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López-Gatell fue premiado porque nunca desobedeció a López Obrador.
Miguel Angel Millán Cancino / @MiAngel_Millan
miangel.millan@inperfecto.com.mx
Han pasado apenas nueve meses desde que Claudia Sheinbaum asumió la presidencia de México, y ya tenemos una de las designaciones más indignantes de todo su naciente gobierno: Hugo López-Gatell, responsable directo de una de las gestiones más trágicas y criminales de salud pública en la historia de México, ha sido nombrado representante de nuestro país ante la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sí, el mismo López-Gatell, el Doctor Muerte como lo apodó la prensa independiente, el que minimizó el uso del cubrebocas, el que se burló de la prensa crítica, el que jugó a ser celebridad mientras México se desangraba en hospitales colapsados y fosas comunes. Hoy, ese personaje es premiado con un cargo internacional. Un cargo que debería estar reservado a quienes realmente defienden la salud pública, no a quienes la traicionaron.
La tragedia con cifras: 800,000 muertes
Vamos a los datos.
México cerró oficialmente la pandemia con más de 334,000 muertes reconocidas por COVID-19, según cifras de la Secretaría de Salud. Pero estudios de exceso de mortalidad publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y por el propio gobierno federal, estimaron más de 800,000 muertes atribuibles directa o indirectamente al manejo de la pandemia.
Estas no son cifras que salieron de la oposición. Fueron confirmadas por la propia Secretaría de Salud en informes técnicos, además de que fueron respaldadas por el Instituto de Métricas de Salud de la Universidad de Washington, que llegó a estimar hasta más de 1 millón de muertes reales en el peor escenario.
Y frente a este genocidio sanitario, ¿cuál fue la actitud de López-Gatell?
Minimizar la pandemia. Burlarse de quienes usaban cubrebocas. Inventar curvas imaginarias de contagio con fechas absurdas. Defender la “estrategia nacional” sin pruebas, sin pruebas masivas, sin transparencia. Y después, cuando todo salió mal, culpar a los muertos por tener comorbilidades.
La 4T y la politización de la salud
Este nombramiento no es un error ni una coincidencia. Es parte del estilo de gobierno de la llamada Cuarta Transformación, que convirtió la salud pública en un campo de batalla ideológico y político. Donde no importaban las evidencias científicas, sino la lealtad ciega al presidente.
López-Gatell fue premiado porque nunca desobedeció a López Obrador. Porque nunca contradijo el discurso presidencial. Porque prefirió ser vocero de un régimen antes que defensor de la salud del pueblo. Por eso hoy es recompensado.
Recordemos que durante la pandemia se desmanteló el Seguro Popular, dejando a millones sin cobertura. Se centralizaron los servicios con el INSABI, que fracasó estrepitosamente, para luego dar paso a IMSS-Bienestar, que a la fecha sigue sin cobertura universal y sin capacidad operativa nacional.
Y mientras tanto, la promesa de un sistema de salud como el de Dinamarca terminó siendo un chiste de mal gusto. Los hospitales se quedaron sin medicinas. El desabasto en tratamientos contra el cáncer infantil se convirtió en una constante. El personal médico fue maltratado, despedido o ignorado. Se improvisaron compras de medicamentos a empresas sin licitación, sin regulación, sin responsabilidad.
Un presente de carencias, un pasado de negligencia
Hoy, 1 de julio de 2025, el sistema de salud mexicano sigue en ruinas.
De acuerdo con el IMCO, México destina apenas el 2.8% del PIB a salud pública, muy por debajo del promedio recomendado por la OMS.
El gasto de bolsillo de las familias mexicanas en salud es del 41%, uno de los más altos en América Latina, según datos de la OCDE.
Más de 32 millones de personas carecen de acceso efectivo a servicios médicos, según el Coneval.
El desabasto de medicamentos alcanzó un récord histórico en 2024, con más de 35% de recetas no surtidas en tiempo y forma, según la Asociación Nacional de Farmacias.
Y frente a este panorama, la presidenta Sheinbaum, que prometió un relanzamiento del sistema de salud, decide enviar al mundo el mensaje de que Hugo López-Gatell es la cara de México en salud global.
Un insulto a la memoria de los muertos
¿Qué mensaje se manda a las familias de los 800,000 muertos? ¿Qué les dice este gobierno?
Les dice que sus muertes fueron aceptables.
Que el responsable de las decisiones que los llevaron a la tumba merece un ascenso, no un juicio.
Que no habrá rendición de cuentas, ni memoria, ni justicia.
Porque eso es lo que representa el nombramiento de López-Gatell: el entierro oficial de la memoria. La burla institucionalizada a quienes perdieron a un padre, una madre, un hijo, un amigo.
¿Y la OMS?
Es además un insulto a la Organización Mundial de la Salud. ¿Cómo puede México presentarse ante el mundo con un emisario que fue ampliamente criticado por organizaciones médicas, por epidemiólogos nacionales e internacionales, por activistas y por la sociedad civil?
Recordemos que en 2021, The Lancet, una de las revistas médicas más respetadas del mundo, cuestionó duramente la gestión de México, llamando al gobierno mexicano uno de los peores en manejo de la pandemia entre los países del G20.
López-Gatell no es un experto respetado a nivel internacional, es un político disfrazado de técnico. Su presencia en la OMS no aporta legitimidad, sólo mancha la imagen de México en la arena internacional.
El legado de la muerte
López-Gatell debería ser investigado.
López-Gatell debería enfrentar comisiones de la verdad.
López-Gatell debería pedir perdón público.
López-Gattel debería estar en la cárcel.
Pero en lugar de eso, es premiado. Es canonizado por el oficialismo. Se convierte en símbolo de una visión cínica, profundamente inmoral, donde la obediencia política vale más que la verdad, que la vida, que el dolor de un país.
Y eso, justamente eso, es lo que sigue pudriendo las instituciones mexicanas.
Un llamado urgente
Desde este espacio editorial, levantamos la voz no sólo para denunciar esta infamia, sino para exigir lo que es justo:
Una auditoría completa a la gestión de la pandemia.
Una comisión independiente de expertos para revisar la actuación del Estado mexicano.
Juicio político a los responsables de decisiones negligentes y criminales.
Y una disculpa pública a todas las familias de víctimas.
Porque sin memoria no hay justicia.
Y sin justicia, no hay futuro.
—
Hoy, México no está representado en la OMS. Está burlado.
Y la herida de la pandemia sigue abierta, no sólo por los muertos, sino por la arrogancia con la que el poder les escupe encima.
Mientras Hugo López-Gatell sonríe en Ginebra, miles de familias mexicanas siguen llorando a sus muertos en silencio.
Pero aquí no hay olvido.
Aquí hay memoria, hay rabia y hay verdad.




