Editorial

DERECHOS HUMANOS

#InPerfecciones
“La injusticia, en cualquier parte, es una amenaza a la justicia en todas partes.” –Martin Luther King.

 

Maikel Ansted Hoffmann / @AnstedM
maikel.ansted@inperfecto.com.mx / maikel.ansted.hoff@gmail.com

 

No voy a referirme en el presente artículo a algún problema externo de la vida cotidiana, sino a algo con que convivimos a diario, y que pensamos no existe en nuestro país. Martin Luther King, quien, junto con Gandhi, ha sido uno de los más grandes apóstoles de los derechos humanos en el siglo pasado. En 1968 a todos impactó su asesinato el 5 de abril, sin embargo, aquí en México consideramos a este crimen como algo externo, como un suceso que, si bien nos hizo reflexionar, sentimos que no nos concernía directamente.

Sin embargo y si queremos ser honestos, debemos reconocer que la discriminación racial existe también en México. No escapamos a este hecho tan reprobable; a diario cometemos todos nosotros actos de discriminación tanto racial como económica. Es cierto que el país cuenta con una escasa población negra, pero no tan sólo se discrimina a los negros, se hace igualmente con los blancos, con los indígenas y con las clases desprotegidas económicamente. México, como todo país en la tierra, cuenta con población diversa, tanto desde el punto de vista étnico, como social y económico; no escapa a los problemas de discriminación, aunque no se manifiesten éstos en forma tan violenta como en los Estados Unidos. Los mexicanos tenemos una forma más sutil y más cínica quizá de discriminarnos. Hemos llegado incluso a la creación de un neologismo: el naco. Es más, hasta cómicamente lo hemos hecho, hasta cierto punto, de justificar acciones tan viles como la de menospreciar a otros seres humanos por su condición económica y social. 

Llegamos a escandalizarnos muchas veces de los acontecimientos que sobre este tema suceden en el país del norte en Sudáfrica o en algunos otros lugares, pero no nos detenemos a ver lo que aquí en México pasa todos los días. Ejemplos sobran, no hace falta ser un genio en la materia, basta tan sólo con abrir un poco los ojos y prestar algo de atención; en todos los países del mundo sucede lo mismo, ¿por qué íbamos a escapar de ello? Lo importante, sin embargo, no es autocalificarnos de país discriminador, sino darnos cuenta de la injusticia que estamos provocando con estos hechos y de lo cierto, por otra parte, de aquella frase que sirvió como lema en el sexenio del presidente López Portillo: “La solución somos todos”.

En efecto, para todos es ya una certeza que México atraviesa por problemas graves desde muchos ángulos. La solución a nuestros problemas no puede venir de una sola parte de la población, tiene que abarcar a toda ella, debe ser total. La discriminación impide que esta solución se dé. Necesitamos en estos momentos unión para poder hacer frente al reto, no caben posturas discriminatorias por ahora y para nunca. El chico de la universidad privada de Santa Fe o de Mixcoac, los nacos, los fifís o los chairos, etc., deben desaparecer; los mexicanos debemos unirnos y luchar juntos.

No nos haría ningún daño recordar y hacer nuestros los principios éticos y jurídicos que fueron proclamados y firmados por nuestro país en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, en 1948. México necesita de acciones concretas que unan a todos sus habitantes.

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Saludos, un abrazo virtual.

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