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DESPUÉS DE LA TORMENTA

#Editorial

 

Carlos Rosas C.

carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

La sorpresa en realidad no lo fue tanto cuando los primeros números y declaraciones comenzaron a fluir, es probable que la expectativa por tener una jornada electoral con más escándalo que participación ciudadana se encontró muy sobrada pero esa sensación no es mas que el reflejo de lo que fueron las campañas que afortunadamente habían llegando a su fin.

 

La tendencia de las encuestas que fueron la sal de la espesa campaña resulta que presentaron ciertamente una cercanía a los números finales que siendo suspicaces y sospechositas podríamos señalar que el resultado de la elección ya estaba decidido y que ante la cantidad de descalificaciones de cada una de esas encuesta al final se presentó el síndrome de “encuestitis” y que con la cantidad de videos, mensajes escritos y de audio que circularon en redes sociales denunciando delitos electorales por anticipado la llegada del primero de julio era algo así como terminar de una buena vez con la adolescencia donde solo se dan tumbos de inmadurez.

 

Ya los medios se han encargado de difundir las anomalías de la jornada electoral pero el mejor termómetro para definir la manera en que se llevó a cabo la “gran fiesta de la democracia” la tiene cada uno de nosotros y en el resultado se encuentra inclusive un alto grado de sorpresa cuando antes que inmediatamente el señor José Antonio Meade por ahí de las 8:10 de la noche sale a informar que las tendencias no lo favorecen y que desea buena suerte –porque la necesitará- al hasta ese momento virtual ganador Andrés Manuel López Obrador para después soltar las de cocodrilo y perderse entre la oscuridad de la noche cosa que obligó a los otros dos contendientes a hacer lo propio con tal rapidez que en cosa de cuarenta minutos el chiste de la jornada prácticamente se había terminado sin emoción ni dramatismo, todo el mundo había conservado las uñas y los frascos llenos de ansiolíticos, al final con el mensaje de Lorenzo Córdova y posteriormente el de Enrique Peña Nieto el resultado de la elección se encontraba sentenciado.

 

¿Qué sigue ahora?, lo que sigue son cinco meses de preparativos para la toma de posesión, sigue la generación de expectativas alrededor de la figura de AMLO y de todo su equipo de trabajo, sigue la realidad ver que es posible y que no alrededor de todos los ofrecimientos hechos en campaña, sigue el momento en que como dicen por ahí no será “lo mismo que lo mesmo”, pero lo que en definitiva no sigue es el cambio mágico ni la desaparición y destierro de la maledicencia que va a requerir de un alto grado de habilidad e inteligencia para la atención de todo lo inmediato.

 

Sin embargo con el avasallador triunfo de López Obrador tiene que venir un ejercicio continuo de observación y no por parte de la poca oposición que tendrá en las cámaras, si no que la observación y señalamiento debe provenir por parte de quien deposito su voto a favor y sobre todo de quienes votaron en contra, aspecto que deberá comenzar a tener un peso específico como no lo ha tenido en administraciones pasadas, como se olvido con la falsa alternancia del sexenio de Vicente Fox cuando de la euforia se pasó al hartazgo de ver el talento que tuvo un jefe del ejecutivo para hacer de su administración un circo lleno de malos actos y sobre todo muy caro. No hay vuelta de hoja, no se debe caer en el exceso de confianza que genera el empoderamiento momentáneo del ejercicio del voto, se debe ejercer continuamente el derecho de expresar y señalar lo que requiere atención sobre una base real de posibilidades.

 

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