Editorial

AMLO EVANGELIZADOR

#InPerfecciones
Es cierto que la práctica y relación de los ministros religiosos y los políticos tiene línea directa de interacción.

 

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

 

¿Predicar o hacer política?, en un país como México resulta “inconcebible” juntar el agua y el aceite por aquello del Estado es laico –o al menos esa es la teoría- , sin embargo, en tiempos de la 4T, la posibilidad –milagrosa- de hacer lo imposible deja claro que aquella sentencia blasfema de “al diablo las instituciones” no era más que una profecía para cuando llegara el momento de poner sobre la mesa la postura de un sermón de la montaña político.

 

En realidad la política y la religión en México no han caminado por separado jamás, sus caminos paralelos van siempre en función del poder que se ejerce sobre la ciudadanía y generalmente son las que confrontan de manera más ríspida los ánimos de la gente, y, aunque constitucionalmente el derecho que se tiene –y ejerce- de libertad de culto es una realidad, ésta no ha implicado ni la tolerancia y mucho menos el respeto, podemos dar cuenta de muchos episodios en los que aspectos religiosos han derivado en persecuciones, desplazamientos y asesinatos por tal motivo.

 

La declaración del Presidente donde se compara con la figura de Cristo al equiparar su preocupación y atención hacia los pobres gana nuevamente de manera importante la atención por la intención velada de confrontarse con “sus opositores”, y aunque antepone el tema del “humanismo”, al tratar de emulsionar la política y la prédica lo único que logra es irrespetar el concepto del estado laico. Es muy importante tener claridad sobre los términos que se pretende hilvanar y que salen por la tangente de un principio de izquierda. Al menos históricamente los gobiernos a los que la historia oficial señala como causa de las revueltas e inconformidades han tenido que ver con discursos llenos de religión, y si nos acercamos al avance de la derecha en los países donde éste régimen se ha instaurado, el discurso de moralidad y religión se ha posicionado de manera importante al plantearse como la némesis de esas izquierdas “ateas e inmorales”, algo así como el discurso de la guerra fría donde se sostenía que el comunismo era producto de elucubraciones diabólicas.

 

Es cierto que la práctica y relación de los ministros religiosos y los políticos tiene línea directa de interacción, también es cierto que una gran cantidad de corruptelas se han dado bajo el cobijo del poder político, judicial, económico y religioso, lo cual debe ser causa de una revisión profunda en la forma en la que se emiten los discursos y justificaciones para utilizar conceptos que terminan siendo campañas oficiales político-evangelizadoras. Si bien la intención de  equiparar  el accionar político y social con la obra de Cristo pudiera parecer una nimiedad, tiene una carga ideológica que confronta y para nada resuelve los eternos pendientes nacionales. Recordemos que lo único cierto es que religión y política no dejan de ser mecanismos de control social y quien los domina tiene un poder absoluto que tiende más hacia la monarquía que a la democracia. Debe quedar muy claro que a Dios lo que es de Dios y a López lo que es de López.

 

#InPerfecto

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