Editorial

El circo de las urnas

#InPerfecciones
“Morena no es diferente a sus adversarios, simplemente ha sabido engañar mejor”.

 

 

Pablo Ricardo Rivera Tejeda / @PabloRiveraRT
pricardo.rivera@gmail.com

 

En nuestra historia reciente, la búsqueda por la democracia ha sido uno de los principales objetivos en materia política y social. Los partidos políticos son aquellos encargados –en cierta medida–, de preservar esta idea y representar al pueblo, dándole así un rumbo al país en función de los intereses y necesidades de los mexicanos. No obstante, la puesta en práctica de estos procesos democráticos es muchas veces manchada por la corrupción, la hipocresía y el poder, tal como se vivió el pasado fin de semana en un proceso interno de Morena, que de manera objetiva y certera, dejó un mal sabor de boca.

 

El Movimiento Regeneración Nacional, mejor conocido como Morena, surgió de la mano de López Obrador para oponerse a los partidos políticos que estaban en el poder, proponiendo así una alternativa para combatir a la vieja clase política y darle una bocanada de aire fresco a nuestro país, o al menos eso era lo que se prometía. Gran parte de la campaña de Morena consistía en utilizar el rechazo de los mexicanos hacia los viejos partidos políticos a su favor, siendo una estrategia que funcionaría a la perfección. Así, el movimiento que encabeza AMLO fue vendido como la mejor alternativa; una que nunca caería en los tan repudiados vicios que habían corrompido a nuestro país, una que buscaba ante todo el bienestar del pueblo y defendería a capa y espada tres principios base: no mentir, no robar y no traicionar. 

 

Con el paso del tiempo y desde la llegada de López Obrador y su partido al poder, nos hemos dado cuenta de un par de cosas. Primero, comprendimos que como ya es de costumbre en México, los políticos, sin importar su color o supuesta ideología, son la misma basura de siempre, no importa que traigan sus guayaberas o ropa austera, ellos nunca dejarán de ser títeres del poder. Las promesas que realizaron en campaña, se quedaron como siempre, en el olvido. También, hemos visto que Morena sufre de lo mismo que todos los demás partidos: problemas internos, grandes escándalos de corrupción y líderes que se han aprendido de memoria las líneas para la puesta en escena de una mentira no muy bien diseñada. 

 

El sábado y domingo pasados vimos una clara muestra de lo que trato de explicar. En un proceso interno de Morena para elegir a sus consejeros distritales mediante asambleas realizadas por los militantes, se vivieron un sinfín de problemas que sólo dejan dudas e incertidumbre con respecto al camino para 2024. Pareciera que México no puede nunca estar exento de un destino lleno de fraudes y corrupción, pareciera que estas dos palabras son ya una herida incurable que poco a poco se extiende sin cesar, y es que durante esta jornada “democrática” sucedió de todo: desde peleas y violencia en las urnas, hasta acarreo de votos y chantajes evidentes por parte de las autoridades de Morena. Fueron no uno ni dos los videos que circularon alrededor de este suceso, sino infinidad de pruebas que no hacen mas que develar una incómoda verdad: Morena no es diferente a sus adversarios, simplemente ha sabido engañar mejor.

 

Ante lo sucedido, Mario Delgado, –dirigente nacional de Morena–, y otras figuras políticas de gran importancia como Claudia Sheinbaum y el mismo López Obrador, afirmaron que el evento fue democrático y uno muy fructífero. No sé si estamos hablando de algo diferente, porque, –desde mi perspectiva–, no es democrático realizar chantajes a las personas para que voten por candidatos designados por aquellos en el poder, amenazándolos incluso con quitarles su trabajo o excluirlos de los programas sociales de la Cuarta Transformación. No es democrático que una diputada parezca un mono rabioso y destruya las urnas cuando se supone que ella debería velar por el debido proceso. No es democrático que los centros de votación sean destruidos en su totalidad, ni tampoco que en estos mismos la gente esté repartiendo papeles con los nombres de los candidatos por los que los militantes deberían de votar si quieren su despensa. No es democrático que un candidato como Esteban Ramírez Zepeta, por azares del destino, obtenga 6300 votos de 13000 emitidos, pues esto sería una hazaña nunca antes vista, por el contrario, es curioso que obtenga tantos votos y que al mismo tiempo sea uno de los más cercanos a Mario Delgado…, la mentira de que es un candidato muy querido; yo no me la trago. Tampoco creo que sea democrático que la encargada de la “Santa Inquisición” del “Quién es quién de las mentiras”, se cole en la fila como buena política prepotente y le importe poco seguir los protocolos del proceso, cuando los ciudadanos sí deben seguirlos. No es democrático que el alcalde de Poza Rica, insulte a diestra y siniestra a quien le diga que debe esperar su turno, porque claro, ¿cómo pretenden que Su Majestad espere en la fila como los demás mortales? En fin, yo no diría que el proceso fue democrático, más bien creo que fue un completo fracaso y deja al desnudo a un partido que finge portar progresismo y austeridad, pero que en realidad viste los mismo harapos que sus predecesores.

 

Ahora bien, ¿qué fue lo primero que hizo la oposición ante lo ocurrido? Bueno, pues criticar, criticar, criticar, y criticar mil veces. No está mal que lo hagan, pero, ¿tienen ellos la autoridad moral para hacerlo? A mi parecer no. Es lamentable que lo único que Va X México sepa hacer es criticar los errores de sus adversarios, ya quisieran ellos tener el poder de movilización que indiscutiblemente tuvo Morena en las elecciones. Deberían enfocarse en ser propositivos y no únicamente en descalificar desde el supuesto pedestal de rectitud y firmeza en el que les gusta situarse.

 

Morena es actualmente el movimiento con mayor fuerza política en México. Es innegable que será el contendiente preferido en las elecciones del 2024, y que en caso de que la oposición no se fortalezca, continuará a la cabeza del poder. Aún así, es posible ver que Morena no es invencible, es claro que tiene una gran cantidad de conflictos internos, y que de no solucionarlos podría significar un duro golpe para el movimiento. Desde ahora vemos ya las rivalidades entre las “corcholatas” de este partido. Sheinbaum, Ebrard, Monreal, Adán Augusto son personajes que implican discordia en el proyecto de López Obrador, y que son el perfecto ejemplo del daño que el fanatismo político puede causar. Morena debe de consolidarse como un movimiento joven pero difícil de vencer, uno que apoye al pueblo y vele por sus intereses, incluso me atrevo a decir que deberían tomar un camino como el que Ricardo Monreal propone: uno de “Reconciliación Nacional”, porque de lo contrario, si continúan con lo que vimos en su reciente proceso interno, no llegarán muy lejos.

 

Con lo sucedido, Morena ha demostrado ser un partido igual que los demás a los que tanto critica: uno que aprovecha su estancia en el poder para obtener beneficios electorales e invertir recursos públicos en los caprichos de su movimiento. No es posible que un partido utilice y manipule a sus propios militantes con tal de aumentar su poder. No es correcto que se ataque a personas que buscan exponer los fraudes y a los “mapaches” de las elecciones como John Ackerman, quien es incluso militante de este partido. Es inconcebible también, que no se castigue a los que cometen fraude electoral, y que se le diga a la gente que todo transcurrió de una manera espléndida.

 

Pero bueno, ¿qué podíamos esperar de la política y de sus actores en nuestro país? Lo único que nos queda claro, es que no hay mucha diferencia entre los bandos que hoy se disputan el control de la nación. Unos critican sin hacer nada y otros ocultan sus errores como niños pequeños. Ojalá que esto cambie para el bien de todos, ya que no es el momento para vestirse como héroe si en verdad se es un villano, no es momento de aparentar o fingir cuando lo que se necesita es la verdad, y no es correcto prometer cuando lo único que se hace es mentir, robar y traicionar.

 

#InPerfecto