Editorial

EN MEMORIA DE KAORI CANTARERO.

#InPerfecciones
Descansa en paz querida amiga, ahora a nosotros nos toca lengüetear las calles como unas perras para sobrevivir, como siempre decías.

 

 

Ricardo Sámano / @samano_O
ricromsam@gmail.com

Kaori Cantarero, tenía 27 años, era una mujer trans que nació en Honduras y decidió migrar a México escapando de la violencia que vivía en su país.

En alguna ocasión me invitó a probar la comida típica de su tierra natal y nos fuimos a un restaurante que se llama ¨El trapiche¨, ubicado en la colonia Escandón; ella pidió un pollo con tajada y yo elegí una pupusa; mientras esperábamos los platillos fue cuando decidió contarme su historia.

 

Llegó a México a los 17 años, llena de esperanzas e ilusiones por tener una mejor vida; sin embargo las circunstancias la orillaron a ejercer el trabajo sexual como su única opción para sobrevivir, viajó a lo largo de la república: Monterrey, Guadalajara, Quintana Roo y finalmente se estableció en la Ciudad de México.

Vivía entre hoteles, pensiones y en la casa de alguna de sus tantas amigas que tenía, Kaori era una mujer muy sociable, vanidosa, orgullosa, déspota e incluso escandalosa, esa fue la breve historia que me contó de ella mientras compartíamos la comida y le daba un trago a su Tonayan.

 

A lo largo de los meses descubrí que pertenecía al grupo étnico garínagu que se encuentra en algunas regiones del Caribe y en alguna ocasión la escuché hablando un idioma raro, al preguntarle por qué hablaba así, me comentó que era su lengua natal garífuna.

Yo la conocí como Angora, nombre que le asignaron cuando llegó a dormir al parque que se encuentra frente a la alcaldía Cuauhtémoc, la bautizaron así porque era una gata fina, Angora era una mujer distinta a Kaori, más humilde, cálida y se preocupaba por toda la banda del parque, quizá las condiciones en las que vivió los último meses la llevaron a actuar de esa forma; pero sin duda puedo considerarla una amiga, una hermana y un gran ser humano.

 

Sus problemas de adicciones le causaron serios problemas de salud que finalmente llevaron a su muerte repentina el 22 de junio.

 

La pérdida de Angora deja un gran vacío y se suma a la larga lista de mujeres trans que pierden la vida por la discriminación que viven de parte de la sociedad, la desigualdad e injusticia que se vive en este sistema y el pésimo trabajo por parte de las instituciones para las personas que se encuentran en situación de calle. 

Kaori no murió, el estado la mató y somos cómplices de su asesinato.

 

Nos quedamos con los buenos recuerdos de ella, las risas que nos arrancaba con sus ocurrencias y sus típicas frases. Descansa en paz querida amiga, ahora nos toca a nosotros lengüetear las calles como unas perras para sobrevivir, como siempre decías.

 

#InPerfecto