Editorial

Al pueblo, pan y circo

#Nacional
Cuando se presenta un acontecimiento inconveniente para el gobierno en turno, porque puede representarle impopularidad, es de “agradecer” que irrumpa una noticia que cimbre a ese pueblo crédulo y hambriento de espectáculo.

 

Firenze Genis
editorial@inperfecto.com.mx

 

Cuando se presenta un acontecimiento inconveniente para el gobierno en turno, porque puede representarle impopularidad, es de “agradecer” que irrumpa una noticia que cimbre a ese pueblo crédulo y hambriento de espectáculo.

Ahora, después de los violentos hechos en Culiacán, Sinaloa, en los que debió liberarse a Ovidio Guzmán, hijo de uno de los más importantes capos de México, El Chapo Guzmán, encarcelado en los Estados Unidos,  se suscitó un tremendo escándalo en el país.

 Los comentarios en favor y en contra del proceder y la decisión presidenciales se mantienen hasta la fecha. Unos de acuerdo con la opinión  del Presidente López Obrador, quien se autocalificó de amante y cuidadoso de la vida del pueblo, y otros lo llamaron improvisado, aparentemente acobardado y  falto de carácter, además de recriminarle la falta de un programa bien estructurado. 

Realizar un  homenaje al inolvidable José José, en el Zócalo de la Ciudad de México, fue muy bien planeado. Reunió a más de 100 mil seguidores del Príncipe de la Canción.  Participaron en este tributo artistas muy del gusto de la mayoría de los mexicanos, interpretando canciones dulzonas y de triste final, arrancando suspiros y una que otra lágrima. Claro está que se  entonaron las baladas que hizo tan populares José José. 

Otro espectáculo que vino a atenuar el efecto Culiacán en la popularidad y aceptación del presidente fue la Fórmula 1, el  Gran Premio, la carrera de autos más esperada y que hace unos meses estuvo en riesgo de no efectuarse. Esta competencia fue en el Autódromo  Hermanos Rodríguez, de la capital de la República, pero dio lustre y sirve para mostrarnos ante el mundo como un país en paz y con actividades internacionales de primer nivel.

También citemos el interesante desfile de Catrinas y Cabezones, la gran cama de Frida Kahlo con ella  en reposo, tal como la llevaron al Palacio de Bellas Artes, en 1954.

Desfilaron 21 países y resultó un éxito como en años anteriores. Dicen que  los mexicanos jugamos con la muerte, que la vemos cara a cara y la hemos padecido en tantas entidades de nuestra hermosa república. Diariamente, aparecen personas, de edades diversas, víctimas del delito y de la violencia.

¿A estos muertos  los considerará también “pueblo” nuestro presidente?   Un pueblo amenazado, amedrentado, desvalido, agredido y, finalmente, robado. Le han  robado la vIda. Como dijo José Alfredo Jiménez, un compositor de Guanajuato: “la vida no vale nada”.

No concuerdo con el cantautor.  Claro que vale la vida, es nuestro mejor y más grande tesoro. Llevamos en lo que va del gobierno del Presidente López Obrador, la bonita cantidad, como dicen en los sorteos,  de 29 mil 629 personas muertas de manera violenta.

Cifra aterradora la anterior. Ha superado los número de sus antecesores, en los mismos períodos. 

Por lo pronto, tuvimos un gran desfile de Catrinas,  el premio de la Fórmula 1, maravillosa carrera de autos, y un sentido tributo a nuestro añorado José José. Todos estos eventos reunieron a una gran cantidad de personas. Así que la tragedia y el ridículo de Culiacán pasaron a  segundo término.

 Antes de las fiestas y el ajetreo de Navidad, pocos tendrán en la mente ese insólito e inaceptable  pasaje de la fallida aprehensión del tan mencionado Ovidio Guzmán.

Después de esta breve reflexión, estaremos de acuerdo en que al pueblo “pan y circo”,  y a otra cosa mariposa.

 

La voz de la Calle

Firenze Genis

 

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