Editorial

PREMIOS.

#InPerfecciones
“Así es la política en México, una política que no ha cambiado ni cambiará por la simple y llana razón de que quienes la ejercen provienen de las mismas academias formativas llamadas partidos políticos”

 

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C  
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

¿A quién no le gustan los premios? Obviamente hablamos de premios bien merecidos, digamos, por aprovechamiento, puntualidad, productividad, buen comportamiento, etc. quizá muchos de nosotros los hayamos obtenido, y, desde luego, que son causa de orgullo por aquello de ser un logro personal, vamos, al final del día los premios o reconocimientos son resultado de lo que el contrato social llamaría “nuestro buen comportamiento”, aquí, es importante detenernos un poco, porque cuando hablamos de buen comportamiento, necesariamente podemos pensar en uno o varios actos que no solo pueden beneficiarnos, sino que tambien benefician al entorno donde nos desarrollamos, es decir, los premios y reconocimientos representan un estímulo para mantener una actitud beneficiosa para todos.

 

Claro está, que cuando trasladamos los términos premio y reconocimiento al ámbito político, corremos el riesgo de someterlos a una pequeña variante en la que un aparato ideológico termine por modificar su estructura o esencia; en política las casualidades no existen, son los cálculos políticos los que hacen que las cosas sucedan, es decir, los conflictos pueden no serlo, los enfrentamientos pueden ser parte de todo un entramado de conspiraciones para distraer a la opinión pública; claro que podemos caer en el error de convertirnos en una bola de “conspiranoicos” irremediables, sin embargo, en los hechos de la política el concepto sutileza no se encuentra lo suficientemente avanzado o estudiado como para formar parte de la narrativa cotidiana.

 

¿A que me refiero con todo esto? En realidad es muy simple, en la política mexicana, los premios y reconocimientos por supuesto que son estímulos por el buen comportamiento de los integrantes de un grupo de poder, por supuesto que los premios fomentan el esfuerzo de los que se dedican a la “noble labor de la política” –como dice el Presidente-, y hay que agregar un factor más, dichos premios, no necesariamente se entregan como parte de una labor realizada, en algunos casos se llegan a entregar como parte de un pago por una labor que se llevará a cabo con un fin muy específico, como se mencionó anteriormente, en materia de política nada es casualidad.

 

Pongámonos en los zapatos de los políticos, supongamos que somos un Presidente Municipal, común y corriente, un personaje que emanó de lo más profundo de las cloacas partidistas teniendo que limpiar los baños, sacando la basura, barriendo y sacudiendo –sin menoscabo de los trabajadores de limpieza, para que quede claro-, imaginemos que llega el momento en el que estratégicamente nuestra labor se convierte en esa oportunidad con la que tanto hemos soñado, figurar en la política nacional como un secretario de algo bien importante y dejar de estar recogiendo migajas, ¿cuál es la misión?, simple, desviar recursos, retener sueldos, acarrear gente, operar redes de porros, organizar grupos criminales, etc. para obtener recursos que se destinarán al movimiento, fácil ¿no?.

 

¿El premio para esta labor? ¿qué puesto les gusta? ¿Gobernador?, ¿Secretario de Educación?, o mejor aún ¿Embajador?, ¿dónde se sentirían más cómodos?, la cosa es llegar, la cosa es salir en la foto, aunque hay un pequeñísimo inconveniente, hay la necesidad erradicar cualquier sentimiento o propensión referente a la dignidad, dicho en buen español, hay que empinarse con en mero jefecito.

 

Así es la política en México, una política que no ha cambiado ni cambiará por la simple y llana razón de que quienes la ejercen provienen de las mismas academias formativas llamadas partidos políticos, no importa que provengas del extracto más precario, si le entras al aro, puedes prosperar, solo hay que perderle el miedo al ridículo, nada de avergonzarse por dar cátedra de ignorancia, olvídate de que no saber reconocer ni la “O” por lo redondo, si te comprueban el desvío de recursos solo necesitas cabecear diciendo que eres y serás respetuoso de la ley; y si eres buen perro, fiel, dedicado, lisonjero, fanático y lame suelas, lo corrupto se convertirá en virtud, ¿cómo es posible esto? Muy simple, solo se necesita tener como Presidente a un esquizofrénico que cree que puede caminar sobre el agua para que declare que todo se trata de una cruel y despiadada campaña de desprestigio en contra de su perrito más fiel, todo se trata de un complot conservador para detener la transformación; eso es lo que se necesita, el resto, como se dice de manera coloquial, es la propina.

 

Que en México ahora se aplauda la corrupción, se romantice la pobreza, se niegue la violencia, la crisis económica y hasta la sanitaria no es casualidad, a muchos nos indigna que insulten nuestra inteligencia, sin embargo, la narrativa de los imbéciles tiene mucha proyección porque es fácil de digerir, la clase política en el poder se ha vuelto tan simplista que han vendido muy bien una política donde no importa quien robe, lo que importa es el monto, y si antes robaban más y ahora se roba menos quiere decir que vamos mejorando, antes, si te daban pero era “más poquito” ahora te damos un poquito más, eso es mejorar ¿no?, antes no se perseguía a ningún político corrupto, ahora ya los perseguimos pero no les hacemos nada, eso es sin duda una mejora significativa, vaya, el bienestar ahora se traduce en una versión simplista de una realidad que no mejora pero que gracias a la benevolencia de un grupo de mafiosos no está peor.  

 

#InPerfecto