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PEQUEÑA HISTORIA DE UN GRAN ESPACIO PÚBLICO.

#Arquitectura
A fines de 1946, los nueve maestros de Composición de la Escuela de Arquitectura de San Carlos decidieron llevar a cabo entre sus alumnos un concurso preliminar “de ideas”

 

 

Carlos Rosas C / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

 

Es probable que nunca pase de moda por la cantidad de historia que representa para México, por su presencia en la vida de quienes la hemos disfrutado como estudiantes y como visitantes, sin duda nunca dejará de maravillarnos su escala, su señorío, sus pasillos, espejos de agua, sus extensas áreas verdes, y esos recovecos donde se reúnen alumnos a disfrutar del Campus de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

El 12 de mayo de 2018 el portal de InPerfecto publicó en el marco del especial “1968, en la Memoria de México” el especial de arquitectura titulado “Ciudad Universitaria, el monumental hogar de los estudiantes”, en el que se presenta una relatoría del origen y participantes que hicieron le pusieron dimensión, color y función al hogar no solo de los estudiantes, sino tambien al crisol de ideas que la mantienen en pie como ese bastión que combate a la intolerancia y a la intransigencia.

 

En ésta ocasión hemos recuperado un artículo del arquitecto Teodoro Gonzales de León (1926-2016) en el que nos relata sobre el concurso de diseño del que emanaría el proyecto ganador del plan maestro de Cuidad Universitaria.

 

El documento se desprende del número 4 de la revista Arquitectura del invierno de 1992, y que espero disfruten todos este interesante artículo del maestro Gonzales de León.

 

PEQUEÑA HISTORIA DE UN GRAN ESPACIO PÚBLICO

Por Teodoro Gonzáles de León.

 

La Ciudad Universitaria es el espacio público más grande de la Ciudad de México, solo equiparable en dimensiones al Bosque de Chapultepec. Su construcción constituyó un acto político de gran aliento que proporcionó trabajo a cerca de cien arquitectos y treinta ingenieros, quienes a su vez colmaron con contratos a todas las firmas disponibles de diseño estructural y de instalaciones durante tres años. La obra no solo fue trabajo, tambien alentó la imaginación y el entusiasmo que se reflejaron en el diseño en su conjunto y en los edificios ya concluidos.

 

Vistos a distancia, conforman una obra abigarrada, compleja y, a la vez de gran unidad estilística que marca con vigor una época de nuestra arquitectura que en la década de los cincuenta fuera ampliamente divulgada en todo el mundo; significó tambien, una operación urbana, típica de la posguerra que iniciara la huida al suburbio, fenómeno manifestado en todas las grandes ciudades de ese tiempo. Un análisis mas cuidadoso y profundo demostraría que a partir de esa obra comenzó el deterioro del centro de la cuidad, mal llamado histórico.

 

Muy pocos saben que para la realización de esta obra, el plano de conjunto tuvo su origen en un concurso nacional, convocado por la Universidad Nacional Autónoma de México y que el proyecto ganador partió de un trabajo realizado por tres estudiantes.

 

Paso a relatar como se realizó nuestro primer trabajo profesional:

 

A fines de 1946, los nueve maestros de Composición de la Escuela de Arquitectura de San Carlos decidieron llevar a cabo entre sus alumnos un concurso preliminar “de ideas” –así le llamaron- para seleccionar una de ellas que desarrollada, posteriormente pudiera ser propuesta y representara a toda Escuela en el Concurso Nacional.

 

CONCURSO INTERNO E.N.A. 1946 Proyecto ganador Arq. Mario
Pani.

 

Como alumnos de Arquitectura en la Escuela, Armando Franco y yo cursábamos parte del 4º y 5º año de la carrera. Pero habíamos decidido, en ese momento, dejar el estudio durante medio año y destinarlo a viajar en el interior del país. Trabajamos en el estudio del Maestro Pani. Tuvimos a nuestro cargo dibujar personalmente la idea que presentara Pani: Una típica solución Beux Arts, con glorietas y ejes diagonales, que hoy serían el deleite de muchos posmodernos.

 

Casualmente, Enrique del Moral, quien ocupara un despacho contiguo al de Pani en un edificio cerca de la glorieta de la Diana Cazadora en Reforma, estaba desarrollando una idea muy semejante a la de Pani. Convertidos en ganadores del concurso preliminar, habilitaron un taller en la Escuela para iniciar con la ayuda de los alumnos el desarrollo de la propuesta para el Concurso Nacional.

 

CONCURSO INTERNO E.N.A. 1946 Proyecto ganador Arq. Enrique del Moral

 

Fueron verdaderamente las dos mejores propuestas de las nueve presentadas. La de Augusto Álvarez, única que tenía aire moderno, dispersaba los edificios y no utilizaba la parte sana sin roca del terreno. Nosotros, estudiantes, estábamos desolados. Veíamos que se iba una oportunidad gigantesca para proyectar un conjunto urbano con el espíritu del Movimiento Moderno. Éramos adictos y seguidores de Le Corbusier y también hoy lo veo de lejos, bastante rebeldes.

 

CONCURSO INTERNO E.N.A. 1946 Proyecto ganador Arq. Augusto Álvarez

 

Decidimos, por lo tanto abandonar el despacho de Pani y hacer una propuesta propia a la que invitamos a Enrique Molinar, quien estaba en 5º año y tenía un pequeño despacho. Trabajamos durante un mes sobre nuestra idea y produjimos una laminita, la cual de muy buena fe y con mucha ingenuidad, se la presentamos a Pani y Del Moral, sin que obtuviéramos de ellos ninguna reacción. Nos dimos cuenta de que ellos ya habían avanzado en el desarrollo de su propia idea.

 

PRIMER DESARROLLO 1946 Arquitectos. Mario Pani y Enrique del Moral

 

Por nuestro lado, seguimos insistiendo y fuimos a ver a José Villagrán –el no participó en el pre concurso por no ser maestro de composición-, pero se le consideraba el padre intelectual de la escuela.

 

Nuestra insistencia tuvo buen resultado. La gran sorpresa ocurrió cuando en una reunión en el salón de actos de la Escuela, se hizo la presentación ante el Rector Zubirán del avance del concurso. Se proyectaron diapositivas, junto con todas las ideas del pre-concurso; así mismo, se presentaron las láminas de avance de los ganadores y antes de que terminara el acto, se levantó Villagrán –siempre recuerdo esto, me conmueve profundamente- con nuestra lámina original en la mano diciendo “que faltaba por mostrar una idea que a él le parecía la mejor porque contenía un concepto urbanístico moderno y que asombrosamente, era la propuesta de tres alumnos. Fue sensacional.

 

PROPUESTA DE ALUMNOS 1947 A. Franco, T. González de León, E. Molinar.

 

A partir de ese momento el apoyo de todos los maestros y alumnos no se hizo esperar. Quedamos como coordinadores para continuar el desarrollo de la propuesta, trabajando, intensamente, a nuestro lado alrededor de 60 ó 70 maestros y alumnos bajo nuestra dirección. Se dibujaron, con pasión febril, como 50 láminas; al mismo tiempo, se trazó el enorme plano de conjunto y se hizo la monumental maqueta.

 

CONCURSO NACIONAL 1947. Anteproyecto ganador. Plano de conjunto presentado por la Escuela Nacional de Arquitectura

 

En el Concurso Nacional, además de las Escuela de Arquitectura de San Carlos, participaron otros tres arquitectos, ganando el concurso la propuesta de la Escuela. Fernando Gamboa, arquitecto muy joven entonces, se encargó de montar la exposición en el patio de la Escuela, con todos los trabajos. 

 

A partir  de ese momento, poco a poco, fuimos desplazados de nuestra posición de coordinadores. Hoy, a 44 años de distancia, veo que nuestra situación era insostenible y que era lógico que sucediera lo que consideramos una gran injusticia. No fue hasta los años 70 cunado Enrique del Moral, tardíamente, hizo un reconocimiento en una publicación oficial de la Universidad Nacional Autónoma de México de nuestra participación.

 

No lamento el suceso. Por el contrario, creo que los alcances de la reacción fueron más importantes. La recomendación de Villagrán  abrió las puertas a otros horizontes de la arquitectura en Nueva York, parte de Europa y me permitió trabajar con Le Corbusier durante año y medio. Esto fue infinitamente más valioso que haber adquirido una responsabilidad profesional temprana para la que no estaba preparado.

 

Gracias al cuidado de Armando Franco, estos documentos se han conservado y es hora que con la amable invitación de los arquitectos Isaac Broid y Enrique Norten, por primera vez se publican. Vista a distancia, nuestra intervención sería la primera aplicación del espíritu del Movimiento Moderno en un problema urbanístico, coincidiendo en un conjunto gigantesco y significativo.

 

El Movimiento Moderno en México, había sentado sus bases desde el final de los años 20´, en artes plásticas y en arquitectura con Tamayo, Rodríguez Lozano, Villagrán, Obregón, O ‘gorman, pero no existía ningún ejemplo de diseño urbano moderno. Ese fue el primero. 

 

 

 

FUENTE

REVISTA PERIÓDICA DE ARQUITECTURA.

Nº 4, Invierno 1992

PAGINAS 23, 24, 25

Director: Isaac Broid.

ISSN: en trámite.

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