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EN BÚSQUEDA DE LOS MAESTROS MARCO VITRUVIO POLIÓN parte 13

#Arquitectura
Los altares estarán orientados hacia el este y siempre a un nivel más inferior que las imágenes que vayan a situarse en el templo.

 

 

Carlos Rosas C / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

Terminemos con el Libro Cuarto del tratado de los Diez Libros de Arquitectura de Vitruvio Polión, habremos llegado a la mitad este tratado que no debe perderse de vista, su aportación debe de dejar de verse como un contenido más de asignatura de teoría e historia en las escuelas de arquitectura para convertirse en un documento que nos recuerde que los argumentos estéticos deben estar presentes en cualquier momento en que el diseño requiera solucionar cualquier objeto. Sigan con nosotros.

 

LIBRO CUARTO

 

CAPITULO QUINTO

LA ORIENTACIÓN DE LOS TEMPLOS

 

La orientación de los templos de los dioses inmortales debe establecerse de la siguiente forma: si no hay ningún obstáculo y si se presenta la oportunidad, la imagen sagrada, que será colocada en la cella, se orientará hacia el occidente, con el fin de que quienes se acerquen al altar para inmolar o sacrificar víctimas, miren hacia el oriente y hacia la imagen sagrada situada en el templo; así, quienes dirijan sus súplicas contemplarán al mismo tiempo el templo y el oriente y dará la impresión de que las mismas imágenes son las que contemplan a los que elevan sus súplicas y sacrifican sus víctimas, por lo que es preciso que los altares de los dioses queden orientados hacia el este. 

 

EJEMPLO DE ORIENTACIÓN DE TEMPLOS

 

Si el lugar presentara un serio obstáculo, debe entonces cambiarse la orientación siempre que desde el templo pueda contemplarse la mayor parte de la ciudad. Si, como sucede en Egipto junto al Nilo, va a levantarse un templo junto a un río, se orientará hacia las márgenes del río. De igual modo, si van a situarse cerca de las vías públicas, levántense de modo que los viandantes puedan contemplarlo de un golpe de vista y hacer sus reverencias.

 

CAPITULO SEXTO

LAS PUERTAS DEL TEMPLO

 

Consideremos en primer lugar de qué orden han de ser para fijar las proporciones de las puertas exteriores y de sus jambas. Los órdenes o estilos de las puertas son tres: dórico, jónico y ático.

 

Las proporciones que se observarán en el orden dórico son: la parte superior de la cornisa, colocada encima de las jambas de arriba, estará al mismo nivel que la parte superior de los capiteles de las columnas, levantadas en el pronaos. La abertura del portal (hipetro) quedará fijada de modo que la altura del templo, desde el pavimento hasta los artesones del techo, se divida en tres partes y media: dos de estas partes serán para la altura del vano de las hojas de la puerta; divídase esta altura en doce partes: cinco partes y media serán para el ancho de la abertura o vano, en su parte inferior; en la parte superior, el vano se estrechará así: si el vano tiene dieciséis pies de altura desde la parte más baja, la anchura de la jamba se reducirá una tercera parte; si es de dieciséis a veinticinco pies, la parte superior del vano se reducirá una cuarta parte de la jamba; si tiene una altura de veinticinco a treinta pies, redúzcase la parte superior una octava parte de la jamba. 

 

Cuanto más altos sean los vanos, conviene colocar las jambas en vertical, en perpendicular. Las jambas se estrecharán en su parte superior una decimocuarta parte de su anchura. La altura del dintel será la misma que la anchura de las jambas, en su parte más alta. El cimacio debe medir una sexta parte de la jamba, y su resalto debe medir lo mismo que su altura. Ha de esculpirse un cimacio lesbio con un astrágalo. Sobre el cimacio del dintel debe colocarse el friso, con la misma altura que el dintel; en el friso se esculpirán un cimacio dórico, un astrágalo lesbio con una moldura ligera. 

 

La cornisa será plana y tendrá su propio cimacio: su resalto medirá lo mismo que la altura del friso. Los resaltos, que sobresalen a derecha e izquierda del dintel, han de labrarse de forma que sus basas se prolonguen y se unan perfectamente («a uñas») con el cimacio.

 

Si las puertas van a ser de estilo jónico, la altura de la abertura sea la misma que la del estilo dórico. Así quedará fijada su anchura: divídase su altura en dos partes y media y una de estas partes quede para la anchura inferior de la abertura. Para su contracción procédase como en el estilo dórico. Una decimocuarta parte de la altura de la abertura o vano en el frente medirá el ancho de las jambas y su cimacio una sexta parte. Exceptuando el cimacio, divídase lo restante en doce partes. La primera faja, junto con su astrágalo, ocupará tres de estas partes; la segunda faja ocupará cuatro partes y la tercera cinco Partes; las fajas con sus astrágalos formarán un círculo en torno a las jambas. Como se ha descrito en el estilo dórico, procédase de igual manera respecto a los frisos sobre la puerta, conservando una proporcionada dimensión. 

 

Las ménsulas (o parotídes) se tallarán a derecha e izquierda y quedarán colgando hasta el mismo nivel de la parte inferior del dintel, excluyendo las hojas. En su parte frontal, las ménsulas tendrán una anchura equivalente a una tercera parte de las Jambas, y en su parte inferior serán una cuarta parte más delgadas que en la parte superior.

 

Las puertas se harán de forma que los maderos de los quicios tengan una anchura equivalente a una duodécima parte de la altura del vano. Entre los dos maderos de los quicios, los entrepaños ocuparán tres de estas doce partes. Estos travesaños de la puerta se distribuirán de modo que, dividida su altura en cinco partes, los travesaños superiores ocupen dos de estas partes y tres, los inferiores.

 

En la parte intermedia se colocarán dos travesaños. Los restantes se ensamblarán estrechamente en la parte de arriba y en la parte baja. La anchura de los travesaños será equivalente a una tercera parte de los entrepaños de la puerta; el cimacio medirá una sexta parte de los travesaños. La anchura de los maderos de los quicios será la mitad de la de los travesaños; igualmente la anchura de los batientes de la puerta será la mitad más una sexta parte de la de los travesaños. Los maderos de los quicios, que están colocados al lado de las jambas, tendrán la mitad de anchura que los travesaños. Si las puertas tienen batientes, mantendrán esta altura aunque a su anchura se añadirá la anchura de las hojas. Si la puerta va a ser de cuatro hojas, increméntese un poco más su altura.

 

Tratándose del orden ático las puertas tendrán la misma proporción que las del orden dórico, exceptuando las fajas del cimacio que circunvalan las jambas y que deben dividirse de modo que tengan dos de las siete partes de la anchura de las jambas, exceptuando el cimacio. No deben hacerse enrejados, ni tampoco de dos hojas, sino con batientes que se abran hacia afuera.

 

He ido explicando las proporciones que conviene respetar en la construcción de los templos dóricos, jónicos y corintios y lo he expuesto como mejor he podido, haciéndome eco de las costumbres y usos establecidos. Pasaré ahora a tratar cómo conviene construir los templos de estilo toscano.

 

CAPITULO SÉPTIMO

LOS TEMPLOS TOSCANOS

 

El solar donde va a construirse el templo divídase en seis partes en cuanto a su longitud, y su anchura tendrá cinco de estas partes. Distribúyase su longitud en dos partes iguales: la parte interior quedará reservada para las cellas y la que quede contigua a la fachada será para colocar allí las columnas. En diez partes se dividirá su anchura: tres de estas diez partes serán para las cellas más pequeñas, situadas a derecha y a izquierda, o bien para las naves laterales; se darán cuatro partes para la nave intermedia. 

 

ORDEN TOSCANO

 

El espacio que quede en el pronaos delante de las cellas se reservará para las columnas, de forma que las columnas angulares queden situadas frente a las pilastras de las paredes más exteriores; las dos columnas intermedias sitúense frente a las paredes, que se levantarán entre las pilastras y la parte media del templo; colóquense las otras columnas entre las pilastras y las columnas primeras, alineándolas cada una en su propia ubicación. 

 

TEMPLO DE JÚPITER

 

El imoscapo de todas ellas tendrá un diámetro equivalente a una séptima parte de su propia altura y ésta será una tercera parte de la anchura del templo. El sumoscapo sufrirá una disminución de una cuarta parte respecto al imoscapo. Las basas tengan una altura equivalente a la mitad del diámetro de la columna. El plinto de las basas será circular, con una altura que sea la mitad de su propia basa; sobre el plinto irá el toro junto con su apófisis, con el mismo ancho que el plinto. Sea la altura del capitel la mitad de su diámetro. La anchura del ábaco medirá lo mismo que el diámetro del imoscapo. La altura del capitel se dividirá en tres partes: una será para el plinto, que sirve como ábaco; otra parte será para el equino y la tercera parte para el hipotraquelio junto con su apófisis. Colóquense sobre las columnas unas vigas que exigirán una altura proporcionada a la envergadura de la obra. 

 

Estas vigas bien trabadas tendrán de anchura lo mismo que el hipotraquelio del sumoscapo y quedarán unidas mediante grapas de madera de ensamblaje y mediante abrazaderas, de manera que la trabazón deje un intervalo de dos dedos. Si las vigas llegaran a tocarse y no pudiera pasar entre ellas el aire, entonces se recalentarán y en poco tiempo se echarán a perder. Sobre las vigas y sobre las paredes se extenderá el vuelo de los modillones, equivalente a una cuarta parte de la altura de la columna. Las jambas se fijarán en la parte frontal y encima se colocará el tímpano de mampostería o de madera. Sobre el tímpano se tirarán unas vigas que sustenten el caballete del tejado, unos canterios y unos maderos, de modo que los canales del tejado formen una pendiente a tres aguas.

 

CAPITULO OCTAVO

LOS TEMPLOS CIRCULARES

 

Además de los templos ya estudiados, se construyen otros templos circulares: unos, se llaman monópteros, sin cella y únicamente con columnas; otros, perípteros. Los templos que carecen de cella poseen un estrado y un acceso con gradas que ocupan una tercera parte del diámetro del templo. Sobre los pedestales se levantan las columnas cuya altura coincide con el diámetro de los pedestales, desde un extremo hasta el otro extremo de la pared; su ancho sea una décima parte de su altura, incluyendo los capiteles y las basas. 

 

El arquitrabe tenga una altura coincidente con la mitad del diámetro de la columna. El friso y los demás elementos que se colocan sobre el arquitrabe, se dispondrán tal como hemos descrito en el libro tercero, al tratar sobre las proporciones.

 

Por el contrarío, si se construye un templo períptero, colóquense dos gradas y los pedestales se asentarán a ras del suelo. Posteriormente se levantará la pared de la cella, apartándola del pedestal aproximadamente una quinta parte de su anchura; en su parte central se dejará un vano para la puerta de dos hojas, que posibilite el acceso. El diámetro de la cella, sin contar las paredes ni la galería de circunvalación, coincidirá con la altura de las columnas. Sobre los pedestales se distribuirán las columnas, que irán rodeando la cella, con unas mismas proporciones. La techumbre, que se extenderá en medio, tendrá un diámetro igual a la totalidad de la obra que se va a construir; la mitad del diámetro se dará a la altura de la cúpula, exceptuando la flor de adorno, cuya altura será igual al capitel de la columna, sin contar la pirámide. Los restantes elementos deben construirse con la misma proporción y simetría que anteriormente hemos descrito.

 

También se construyen templos de otros órdenes distintos, pero organizados con la misma simetría; no obstante, poseen una distribución muy diferente, como es el templo de Cástor en el Circo Flaminio y el templo de Veyove levantado entre dos bosques sagrados; el templo -mucho más fino- de Diana de los Bosques posee unas columnas añadidas a ambos lados, en los costados del pronaos. El primer templo del estilo del templo de Cástor en el Circo Flaminio fue el de Minerva en la ciudadela de Atenas y el de Palas en Atica, en la cima del Sunio: ambos tienen las mismas proporciones. 

 

La longitud de las cellas es el doble que su anchura, como sucede con otros templos; todos los elementos que aparecen en las fachadas, en estos templos aparecen también en sus costados. Algunos arquitectos toman del estilo toscano la disposición de sus columnas y la trasladan a construcciones de estilo corintio y jónico; y en los mismos lugares donde sobresalen las pilastras en el pronaos, ellos colocan dos columnas frente a las paredes de la cella y así consiguen una distribución análoga entre el estilo toscano y las construcciones griegas. Pero hay otros que retiran de en medio las paredes del templo y las adosan a los intercolumnios, con lo que se consigue un espacio más amplio para la cella, al añadir el espacio que han ganado; en los restantes elementos mantienen la misma proporción y la misma simetría y así da la impresión que han originado un templo diferente, de un nuevo aspecto, el «pseudo díptero».

 

Estos nuevos estilos se van transformando, debido a la práctica de los sacrificios, pues no deben construirse unos mismos templos a divinidades distintas, ya que cada divinidad proporciona su eficacia mediante una diversa variedad de ritos sagrados.

 

He puesto de manifiesto todas las proporciones de los templos y he diferenciado sus distintos órdenes, sus simetrías, así como las variaciones de su configuración exterior y la heterogeneidad que los hace dispares: todo ello lo he dejado expuesto por escrito, como mejor me ha sido posible indicarlo. A continuación voy a tratar sobre las aras de los dioses inmortales, con el fin de que tengan una adecuada disposición para los sacrificios. 

 

CAPITULO NOVENO

LOS ALTARES DE LOS DIOSES

 

Los altares estarán orientados hacia el este y siempre a un nivel más inferior que las imágenes que vayan a situarse en el templo, para que, quienes realicen sus súplicas y sus sacrificios, puedan contemplar la divinidad ocupando distintas alturas conforme al respeto y al decoro de cada divinidad. La altura de los altares dedicados a Júpiter y a los dioses celestes será la más elevada posible; para Vesta, la Tierra y el Mar, serán más bajos. De esta forma, siguiendo este método se llevará a cabo la configuración de los recintos, sin caer en desconsideraciones.

 

Una vez explicadas ya las distribuciones de los templos en este libro, desarrollaremos en el libro siguiente el tema de la distribución de los edificios públicos.

 

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