Editorial

Seguridad: viejas recetas para nuevos problemas

#InPerfecciones
20 años de Programas de Seguridad Públioca y nada nuevo bajo el sol. Emplear viejas recetas para nuevos problemas no parece ser la solución.

 

 

Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com

La delincuencia organizada y el tráfico de drogas son de los mayores problemas que enfrenta México en los últimos años. Sin embargo, los esfuerzos institucionales para combatir los retos que plantea el crecimiento de la violencia y la delincuencia han sido insuficientes. En esta ocasión nos centraremos en los planteamientos oficiales que cada gobierno ha desarrollado.

 

Para empezar, la Ley de Planeación establece en su artículo 22 que derivado del Plan Nacional de Desarrollo, se podrán establecer los programas sectoriales, institucionales, regionales y especiales, mismos que no podrán exceder el sexenio vigente. Lo interesante es que a pesar de que la inseguridad ha sido un problema persistente, no es sino hasta el sexenio de Felipe Calderón cuando se presenta el primer Programa Nacional de Seguridad Pública 2008-2012.

 

Este Programa planteaba como objetivos: prevenir conductas delictivas con mecanismos que garanticen la convivencia social y familiar; combatir frontalmente el fenómeno delictivo; recuperar el sentido original del sistema penitenciario; garantizar un sistema tecnológico de información y telecomunicaciones avanzado; profesionalizar a las corporaciones policiales en los tres órdenes de gobierno; fomentar la confianza de la sociedad en las instituciones encargadas de la seguridad pública.

 

A fin de cumplir dichos objetivos se privilegiaría la coordinación interinstitucional entre los tres órdenes de gobierno; la participación de la sociedad en la prevención del delito; la modernización de los recursos tecnológicos; la generación de inteligencia policial; la implementación en las corporaciones de los tres órdenes de gobierno del Servicio de Carrera Policial. Para nadie es una sorpresa que el Programa Nacional de Seguridad Pública 2008-2012, hablara de una “batalla frontal contra los enemigos de México”.

 

El Programa Nacional de Seguridad Pública 2008-2012, ya hablaba de que “a falta de coordinación entre las instituciones de seguridad pública, en los tres niveles de gobierno, limitó los alcances del intercambio de información e inteligencia”. Lo anterior aunado a la corrupción dentro de las instituciones y la desconfianza ciudadana. Además, para diferenciarse del gobierno anterior, se afirmaba que el combate frontal a la delincuencia organizada, dificultó articular los esfuerzos de manera coordinada.

 

La prioridad de la administración de Peña Nieto era “reducir la violencia, por medio de la atención de los delitos que más afectan a las personas, tales como: homicidio, secuestro y extorsión”. Para lograrlo, señalaban, se requería una efectiva coordinación entre las dependencias federales de seguridad, y de éstas con las Entidades Federativas. Otro aspecto importante fue resaltar que se privilegiaría el uso de inteligencia por encima de la fuerza.

 

El Programa Nacional de Seguridad Pública 2014-2018 contenía 6 objetivos: consolidar una coordinación efectiva para el diseño, implementación y evaluación de la política de seguridad pública; reducir la incidencia de los delitos con mayor impacto en la población; reducir la incidencia de los delitos vinculados a la “Economía Ilegal”; desarrollar en las instituciones de seguridad pública esquemas de proximidad y cercanía con la sociedad; fortalecer las capacidades de las instituciones policiales; y, fortalecer el sistema penitenciario nacional y el especializado en menores de edad que infringen la ley penal.

 

López Obrador, fiel a su estilo publica incluso antes de tomar posesión de la presidencia, su Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024, un documento de corte ideológico y discursivo. En dicho Plan, anunciaba el cambio de paradigma en materia de seguridad que se basaba en que el origen del problema era “el incremento de la pobreza, la marginación y la falta de servicios educativos y de salud”. En tal sentido, los programas sociales también servían, desde la perspectiva oficial, para atender las causas de la delincuencia. El sexenio sería recordado por su frase de “abrazos y no balazos”. Este Plan se replicaría en la Estrategia Nacional de Seguridad Pública 2018-2024 (obligatoria de acuerdo con el artículo 69 constitucional), al cual se le agregarían objetivos como un nuevo modelo policial, mejor coordinación a partir de reuniones diarias de los elementos de seguridad en estados y municipios, etc.

 

En diciembre de 2022, es decir a dos años de finalizar el sexenio, se publica el Programa Nacional de Seguridad Pública 2022-2024, con cuatro objetivos prioritarios: promover la construcción de paz en el territorio nacional; fortalecer la operación de las instituciones de seguridad pública en las regiones del territorio nacional; disminuir los delitos vinculados con la delincuencia organizada en las regiones del país; y mejorar la operación y las condiciones de internamiento de las personas privadas de la libertad en los centros penitenciarios

 

La actual administración de Claudia Sheinbaum ha publicado la Estrategia Nacional de Seguridad Pública 2024-2030, con cuatro ejes rectores: atención a las causas; consolidación de la Guardia Nacional; fortalecimiento de la inteligencia e investigación, y, coordinación absoluta en el Gabinete de Seguridad y con las entidades federativas. La estrategia considera que desde 2018, hay un nuevo paradigma basado en atender las causas estructurales de la violencia y del delito, y que ademas hubo coordinación entre los tres órdenes de gobierno, los 3 poderes de la unión y sectores de la población por lo que “se avanzó en la pacificación del país”.

 

Es notable ver cómo cada presidente ha propuesto medidas similares: tener esquemas de coordinación entre los tres órdenes de gobierno, fortalecer las policías locales, trabajar más en la parte de inteligencia, fortalecer la prevención del delito (o como se le llama desde 2018, atender las causas). También hay una constante es que la medida del éxito es la disminución en los índices de homicidio doloso, robo, etc. Si bien la seguridad sigue siendo uno de los principales problemas, no podemos decir que la naturaleza de la delincuencia es la misma. El país dejó de ser el trampolín de la droga a ser el productor de fentanilo; el tradicional índice delictivo es insuficiente cuando la mayor amenza es el apoderamiento de la política y del gobierno por parte de la delincuencia en muchas localidades. 20 años de Programas y nada nuevo bajo el sol. Emplear viejas recetas para nuevos problemas no parece ser la solución.

#InPerfecto