Editorial

La gran ciudad

#InPerfecciones
La velocidad de las grandes ciudades, bancas que mendigan y centros comerciales que huelen a explotación.

 

 

Alejandra Rivero / @a.n.dra._
rale1706@gmail.com

Estaba escuchando a Juan Son, cantaba que vivía en algo llamado planeta y mientras caminaba se destruían pedazos. Llevamos más de un año enfrentando una pandemia mundial basándonos en los recursos de cada país, tal vez sea el año en el cual más voces intentan hacerse escuchar, un año en el que el poder se impone en cada momento, las fuerzas armadas ya no van contra el narcotráfico y señalan a aquellas personas de tez morena, tatuados, aquellos que se miran mal. 

He pensado varias veces sobre la típica frase “lo mire y agradecí por lo que poseo” me parece que es una de las frases más poderosas para enunciar la desigualdad, como ser prieto, moreno, azabache, rasgado, sucio, y de lo que llamamos vulgar como si esta breve frase nos diera el poder de posicionarnos sobre otros que no corren con la misma “suerte” que nosotros. Las múltiples realidades que nos conforman como país se encuentran sesgadas por un color de piel, forma de hablar, la ropa que se usa, los lugares que se frecuentan, el consumo, uso del transporte y cada mínimo paso hacia la oficina enuncia un paso a una banca situado en el centro histórico de la ciudad, donde dormir acalla el hambre y la desigualdad es tangible; donde se compra ropa fast fashion en la calle de madero y se ven vagabundos mendigando en las calles. 

De igual forma esta es una mera observación de lo que implica una frase tan simple como ejercer una diferenciación significativa sobre alguien que se encuentra desposeído, tal vez para otras culturas espirituales: aquellas personas que se miran sin hogar practiquen un acercamiento mucho más profundo que meditar dentro de un tapete caro de 600 pesos y tomando una clase con un profesor del Tíbet. No lo mal entiendan, me parece conflictivo comparar realidades con el fin de hacernos sentir mejor, como si el ego humano no pudiera separase de lo que hacemos y decimos constantemente. 

Definitivamente no me considero una persona equilibrada, poseo al igual que todos una inmensa cantidad de contradicciones, que difícil es ser coherente en un mundo que nos dice que hay que ser incoherentes. Hace tiempo creía que ser una persona espiritual era meditar y hacer yoga, hoy en día sigo sin comprender que es la espiritualidad, sin embargo puedo hablar sin equivocarme que lo más cercano a aquello que podría definir como espiritual es bailar, sentir mis pies, estar presente, habitándome, concentrándome, confiando, siendo un punto de partida, brindar mi cuerpo como un apoyo, sentir que estoy flotando en un plano donde solo siento fluir una energía que me incita a seguir, a dar más y sonreír más, a escuchar la música y emocionarme. Continuar en este proceso de autocuidado en el que me doy masaje diario a pesar de estar muy cansada porque mis articulaciones lo necesitan, comer mejor y no por estética. 

 

#InPerfecto