#InPerfecciones
Hay que decirlo con toda claridad: lo que ocurre en Gaza es un crimen contra la humanidad.
Miguel Angel Millán Cancino / @MiAngel_Millan
miangel.millan@inperfecto.com.mx
Primera parte: Entender el incendio
El mundo vuelve a arder en Medio Oriente. Otra vez la región que ha sido punto de quiebre de la historia contemporánea está siendo sacudida por ataques, bombardeos, amenazas nucleares y posturas incendiarias. Pero para entender lo que pasa hoy entre Irán, Israel y Gaza, hay que regresar un poco en el tiempo. O mejor dicho: hay que entender que este conflicto nunca se ha ido.
¿Qué pasa en Irán? ¿Por qué atacan a Israel? ¿Qué tiene que ver Gaza?
En abril de 2024, tras años de tensiones latentes, Irán lanzó un ataque sin precedentes contra territorio israelí. Lo hizo con drones y misiles, como respuesta a un bombardeo israelí contra el consulado iraní en Damasco, Siria, que mató a varios altos mandos de la Guardia Revolucionaria. Aquel ataque israelí fue interpretado como un acto de guerra. Irán respondió, y aunque Israel interceptó la mayoría de los proyectiles con ayuda de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, el precedente ya estaba marcado: por primera vez, Irán atacó directamente a Israel desde su territorio.
Gaza, gobernada por Hamas, ha sido un frente recurrente en esta guerra. Desde los ataques del 7 de octubre de 2023 —donde más de 1,200 israelíes murieron y más de 200 fueron secuestrados por Hamas—, Israel lanzó una ofensiva brutal sobre la Franja de Gaza. Al día de hoy, más de 36,000 palestinos han muerto, la mayoría civiles, incluyendo más de 14,000 niños, según datos de la ONU y organizaciones como Human Rights Watch. Gaza ha sido destruida casi por completo, sin acceso a agua, electricidad, ni medicinas.
Ante esa masacre, los aliados de Hamas en la región —principalmente Irán y el grupo chiita libanés Hezbolá— comenzaron a movilizarse. Lo que era un conflicto localizado se convirtió en una guerra regional de baja intensidad que puede escalar a un conflicto de consecuencias mundiales.
Segunda parte: Geopolítica en el volcán
Este conflicto tiene profundas raíces geopolíticas y religiosas. Israel es un Estado respaldado por Estados Unidos desde su creación en 1948. Irán, por su parte, es un actor clave en el eje de resistencia antioccidental que incluye a Siria, Hezbolá, los hutíes de Yemen y grupos armados en Irak. La tensión no es solo religiosa —judíos contra musulmanes—, sino ideológica y estratégica.
Estados Unidos mantiene bases militares en la región, controla rutas petroleras y protege a Israel como su principal aliado. Irán ve en esto una amenaza directa a su soberanía y ha extendido su influencia a través de milicias aliadas en todo el Medio Oriente. La guerra en Gaza reactivó todos esos frentes. Hezbolá lanza misiles desde el norte. Los hutíes atacan barcos en el Mar Rojo. Irak arde de nuevo.
Y el impacto llega más allá de las fronteras:
El petróleo ha superado los 120 dólares por barril, disparando la inflación global.
Las bolsas de valores caen ante el miedo de un conflicto regional con consecuencias globales.
Rusia y China han criticado abiertamente a Israel y Estados Unidos, reconfigurando el tablero global en una nueva Guerra Fría.
Tercera parte: ¿Y México? ¿Qué se dice? ¿Qué se hace?
México, como casi siempre, ha mantenido una postura ambigua y tibia. Tras el ataque de Hamas en 2023, el gobierno de López Obrador condenó el “terrorismo”, pero pidió moderación a Israel. Después, ante las matanzas en Gaza, el mismo gobierno evitó calificar los hechos como crímenes de guerra, incluso cuando organismos internacionales ya lo hacían.
Ya con Claudia Sheinbaum en la Presidencia, la postura ha sido de cautela diplomática: no hay una condena clara ni a Israel por los ataques masivos contra Gaza, ni a Irán por su escalamiento del conflicto. En los discursos oficiales prevalecen términos como “diálogo”, “paz” y “prudencia”, pero sin una toma de postura ética contundente. A lo mucho, se ha llamado a “la solución de dos Estados”, pero sin denunciar directamente los crímenes documentados.
Mientras tanto, los partidos en México —tanto oficialistas como opositores— se mantienen callados. Nadie quiere arriesgar capital político tomando postura en un conflicto internacional. El silencio es cómodo, pero también cómplice.
Cuarta parte: Los que toman partido… y los que avivan la guerra
Donald Trump, desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, ha dado apoyo total e incondicional a Israel. Ha reinstaurado el tono beligerante de su primer mandato, bloqueando resoluciones contra Israel en la ONU y reactivando sanciones duras contra Irán.
Irán, envalentonado por el rechazo internacional a la ofensiva israelí, advierte que responderá “con todo su poder” si vuelve a ser atacado directamente. Las amenazas incluyen el uso de tecnología balística avanzada y posibles alianzas militares con Rusia.
Arabia Saudita, tradicional rival de Irán, ha optado por el silencio. Los acercamientos con Israel están congelados. Hay tensión dentro del mundo árabe.
Rusia y China se posicionan como contrapeso. Moscú apoya a Irán de manera indirecta. Pekín, aunque más reservado, ha exigido el fin de la ocupación israelí y la reconstrucción de Gaza.
La ONU, como de costumbre, ha sido reducida a una caja de resonancia impotente. Decenas de resoluciones son ignoradas sin consecuencias.
Quinta parte: Los riesgos reales
Este conflicto puede escalar a varios niveles:
1. Guerra regional abierta: Un ataque directo entre Israel e Irán pondría en riesgo a Líbano, Siria, Irak y el Golfo Pérsico.
2. Crisis energética global: El Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, puede cerrarse. Eso afectaría directamente a México con aumentos en gasolinas, gas y alimentos.
3. Atentados internacionales: El aumento del extremismo en respuesta al genocidio en Gaza puede activar células dormidas incluso fuera de Medio Oriente.
4. Polarización y odio religioso: Ya hay aumentos documentados de ataques antisemitas e islamófobos en Europa y América.
5. Inestabilidad interna: En países como México, el alza de precios derivada de este conflicto global puede intensificar la presión social, especialmente en año que fue electoral y de transición política dentro del poder judicial.
Sexta parte: Crítica frontal y sin anestesia
Hay que decirlo con toda claridad: lo que ocurre en Gaza es un crimen contra la humanidad. Y aunque el ataque de Hamas del 7 de octubre fue brutal y condenable, nada, absolutamente nada justifica la masacre sistemática de civiles que Israel ha llevado a cabo.
El gobierno de Netanyahu ha instrumentalizado el dolor del Holocausto para justificar un apartheid moderno. Ha bloqueado ayuda humanitaria, bombardeado escuelas, hospitales, campos de refugiados. Eso es terrorismo de Estado.
Irán, por su parte, no es un inocente defensor del pueblo palestino. Es un régimen autoritario que castiga a mujeres que protestan, persigue a disidentes y usa la causa palestina como carta de presión internacional, mientras reprime a su propio pueblo. También comete abusos.
Y México… México calla. México mira para otro lado. México evita condenar porque le teme a Washington, pero también porque la clase política no quiere incomodar a nadie. Y ese es el peor papel que un país puede jugar: el del testigo mudo.
Séptima parte: Un llamado urgente
Hoy más que nunca necesitamos medios que informen con verdad, sociedades que no repitan narrativas sin pensamiento crítico, y gobiernos con ética y valentía.
Si callamos ante un genocidio, nos volvemos cómplices. Si relativizamos la muerte de miles de niños porque son “de otro lado del mundo”, nos deshumanizamos.
Desde México, desde América Latina, alzamos la voz:
¡Ningún crimen puede ser justificado por la religión, la política o la historia!
¡Ninguna causa vale más que una vida humana!
Y a quienes nos gobiernan: dejen de ser observadores neutrales en un mundo que se desangra. La neutralidad ante la barbarie no es prudencia: es cobardía.




