Editorial

JUSTIFICACIONES

#InPerfecciones
Los dichos del historiador Pedro Salmerón han desembocado en su dimisión al frente del INERHM, la ideología se pone de manifiesto de manera incorrecta una vez más.

 

 

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

Hablar de movimientos sociales en México implica dos maneras de concebir dichos actos, la historia oficial y la que de manera oral y escrita emana de los propios movimientos y que por lo general se contrapone con la anterior. De algún modo las movilizaciones que histórica y oficialmente se encuentran plasmadas en los libros de texto nos hablan de movilizaciones que se gestaron a partir de la necesidad de terminar con el mal gobierno, en eso hay coincidencias, de eso no cabe duda, finalmente el malestar social es y será una bomba de tiempo para cualquier régimen.

 

Dicho lo anterior, es necesario que el sentido común se apodere del análisis al momento de pensar que cualquier movimiento revolucionario tiene tras de si un historial de intercambios bélicos y de sangrecon la base social que trata de sacudirse a un régimen que ha caído en los excesos e irregularidades que se vuelven en su contra cuando el estallido social se vuelca a las calles a exigir lo que por derecho le corresponde. En ese sentido no hay argumento que se contraponga a la exigencia de mejores condiciones sociales y de gobierno.

 

Los dichos del historiador Pedro Salmerón –ahora ex director del INEHRM- en los que se refirió a los integrantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre como “valientes” en torno a la supuesta participación de estos en el secuestro y asesinato del empresario Eugenio Garza Sada en 1973, tuvieron tal efecto y reacciones en contra que desembocaron en la dimisión del historiador. Se le acusó principalmente de hacer apología de la violencia al justificar a los integrantes guerrilleros por el asesinato del empresario, y después de una serie de comunicados, todo quedó en la renuncia y triunfo de la presión en redes sociales.

 

Sin embargo, hay que poner en perspectiva que si bien la hipersensibilidad sobre actos donde la violencia se hace presente en el marco de la situación actual de país donde efectivamente la violencia se encuentra desatada, desde luego que justificar un acto de naturaleza violenta tendrá reacciones muy ríspidas. El punto es que la percepción de los movimientos sociales que se han manifestado en México después de 1910 y particularmente en las décadas de los sesenta y setenta, se han visto estigmatizados por la mano del régimen de gobierno, y la “guerra sucia” que fue un periodo donde especialmente la persecución y desaparición de focos de “rebelión” dieron episodios muy lamentables en cuanto al irrespeto de los derechos humanos en nuestro país.

 

Podemos decir que nada justifica el secuestro y asesinato de nadie, pero esa construcción se da a partir de un periodo en el que socialmente consideramos que la paz y la resolución de los eternos pendientes nacionales se deben dirimir mediante las vías legales existentes, eso sería lo esperado. La situación ha brincado a la escena de manera desafortunada no solo por venir de un ex funcionario de gobierno, sino por la intención que de manera velada queda de manifiesto bajo una ideología que busca permear –considero- de manera equivocada, sobre todo si lo que se ha cantado una y otra vez es la transformación pacífica del país, de modo que la contradicción abunda.

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