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ARQUITECTURA Y NATURALEZA parte 2

#EspecialdeArquitectura
Si los vemos con empatía, estos edificios parecen seres humanos, relacionados con nosotros.

 

Carlos Rosas C.
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

“Una de las fallas más graves de la arqueología moderna y de la historia de la arquitectura ha sido su incapacidad para conceptuar y reconocer la relación que siempre ha existido entre la topografía y la construcción en todas las culturas humanas”

 

Así sentencia Vincent Scully cuando hace referencia a un rasgo de arrogancia en las disciplinas que históricamente se han dedicado al estudio de la arqueología y la arquitectura que es parte del objeto que nos tiene aquí conociendo algunos pormenores que deben de observarse para que el oficio de la arquitectura tenga sentido y no se vea únicamente como la sucesión de planos sin intencionalidad que en la actualidad vemos todos los días debido a la dura mercantilización de la tarea de la arquitectura.

 

Esta es la segunda parte del ensayo de Vincent Scully, y es producto de sus apreciaciones personales sobre arquitectura en el seno de las diferentes culturas del mundo, sigan con nosotros.

 

ARQUITECTURA Y NATURALEZA parte 2

 

El mismo principio rige la ubicación y la construcción de las aldeas de los indios, pueblo del suroeste de  Estados Unidos, que continúan absolutamente activos como centros ceremoniales y de los cuales Taos sigue siendo el ejemplo más impresionante.

 

Allí, al igual que en las demás aldeas de los indios pueblo, la pirámide North House, hecha por el hombre tiene forma asimétrica, pero aún así reproduce claramente las masas del monte Taos y persiste la creencia de que su abstracción artificial de las formas naturales ayuda al monte a entregar su agua a la inagotable corriente que fluye por el centro de la plaza. Vista de lado, North House se yergue como un típico altar celeste de los indios pueblo, haciendo eco y abstracción de las formas de las nubes, de manera que la representación de las danzas que ante ella se ejecutan –el golpeteo del tambor y del pie haciendo vibrar su estructura- hacen danzar a la montaña, hacen danzar a las nubes, tal vez modificando el curso de la propia naturaleza, dando la imagen con todo ello de una olla de presión del poder, lo que la ciudad del hombre siempre ha sentido ser.

 

 

Todavía hoy se pueden observar relaciones similares entre el ritual humano y las formas de las montañas y los edificios en todas las aldeas de los indios pueblo del suroeste estadounidense, en donde, al igual que en Mesoamérica, cada sitio tiene su configuración particular basada en la relación entre las formas naturales y las artificiales, pero en todas partes el principio fundamental sigue siendo el mismo. Por ello las aldeas de los indios pueblo por muy humildes que sean, siguen funcionando como ciudades y poderosos centros ceremoniales que incluso nos hacen recordar el ritual de la misma Tenochtitlan de los Aztecas, donde el templo de Quetzalcóatl se encontraba frente a la depresión entre el templo de Tláloc, a la izquierda y el de Huitzilopochtli, a la derecha,

 

Allí se levantaba el sol en su equinoccio y pasaba por detrás de Tláloc durante la época húmeda de la agricultura y por detrás de Huitzilopochtli durante la época seca dedicada a la guerra, y a la captura de prisioneros. Por el mismo rumbo, en la lejanía, se hallan las dos montañas más grandes de México, el Popocatépetl, a la derecha, y el Iztaccíhuatl, a la izquierda, lo que hace que los templos gemelos resuenen hasta los confines del vasto paisaje.

 

En todos los sitios sagrados, grandes o pequeños, de Taos a Teotihuacán, las relaciones con el paisaje siguen básicamente el mismo patrón. Al sur en Tikal (Guatemala), sitio maya del periodo clásico, a primera vista podría parecer que se siguieron otros principios. El templo I, tumba y monumento al rey Ah Cacao, y el templo II, monumento a su reina, la señora Doce Guacamaya “se parecen” a estos importantes personajes. El Templo I semeja una figura de estatura elevada con una túnica y la cabeza erguida y coronada. Frente a este se encuentra el Templo II, majestuoso, bajo y ancho, tal como se representó la imagen de la Señora Doce Guacamaya grabada en el dintel de su templo.

 

 

Si los vemos con empatía, estos edificios parecen seres humanos, relacionados con nosotros. Sin duda parte de esa imaginería humana fue obra intencional de los mayas, sensibles a la belleza del cuerpo humano especialmente cuando se encontraba ataviado con bellas prendas o se encontraba transido de dolor. Sin embargo, es tambien evidente que el principio fundamental imperante en América, el de la imitación de las formas naturales, se aplicó asimismo en Tikal.

 

 

Los templos que coronan la base, hechos de piedra y mortero, forman un interior, estrecho, oscuro y abovedado semejante a una cueva. Al final de las empinadas escaleras, que subimos rodeados del calor tropical, nos recibe el aire frío y húmedo de ese interior, la exhalación misma de sus compañeras, las nubes.

 

Aquí, donde no hay montañas, la montaña hecha por el hombre eleva el templo sobre las casas de la ciudad, sobre la selva tropical de hoy, de tal forma que su cresta traza con delicadeza el perfil de las nubes (que diferencia de los planos rectangulares del suroeste que cumplen con el mismo objetivo) y su boca promete la lluvia. Los templos de Tikal se convierten en verdaderos “rascacielos”, los primeros de América, y no es de sorprender que los arquitectos de los rascacielos estadounidenses de los años veintes y treintas hayan adoptado sus formas intencionalmente.

 

 

En Mesopotamia, la situación topográfica se parecía un poco a la de Tikal, en el sentido de que solo existía la montaña artificial y ésta se elevaba en el centro de la cuidad comunicando el cielo con la tierra. Allá, sin embargo, se exageró la masa de la montaña, erguida amenazadoramente sobre la planicie de Mesopotamia, igual que sucedía en Tikal, el rey-sacerdote subía las escaleras para reunirse con los dioses en el cielo, pero aquí se destacaron los perfiles de la montaña en todas sus dimensiones con el fin de dramatizar el avance del personaje Gilgamés rey de Uruk (250 a.C.), quien luchó contra los dioses por la inmortalidad y solo la encontró en la permanencia de las inmensas obras arquitectónicas que construyó para la ciudad, fue el primer héroe épico, predecesor de Heracles y de los demás.

La montaña sagrada también es heroica por ser el escenario de sus proezas y el símbolo de su gloria.

 

 

 

En la siguiente entrega, Egipto, Grecia y otros detalles en la tercera parte de “Arquitectura y Naturaleza” que sin duda está muy interesante, no se lo pierdan. Un abrazo a todos nuestros lectores.

 

#InPerfecto

FUENTE

“SABER VER Lo contemporáneo del arte”

Nº 11 JULIO-AGOSTO 1993

Fundación Cultural Televisa

PÁG. 40-47

ISSN. 0188-6819

 

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