionamiento desde la posición personal que antes mencionamos, implica que nos preguntemos: ¿qué puedo hacer en una situación como esta?

La primera herramienta que nosotros tenemos entonces es nuestra posibilidad de escucha y a la vez recordar o traer a nuestra mente aquellas ocasiones en que no encontrábamos respuestas a nuestros problemas o nada nos hacía sentir mejor, todos hemos tenido momentos así y el tener lazos y personas cercanas suele ayudarnos a no pasar en soledad el mal trago. Algo que en ocasiones ocurre es que al que habla de sus ideas de muerte lo tachamos de “querer llamar la atención” y esto de una mala manera, como si querer llamar la atención fuera malo, y en realidad no lo es, para algo esa persona quiere la atención, es decir que apelar a la atención del otro tiene un sentido, es cosa seria. ¿Por qué será que alguien debe pensar en morir para que los demás le pongan atención? Quizás nuestra atención no sea lo único que necesite, sino que nuestra atención a lo que dice puede ser el primer paso para llegar a recibir la atención que merece, tal vez acompañarlo o guiarlo con un especialista, quizás ayudarle a lograr la atención de otros mediante otras formas, pero por sí mismo minimizar que alguien quiera atención lo único que le hacer pensar es que su malestar no vale suficientemente la pena y eso es no sólo banalizar su malestar, sino banalizar el malestar que cualquiera puede sufrir incluso nosotros.

Más allá de que nadie pueda predecir un suicidio, desde un inicio no se puede dejar de lado que existen poblaciones vulnerables como lo son quienes han sufrido violencia, por ejemplo por sus padres, parejas etc., o quienes padecen algún tipo de exclusión ya sea por su orientación sexual, su color de piel o alguna condición física, hay etapas críticas como la adolescencia en que las vivencias cotidianas se vuelven más significativas y son experimentadas con una gran intensidad por mínimas que a nosotros nos parezcan.

Lo segundo a tomar en cuenta es la posibilidad de observar cuando algo de lo que dicen o hacen las personas con quienes convivimos tiene un sentido de “quitarse de en medio”, hay algo de la agresión que se presenta hacia los otros o hacia sí mismo. Es sabido por distintos profesionales de la salud que los altos grados de ansiedad suelen provocar en una buena parte de las personas una respuesta de escape que se caracteriza por la agresión que en muchas ocasiones puede ser dirigida hacia quien la siente. ¿Cómo lo observamos? Los altos grados de angustia suelen orillar a la gente a actuar de modo que pueden tener conductas como caminar muy cerca de los autos, manipular objetos punzocortantes y ponerse en situaciones de riesgo en las cuales en algún punto es muy probable que pierdan el control. Lo más característico de los altos grados de ansiedad y angustia cuando ya rebasaron el umbral de lo tolerable es la dificultad de poder apalabrar sus emociones y pasar directamente a acciones en las que vulneran constantemente su cuerpo.

Algunos signos característicos que podemos observar en alguien con una tristeza profunda son la falta o el exceso de sueño y de hambre, la dificultad para disfrutar lo que antes se disfrutaba, el descuido para con la ropa o la higiene, el aislamiento, y lo que podemos hacer de entrada es hacerle notar a quien lo hace que no pasa desapercibido, y que es notable que algo no anda bien. Como se dijo anteriormente, lo segundo será escuchar y tomar en conjunto la decisión de posiblemente acudir a un profesional si es el caso de algún familiar o amigo. En la situación de que sea alguien distinto a nuestro círculo cercano como un compañero de escuela o trabajo será importante pensar en una respuesta comunitaria que pueda generar una función de red de apoyo que tenga la finalidad de acercar a quien lo padece con las distintas vías de atención para éste tipo de padecimientos.

Lo escrito en este artículo no pretende agotar ni dar soluciones a un tema tan complejo, pero el ponerlo en la mesa y aportar a la discusión tiene la finalidad de aproximar a quien pueda estar interesado en el tema a profundizar sobre él y a las distintas respuestas existentes.

Vía de contacto cvalencia83@live.com.mx y blancasanchezrangel@gmail.com

 

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