Editorial

GASOLINA Y ESTATUS.

#InPerfecciones
¿A que se le tiene más miedo?, ¿al socialismo?, ¿al comunismo?, ¿o a perder el supuesto estatus de vida?, entrampados en un mar de descalificaciones todo mundo tiene razón, y vaya que somos campeones para alardear.

 

Carlos Rosas C.
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

A lo largo del tiempo la percepción de cada aspecto que nos rodea va cambiando, y tiende a alcanzar cierto nivel de claridad con el que es posible establecer las bondades o negativas de lo que nos acontece. Claro que considero que nadie debería de jactarse de que la experiencia que los años le dan le permite saber lo que pasa y pasará en el futuro porque me parece demasiado arrogante alcanzar un buen nivel de experiencia considerando a los demás de menor categoría.

 

A este nivel puedo ver como la coyuntura nacional ha dejado de lado el debate inteligente en el que los argumentos de cualquier índole se encuentran por encima del aspecto, color, o filiación política para convertirse en un inmenso crisol de descalificaciones llenas de encono, sectarismo, racismo y discriminación, dejando la implementación de la lógica en el olvido, y es que resulta que en la defensa de la postura a favor o en contra de un gobierno que ha llegado al poder de manera suigéneris después de un proceso de campaña muy especial y que ahora con un mes y medio en la administración las manifestaciones a favor y en contra han chocado de manera continua y con niveles de agresividad que han ido en escalada dentro de las redes sociales en donde el discurso ha llegado a niveles muy por debajo de lo que se esperaría en un país donde todo el mundo hace alarde de tener la razón y saber lo que sigue y seguirá, incluso hay quien se jacta que ya sabía desde siempre que pasaría.

 

Ya la semana pasada dimos cuenta sobre el tema del desabasto de combustible en el país, derivado del cierre de ductos como parte de la estrategia en contra del huachicoleo y que ha sido la puerta de entrada para una discusión monumental en la han quedado expuestas muchas formas de percibir esta acción y sus consecuencias, donde ha quedado de manifiesto el temor irrefrenable como en aquellos años sesenta donde el pánico a la invasión de las hordas comunistas o socialistas sobre nuestro país lleno de libertades, donde no hay cabida para esos revoltosos que pretenden todo para todos y la justicia social o el bienestar nacional sin clases sociales que es la fuente de la profunda desigualdad económica y marginación social a lo largo de la historia.

 

Estos temores por la entrada de un régimen que nos traiga tanta desdicha como en Venezuela, o aquellos países europeos del viejo bloque comunista de los años setenta y ochenta que sucumbieron ante el desabasto producto de un bloqueo global que los ahorcó y terminó desestructurando como en el caso de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas y que con la caída del muro de Berlín terminó con una época utópica donde occidente se dio vuelo promocionando las muy malas formas del régimen comunista mediante el cine y los medios, vaya que dejó una huella muy profunda en la memoria histórica mundial y en México no es la excepción. Aspecto que ahora que se ve tan cerca la llegada del desabasto, la pobreza, y el adoctrinamiento surgido de los mismos que en algún momento formaron parte de ese sistema al que el socialismo o comunismo combatió ideológicamente pues la terrorífica imagen se eleva al cuadrado.

No nos podemos olvidar bajo ninguna circunstancia que antes de tan siquiera pensar que llegará a nuestro país un sistema donde nos digan que hacer y cuando, porque en este “oasis de libertad” si de algo nos sentimos orgullosos es de poder hacer lo que nos venga en gana, lo que no podemos perder de vista es que la pobreza, el desabasto, la marginación, la violencia, la corrupción, inflación, especulación, etc. existen de igual manera que existen en los países bajo el régimen del “diablo”, y de acuerdo, es verdad podemos hacer lo que nos venga en gana como dilapidar nuestros recursos, vivir en un condominio que ocupa una zona de reserva ecológica, decir que los pobres son pobres porque no trabajan, y discriminar a esos indios mientras les regateamos su artesanía porque ese es el supuesto derecho que pensamos tener por pagar impuestos y ser de una “ideología” “liberal”.

 

Imposible pensar en desabasto, inaudito pensar en ver los anaqueles de los supermercados vacíos, terrible ver coartada la libertad de cargar gasolina en el momento que se desee, porque lejos de pugnar por lo que ideológicamente no queremos en este país, lo que está quedando de manifiesto es el terror a perder el estatus de vida en el que se encuentran los “altísimos ejecutivos” que gritonean y tildan de estúpidos a los que votaron por AMLO, pero a la inversa los defensores de la cuarta transformación agazapados desde sus trincheras han dejado de ser críticos y apuestan a una fe que en política resulta poco útil cuando de dar resultados se trata. El caso es que nos encontramos entrampados en una pugna nada constructiva que solo descalifica y agrede, dejando lo importante que es ser políticamente activo en manos nuevamente de unos pocos que piensan tener la panacea en la palma de la mano, situación que únicamente deja claro que políticamente seguimos siendo muy inmaduros, muy predecibles, y muy manejables.

 

#InPerfecto

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