Editorial

¿Por qué hay violencia en México? Parte 1

#InPerfecciones
Una interpretación budista a los problemas de hoy

 

 

Theo Laurendon
theo.laurendon@gmail.com

 

 

 

Decia Krishnamurti: “La fuente de la violencia es el “yo”, el ego, el yo mismo, que se expresa de tantas maneras diferentes —en la división, en tratar de llegar a ser o en ser alguien— con lo cual se divide a sí mismo como el “mí” y el “no mí”, como lo inconsciente y lo consciente, el “mí” que se identifica o no se identifica, bien sea con la familia o no con la familia, con la comunidad o no con la comunidad, etc. Es como si se tratara de una piedra tirada en un lago: las ondas se extienden y extienden, y en el centro está el “mí”. Mientras sobreviva el “mí” en alguna forma, ya sea muy sutil o brutal, tendrá que haber violencia”³ .

Mientras nos aferramos con apego a las cosas, mientras sigamos luchando y competiendo contra los demás, mientras sigamos mintiendo, presionando, juzgando, criticando, presionando, manipulando, ignorando etc. en nuestra vida cotidiana seguiremos siendo nosotros también participes de la violencia colectiva.
Hasta la mujer que es golpeada por su marido y no dice nada es cómplice del dolor del mundo. Pues si silencio es una poderosa arma que alimenta a la violencia. Que permite perpetuar el ciclo y crear más y más daños. Y si yo me enfado contigo, tu estarás enfadado también. Contagiaras esta violencia a tu casa, y tu mujer también la va a contagiar en su trabajo y tus hijos gritarán en la escuela. Su maestra se sentirá frustrada, dolida, estresada y explotará tarde o temprano etc.
Todos somos parte de la violencia colectiva.

El Ahimsa, o principio de no violencia, hace referencia en el budismo al voto de nunca usar la violencia, ni siquiera para defender derechos fundamentales nuestros. Invita a oponerse de forma firme, pero sin atacar. A decir un “no” rotundo y fuerte sin dañar a los demás. Esta fuerte negación y defensa de lo justo y de lo bueno se práctica siempre desde la compasión. Es decir desde el amor, respeto, cariño etc. que nace en nosotros cuando vemos el sufrimiento en nosotros o fuera.
¿Cuantas veces en la historia y los últimos acontecimientos, tanto en México como en el mundo, fue y es solamente la rabia, el juicio, la frustración y el odio que mueven las contestas sociales?
Y es que si bien estos sentimientos parecen al inicio justificados, hacen bascular el péndulo de la vida de un extremo…a otro. Incapaces de buscar el equilibrio, el punto medio, estos discursos crean nuevas formas de conflictos tanto dentro como fuera de los individuos.
Desde la perspectiva budista, una respuesta compasiva a la violencia es la única forma de encontrar este recto medio que genera menso sufrimiento a corto, mediano y largo plazo.

La violencia la generamos todos, a veces con nuestra actitud pero ante todo con nuestra inacción. Responder con frustración, desesperación, resignación o silencio a la violencia es una forma de alimentarla.
Si no iluminamos el mundo con la luz de la compasión, somos cómplices del ciclo de la violencia. No parar o frenar la rueda es quedarse atrapado por su movimiento destructor y desesperante. Es convertirse en cómplice.
El budismo nos invita a tener el valor de bloquear claramente la violencia y sus raíces, empezando por la que generamos inconscientemente nosotros a diario, y de responder a ella desde la compasión. La única vía que nos puede liberar a todos del sufrimiento.

Pues la raíz de la explosión de violencia en México, tiene como principal raíz la falta de educación en compasión, en autoconocimiento. Es en parte responsabilidad del estado y de las políticas educativas pero no olvidemos que el único realmente responsable de nuestras vidas somos nosotros, nunca el estado. La compasión. Que puede crear una revolución, como paso en la India con Ghandi. La violencia…es la sombra que aparece cuando falta la luz del amor.

 

#InPerfecto