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EN BÚSQUEDA DE LOS MAESTROS MARCO VITRUVIO POLIÓN parte 23

#Arquitectura
Si se trata de un suelo de tierra de relleno, en todo o en parte, se consolidará y se apisonará con todo cuidado.

 

Carlos Rosas C / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

Hagamos una pausa para retomar la obra de un grande, hemos llegado al Libro Séptimo, acompañemos a Vitruvio para conocer lo relacionado a los acabados comenzando con los pavimentos en éste capítulo primero. Sigan con nosotros en el especial de arquitectura “En búsqueda de los maestros” sobre los Diez Libros de Arquitectura de Marco Vitruvio Polión. 

 

LIBRO SÉPTIMO

 

CAPITULO PRIMERO

 

LOS PAVIMENTOS

 

Nuestros antepasados no sólo tomaron la determinación de transmitir a la posteridad sus reflexiones, de modo inteligente y práctico, mediante las propuestas de sus comentarios con el fin de que no se perdieran, sino que además los fueron engrosando en cada momento publicándolos en volúmenes antiguos, y poco a poco llegaron a alcanzar la elegancia y la perfección de la ciencia. 

 

Por ello, debemos mostrarles nuestra mayor gratitud ya que no los dejaron en el olvido, ocultándolos celosamente, sino que pusieron máximo cuidado en entregar a los siglos futuros sus propios tratados, sus propios logros en toda clase de conocimientos.

 

En primer lugar comenzaré por el «pavimento de cascotes» (1), que es el paso previo para el enlucido, con el fin de que se haga con sumo cuidado y previsión y lograr así una sólida base. Si se ha de echar sobre el suelo, debe averiguarse previamente si el suelo es completamente sólido; posteriormente se nivelará y se extenderá una capa de cascotes y gravilla. 

(1) Se refiere al proceso de “ruderación”

 

PAVIMENTO DE CASCOTES

 

Si se trata de un suelo de tierra de relleno, en todo o en parte, se consolidará y se apisonará con todo cuidado. En el caso de los entramados, téngase muy en cuenta que no haya bajo el pavimento ninguna pared de las que se elevan hasta la parte superior; si la hubiere, debe rebajarse y así se podrá entarimar encima de ella. 

 

De lo contrario, cuando se solidifique, al secarse el entramado o bien al asentarse debido al pandeo, si queda en pie la pared por la solidez de su construcción, necesariamente ocasionará en el pavimento hendiduras a derecha y a izquierda y en toda su longitud.

 

SECCIÓN POR ESTRATO PAVIMENTO DE CASCOTES

 

Igualmente se ha de poner todo el cuidado en no cambiar tablas de madera de «ésculo» (2) con madera de encina, pues la de encina, cuando se humedece, acaba arqueándose y agrietando los pavimentos. Si no hay a mano madera de ésculo y por necesidad nos vemos obligados a utilizar madera de encina, procédase de la siguiente manera: se serrará en planchas de poco grosor, finas, pues cuanto menos dureza ofrezcan, más fácilmente podremos unirlas con clavos; clávense dos clavos en la parte extrema de cada una de las vigas para que resulte imposible que se arqueen, levantándose sus partes extremas. No tratamos sobre la madera de cerro, de haya, ni de fresno, pues no son muy duraderas. Una vez colocado el entarimado, extiéndase por encima, si hay a mano, una capa de helecho o bien de paja, con objeto de proteger la madera frente a los problemas que ocasiona la cal.

 

(2) El «aesculo» es una planta arbórea con hojas pecioladas. Algunos autores lo identifican con el «roble de invierno», la encina blanca, etc.

 

 

Posteriormente se extenderá encima una capa de cascote del tamaño de un puño. Colocada la capa de cascotes, se extenderá otra capa de ripios; si se trata de ripios recientes de piedra o de ladrillo molido, se mezclará una parte de cal y tres de ripios; si se trata de ripios procedentes de ruinas o demoliciones, se mezclarán cinco partes de ripios con dos de cal. A continuación se apisonará repetidamente la capa de cascotes utilizando mazos de madera, para que quede perfectamente firme; este trabajo se hará mediante cuadrillas de hombres que ocupen todo el ancho de la capa, hasta que quede con un grosor de al menos nueve pulgadas. 

 

Sobre la capa de cascotes se extenderá otra de «restos arcillosos», con la siguiente mezcla: tres partes de polvo de ladrillo con una parte de cal, que formará un lecho de no menos de seis dedos. Sobre este lecho se extenderá el pavimento perfectamente nivelado, bien sea de losetas de mármol, o bien de mosaico. Una vez colocado, daremos al pavimento una adecuada inclinación y se pulirá hasta que -si se trata de losetas- no quede ninguna arista en las baldosas, bien tengan forma de rombo, de triángulo, de cuadrado o de hexágonos, sino que la unión de las junturas esté nivelada una con otra ofreciendo una superficie totalmente plana; si se trata de pavimento de mosaicos, todos sus bordes deben quedar planos ya que si no fuera así su pulimento no habrá sido correcto. 

 

Los pavimentos de azulejos colocados «a espiga», como los que se usan en Tívoli, deben nivelarse con sumo cuidado, ajustándolos de modo que no haya huecos ni salientes sino que queden perfectamente alisados y pulidos; sobre los azulejos pulidos se derramará polvo de mármol y se extenderá encima una capa de cal y de arena.

 

MUESTRA DE PAVIMENTO DE AZULEJO EN TÍVOLI

 

Los pavimentos que vayan a quedar al aire libre deben adaptarse a tal finalidad, pues al hincharse por la humedad los entramados, o al disminuir su volumen debido a la sequedad, o bien al combarse, sufren variaciones que ocasionan serios problemas en los pavimentos; además, las escarchas y los hielos reducen su durabilidad. Si nos vemos obligados a su utilización, con el fin de que no tengan ningún problema debe procederse así: colocadas las vigas, póngase sobre ellas otras atravesadas, bien sujetas con clavos, lo que posibilitará un doble entablado al entramado; posteriormente, se mezclará una tercera parte de piedras y ladrillos molidos con ripios nuevos, más dos partes de cal que darán un compuesto de cinco elementos para

formar el mortero.

 

Cuando se haya echado una primera capa de cascotes en seco, cúbrase con otra capa de ripios, que, bien apisonados, deben tener un grosor no menor de un pie; colocada esta capa, como antes se ha descrito, se extenderá el pavimento con pequeñas piedras de mosaico de dos dedos de espesor aproximadamente y con un desnivel de dos dedos por cada diez pies; si se prepara todo correctamente y queda todo perfectamente alisado, el pavimento resultará impecable. Para que el mortero que va entre las junturas no sufra daños provocados por las heladas, se cubrirá cada año con heces de aceite, antes del invierno, y así se evitará que penetren las escarchas.

 

MUESTRA DE PAVIMENTO DE AZULEJO EN TÍVOLI

 

Pero si se quiere conseguir un resultado más cuidadoso, colóquense unas baldosas de dos pies unidas entre sí encima de la capa de cascotes, con mortero; las baldosas tendrán en cada uno de sus lados unas hendiduras o estrías de un dedo de anchura. Estas estrías se rellenarán con cal mezclada con aceite y las junturas bien compactadas entre sí quedarán totalmente estregadas. 

 

Ya que, cuando se endurezca la cal, adhiriéndose a las estrías, impedirá el paso del agua o de cualquier otro líquido a través de las junturas. Cuando quede totalmente solado se extenderá encima una capa de trozos de ladrillo, que se apisonará con pilones. Sobre ella se colocarán, con el desnivel que antes hemos dicho, unas grandes losas o bien ladrillos molidos puestos en forma de espiga. Si se hace todo de este modo, los pavimentos permanecerán en buen estado, durante mucho tiempo.

 

#InPerfecto

 

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