Editorial

El que para otro pide, por sí  aboga

#InPerfecciones
No cabe duda de que es muy arriesgado meter a los dioses en nuestros asuntos políticos,  de reclamos, de inconformidades con nuestros semejantes, de justificación para las palabras que pudieran haber  ofendido a otros.

 

 

Firenze Genis
editorial@inperfecto.com.mx

 

 

No cabe duda de que es muy arriesgado meter a los dioses en nuestros asuntos políticos,  de reclamos, de inconformidades con nuestros semejantes, de justificación para las palabras que pudieran haber  ofendido a otros. También lo es hacerlo para sentenciar sin ninguna buena intención, por el contrario cargada de mala vibra, como dicen por ahí.

¿Porqué digo esto? Aún estoy recuperándome de lo que escuché de boca del político morenista y gobernador de Puebla, de la chula Puebla, Miguel Barbosa.   No sé cómo se sientan quienes no lo eligieron como mandatario de su entidad, sin embargo sus propios correlegionarios no aprobaron su dicho: “Yo gané, me robaron, pero Dios los castigó”.

Un desafortunado comentario muy alejado de palabras  de unidad y reconciliación.   

Durante su visita a Huejotzingo, Puebla, mencionó estas palabras. Me sorprende que él, quien no está exento de sufrimientos a causa que una avanzada diabetes, se atreva a “escupir al cielo”, con el riesgo de recibir lo propio. No goza de la mejor salud, le fue amputado el pie derecho en  2013 y aparentemente ha perdido la visión en un alto grado. 

Cuando se le recuerdan estas debilidades físicas, contesta así: “Soy una persona con una discapacidad, pero no me siento amputado de nada”.

¡Juzguen ustedes!

Dice el refrán, dicho o como le quieran  llamar, “el que para otro pide, por sí aboga”. ¿Será que el ilustre gobernador Barbosa está resentido con la vida y en su fuero interno cree que los otros se la deben?

No quiero adentrarme en terrenos de política, pero por qué tal coraje con un matrimonio como el de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, de buena edad, de presencia agradable, con hijos pequeños, él ex gobernador y ella gobernadora, ambos exitosos. Insisto, no juzgo su quehacer político ni  las alianzas que pudieran haber tenido, veo únicamente a una pareja de triunfadores; eso molesta y molesta mucho a quienes no nacieron con atributos de carismática figura, ni de óptima salud.

Recuerdo la historia del sapo y la luciérnaga.

Le pregunta la luciérnaga al sapo, ¿oye, sapo, porqué me odias tanto?  Y el sapo de mala manera y con agrio gesto le responde: te odio porque me molesta tu brillo.

Tal vez no se tenga  una grata personalidad, pero si nos adornamos con amabilidad y cortesía tanto en nuestros actos como en nuestras palabras, y sobre todo con un constante cultivo de virtudes que nos hagan un poco sabios y amigables, conseguiríamos aceptación, más allá de la de los acarreados y la de los grupos preparados para exaltar a un personaje a cambio de una dádiva.    La elegancia de la palabra bien dicha, reviste de encanto. Dicen que verbo mata carita, pero en Puebla, verbo mató lo que pudo ser un buen discurso que propiciara la unidad. Lejos de eso, se dio rienda suelta al resentimiento y reclamo. Esperemos que Dios no lo escuche, y si lo hace, no tome en cuenta las palabras de encono y revancha.

Miguel, Miguel, como gobernador de una entidad, estás obligado a citar tus trabajos, tus proyectos, tus acciones de gobierno, no a lanzar como predicador de antaño frases que lastimen y ofendan a tus paisanos y a quienes te escucharon proferir  esas palabras.

 ¡Cuidado!,  con la suerte de otros y con la salud no se juega y menos con la  muerte de un adversario, ocurrida en un nebuloso accidente aéreo, aún sin esclarecer. 

 

 

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