Editorial

El papel de la administración pública en el nacimiento, evolución y consolidación del Estado mexicano II

#InPerfecciones
Podemos identificar que algunas Secretarías fueron diseñadas para dar respuesta al presente, mientras que otras, muy pocas, fueron planeadas pensando en el futuro.

 

 

Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com

No es infrecuente que la administración pública sea vista como un equivalente a la burocracia del gobierno, lo cual no deja de ser una visión simplista. En el artículo Los objetos de conocimiento de la administración pública, el gran estudioso en la materia, Luis F. Aguilar interpreta a la admnistración pública de tres formas: 1) como un instrumento del Estado-gobierno, que funciona con relación a los fines políticos del mismo; 2) como un proceso administrativo indispensable para alcanzar los objetivos políticos; 3) como una razón técnica que actúa de manera eficaz y eficiente. De esta forma nos podemos plantear si la administración pública prevalece por sus fines o por sus medios.

El papel de la administración pública en el siglo XIX estuvo marcado por estructuras pequeñas donde los responsables respondían a las funciones básicas de cualquier gobierno en cualquier etapa de la historia: el gobierno interior; la recolección de impuestos y el pago de los servicios; la diplomacia, tan fundamental a la hora de establecer alianzas con otras naciones; y la parte militar, que permitan la sobrevivencia o ampliación de los estados.

Cuando inicia el siglo XX, el país ya se había estabilizado. Los convulsos años de vida independiente parecían haber quedado atrás y la administración pública lo reflejaba. Por primera vez se creaba una secretaría, no para atender algún asunto trascendente en el momento, como los negocios eclesiásticos o la justicia, sino para incorporar una visión propia de hacia dónde se quiere ir. En 1905, Porfirio Díaz decide crear la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. En consonancia, se inician los trabajos para conmemorar el centenario de la independencia con la construcción del Palacio de las Bellas Artes (100 años después para el bicentenario se erigió la Estela de Luz).

En 1917, tras la consolidación del triunfo revolucionario y la aprobación de una nueva constitución, se expide la Ley de Secretarías de Estado, con 7: Gobernación; Relaciones Exteriores; Hacienda y Crédito Públíco; Guerra y Marina; Agricultura y Fomento; Comunicaciones y Obras Públicas; e Industria, Comercio y Trabajo. Lo interesante es que dicha ley agrega el concepto de “Departamento”, con lo cual se establecen áreas que administrativamente no tienen rango de secretaría, pero por la importancia de los temas que atienden, merecen un tratamiento especial.

Ese año fueron 5 departamentos: Universitario y de Bellas Artes; Salubridad Pública; Aprovisionamientos Generales; Establecimientos Fabriles y Aprovisionamientos Militares; y Contraloría. Cabe destacar que en 1922 se agrega el departamento de la Estadística Nacional (que posteriormente se integraría a la Secretaría de Economía Nacional), en una clara intención de tener datos claros y precisos.

La década de los 30 llegó con muchos cambios. Se agregan los departamento: del Trabajo (eran los años de disputa entre Luis N. Morones y la Confederación Regional Obrera de México, contra Vicente Lombardo Toledano y la Confederación General de Obreros y Campesinos de México); del Distrito Federal. La visión cardenista dio paso a los Departamentos Forestal y de Caza y Pesca; de Asuntos Indígenas; y de Educación Física.

Quizá la reforma más importante es en 1939 y atañe a la Secretaría de Guerra y Marina. La tradición habla que lo militar es equivalente a la guerra y nuestro país no es la excepción. El ejército trigarante, las tropas comandadas por el General Zaragoza, y el ejército constitucionalista marcaron el rumbo del México independiente, soberano y revolucionario, sin olvidar que el himno nacional nos convoca al grito de guerra. Recordemos que en ese año el mundo vivía el preludio de lo que sería la Segunda Guerra Mundial, y la nación no estaba en posición de embarcarse en un conflicto armado. Por eso es natural la conversión a Secretaría de la Defensa Nacional y Departamento de Marina (en año después, en plena guerra, se eleva a Secretaría de Marina).

Con el paso del tiempo se fueron dando ajustes en la estructura burocrática mexicana. En 1976 se expide la Ley Orgánica de la Administración Pública, la cual sigue vigente hasta nuestros días con innumerables modificaciones. Podemos señalar que la primera y más grande aportación de esta nueva ley, fue la creación de la Secretaría de Programación y Presupuesto, la cual estaría encargada de la planeación y proyección de las políticas públicas, de diseñar el Plan Sexenal, y de distribuir y controlar el gasto público, mientras que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se encargaría de la recaudación, los ingresos no tributarios y la banca pública.

Los problemas operativos no tardaron en salir a relucir. En 1977, el presidente López Portillo tuvo que pedir la renuncia de los titulares de ambas secretarías ante la incapacidad de coordinarse entre sí. Los candidatos del PRI a la presidencia, y eventuales ganadores, en las siguientes 3 elecciones fueron titulares de la Secretaría de Programación y Presupuesto, cartera que fuera fusionada en 1992 a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y de donde no ha salido un presidente de la república.

Otro movimiento relevante, y este completamente dirigido a cimentar la figura como futuro candidato a la presidencia, fue dos meses después de la fusión antes señalada, con el cambio de Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología para ser la Secretaría de Desarrollo Social, con lo que el titular, Luis Donaldo Colosio, encabezaba el poderoso y bien financiado programa nacional de solidaridad. Administrativa y políticamente, el movimiento fue exitoso, aunque con el trágico final para Colosio.

Al final, un siglo XX que iniciara con una administración pública federal compuesta por 8 secretarías, terminaría con 17, donde los nombres de ellas nos muestran el enfoque y la necesidad del momento: Energía; Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca; Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural; Educación Pública; Salud; Reforma Agraria; y Contraloría y Desarrollo Administrativo. Así, podemos identificar que algunas Secretarías fueron diseñadas para dar respuesta al presente, mientras que otras, muy pocas, fueron planeadas pensando en el futuro.

#InPerfecto