#InPerfecciones
El mundial de fútbol representaba una oportunidad única para impulsar un
turismo de mayor poder adquisitivo que viniera a gastar su dinero en México.
Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com
El turismo en el mundo es una actividad relativamente nueva. Aunque hay quienes encuentran un antecedente en las viejas hosterias medievales y virreinales, o incluso en los llamados cuando los viajeros de esas épocas se dedicaban principalmente al comercio. El turismo contemporáneo responde a distintas dinámicas: recorrer y conocer nuevos lugares, descanso y diversión (principalmente en playas y lugares soleados) y un más moderno concepto de “consumo de experiencias”, tales como conciertos o eventos deportivos (olimpiadas, mundial de fútbol,superbowl, etc). De hecho a todo lo anterior le podemos llamar la industria del ocio.
El turismo es un sector importante para la actividad económica nacional. En México el PIB turístico representa el 8.7% del PIB Nacional (datos del INEGI para 2024) e impacta directamente en transporte, alojamiento, alimentos y actividades recreativas y culturales; de manera indirecta beneficia a los sectores de servicio, comercio, construcción, agrícolas, entre otros.
De acuerdo con datos de ONU Turismo (la oficina especializada por parte de Naciones Unidas que da seguimiento y recopila información a nivel global) en 2025 los países con mayor número de turistas a nivel mundial fueron, en orden decreciente, Francia, España, Estados Unidos, China, Italia, Turquía y México ocupando el sexto lugar, que ha sido la posición donde usualmente se ha ubicado, a excepción de los años 2020 y 2021 cuando nuestro país llegó a instalarse en segundo y tercer lugar derivadas de las restricciones de viaje de casi todos los países durante la pandemia.
Lo anterior habla a favor de nuestro país como destino preferido a nivel internacional. Sin embargo, mientras que en 2025, Francia y España recibieron cada uno de ellos cerca de 100 millones de turistas internacionales al año, México captó alrededor de 48 millones, más o menos la mitad de los países top en este rubro. Esta comparación nos lleva a una reflexión: cómo aumentar el número de turistas a nuestro país (sin saturar los destinos como sucede en Venecia).
Pero existe otro indicador quizá más importante que el simple volumen de turistas: el ingreso de divisas. A nivel mundial en 2025, el primer lugar lo tiene Estados Unidos que captó aproximadamente 215 mil millones de dólares y España obtuvo 106.5 mil millones de dólares; por su parte, en México se alcanzaron 35 mil millones de dólares ubicándose en el lugar 16 a nivel mundial. Esto quiere decir que si bien se reciben muchos turistas, el gasto que realizan en nuestro país es menor en cuanto a proporción.
La Secretaría de Turismo, a través del reporte Turismo en cifras. Enero – Diciembre 2025, señala que en 2025 los visitantes internacionales aumentaron un 6.1% (el incremento promedio en el mundo fue de 4%) con respecto a 2024,y que los ingresos se elevaron de manera proporcional en un 6.2%. Un dato positivo, sin embargo, el detalle es que el gasto promedio de los visitantes internacionales, que fue de 356.3 dólares, representó una disminución del -6.6% con respecto a 2024, y se suma a la caída del -7.0% de 2024 comparado con 2023. Para ponerlo en perspectiva, en algunos sitios especializados ponen a la cabeza de esta categoría a Luxemburgo con más de 5 mil dólares en promedio.
Es decir, en cifra totales, se ha incrementado el número de turistas y el ingreso de divisas, pero al observar el gasto promedio por visitante vemos que ha caído en los últimos dos años. Y ahí es donde nos planteamos cuál es realmente el objetivo de la política turística mexicana: ¿Incrementar el número de visitantes a cualquier costo, aun cuando ello implique masificación, deterioro urbano y presión sobre los servicios públicos? ¿O apostar por atraer un turismo de mayor poder adquisitivo capaz de incrementar la derrama económica?
El Programa Sectorial de Turismo 2025-2030, parece optar por la primera opción. Ahí se señala que “la inversión, así como los recursos humanos y financieros, se concentran en destinos consolidados de sol y playa, relegando a un segundo plano a comunidades rurales y otras zonas del país con alto potencial de desarrollo turístico”. Entre los objetivos del programa sectorial están: “Fomentar el desarrollo regional y comunitario en áreas menos desarrolladas”, “Promover la atracción de inversiones en infraestructura turística en estados y municipios” y “Promover la sostenibilidad en destinos y productos turísticos en el territorio nacional”. De lo anterior se desprende que la búsqueda es incrementar el número de turistas a través de mayor inversión y diversificación, junto con un enfoque de sostenibilidad.
Es cierto que el turismo es una actividad generosa, que genera empleos, permite difundir las riquezas culturales, arquitectónicas y gastronómicas del país, pero el mundial de fútbol, esa gran ventana mediática, representaba una oportunidad única para atraer al turista de mayor poder adquisitivo y que gastara su dinero en México y no en Luxemburgo, porque quienes viajarán al país serán personas de ingresos altos. Y no porque el fútbol haya dejado de ser un deporte popular, sino por los precios de los boletos, que empiezan por los 5 mil y llegan a 80 mil pesos o más por partido.
Si trazamos el perfil del turista mundialista (precios de boletos, vuelos internacionales, hoteles 5 estrellas, restaurantes de la Guía Michelin, etc) podemos anticipar que no estará interesado en el turismo comunitario ni en los pueblos mágicos. Es correcto impulsar un turismo con rostro social y la diversificación de los mercados, pero el mundial era el motivo perfecto para modernizar aeropuertos, transformar sistemas de transporte, recuperar espacios urbanos y elevar estándares de servicios, y de esta forma atraer a ese turismo de alta gama que deja mayores divisas. El contraste será que en los estadios se venderá la “experiencia hospitality”, mientras que las sedes mundialistas presentarán problemas de movilidad, seguridad y calidad urbana. Se le intentará vender agua de jamaica a quien toma champagne.




