Editorial

NUESTRAS CALAMIDADES.

#InPerfecciones
“La reflexión debe ir encaminada hacia el peso y el valor que la sociedad civil adquiere en momentos clave, sobre todo en los que se precisa ayuda.”

 

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

Nuestras desgracias dialogan cíclicamente con nosotros, las mantenemos en nuestra memoria negándonos a dejarlas atrás porque olvidarlas sería como abandonar a nuestros seres queridos aunque ya no estén con nosotros, la repetición de los momentos más oscuros se agolpan en el imaginario colectivo que les ha dotado de un carácter casi mítico; no olvidar es la consigna que nos repetimos en silencio una y otra vez porque no olvidar es mantener con vida  a quienes una cruel circunstancia arrancó de este plano terreno.

 

Quizá lo que más nos duele es sabernos tan vulnerables, tan frágiles y tan expuestos a lo inevitable, toda precaución parece insuficiente cuando se trata de supervivencia, por eso experimentamos tanto temor cuando lo impredecible e incontrolable se presenta tan súbitamente amenazando nuestras vidas. Nuestro pensamiento mágico acude a lo superior en un dialogo que se termina bifurcando entre peticiones de ayuda, protección y explicaciones, sin embargo, a pesar de lo fatigoso que sea enfrentarnos una y otra vez con lo que nos ha provocado dolor, incertidumbre y zozobra, nos abrazamos a la tenacidad para seguir adelante y levantar lo que sea preciso levantar y levantamos nuestro espíritu, levantamos a los afligidos, levantamos  nuestros escombros y levantamos a nuestros muertos.

 

No hace falta entramparse en reflexiones metafísicas para encontrar justificaciones donde no las hay a modo de hallar un poco de sosiego para la incertidumbre y el temor, lo cierto, es que ante la calamidad y la desgracia, se activa un mecanismo de auto preservación no solo personal sino social que permea en muchos, nos solidarizamos con el que precisa ayuda, con el que sufre, con el desvalido, con el que busca a sus desaparecidos, con el que tiene hambre; después de todo no podemos insensibilizarnos y derrochar apatía ante el desastre, nos organizamos, creamos redes de ayuda y colaboramos sin necesidad de discutir para llegar al consenso, la consigna es clara, la consigna es recuperarnos lo más pronto posible.

 

Hemos aprendido de manera muy dolorosa que a la sociedad civil le sobran manos para levantarse una y otra vez, le sobra inteligencia y educación familiar y académica para organizarse y gestionar su identidad por medio de la solidaridad, no hace falta elucubrar elocuentes discursos atiborrados de ideología para vender soluciones de humo;  pero el aprendizaje ha sido doloroso, ha sido doloroso no solo por las perdidas humanas y materiales a lo largo de la historia, ha sido doloroso saber que la inacción o la irresponsabilidad de unos ha provocado la pérdida de hijos, padres y abuelos, ha provocado la pérdida del patrimonio de muchos, ha provocado la pérdida de la confianza en los que se anuncian como líderes o gestores de la gobernanza que habrá de procurar la restitución de la certidumbre en todos los ámbitos.

 

Nos hemos tenido que levantar una y otra vez a pesar de esos indecentes líderes políticos que terminan reventando la armonía de la organización de la sociedad civil con ofrecimientos desmesurados, líderes políticos que terminan por embolsarse las ayudas para estamparles su cara y su nombre lucrando con la necesidad y cobijados por la impunidad que les permite trabajar como una célula más del crimen organizado pero con licencia, porque el proceso electoral nunca termina para ellos y un voto es más importante que la vida o la tranquilidad de los ciudadanos.

 

La pregunta parece obvia, ¿por qué cuando los líderes políticos meten las manos en la organización de la sociedad civil todo se descompone? Parece que su labor es reventar la organización de los ciudadanos para que no comprendan que sin su presencia es posible organizarse con mejores resultados, por eso acuden de inmediato a la demagogia a la extorsión y a la burocratización de las implementaciones y de las acciones para solventar las necesidades de la población, el estatus de poder que ejercen por medio del control de los recursos se convierte en la piedra angular de su actuación, la comisiones para dialogar sobre los planes y proyectos de recuperación se convierten en interminables mesas donde no se soluciona para todos sino para los que terminan por comprometer su lealtad electoral con estos grupos de poder.

 

Los fideicomisos para atender desastres o contingencias se han convertido en la caja chica donde se obtienen recursos para la compra indiscriminada y descarada de votos, la narrativa se convierte en un mar de opacidad que ha dejado en la calle a mucha gente; para los líderes políticos es muy fácil prometer porque prometer no empobrece, al contrario para la clase política prometer es la fuente de recursos que tan vehementemente persiguen, para ellos es muy fácil porque no tienen que dormir bajo techos de cartón, ellos no saben lo que es perder su patrimonio y los que si lo saben pero que se han convertido en parte de ese grupo político que detenta el poder, han traicionado a sus pares, a los que depositaron su confianza y esperanzas en ellos, porque tal parece que la labor de la clase política es desarticular la organización natural de la sociedad civil.

 

Es mentira que los políticos representan a la sociedad civil, es mentira que se encuentren en la cima de la política para buscar el beneficio de la población, el dolor y la incertidumbre que provocan es la tónica de sus acciones que se suman a las desgracias que la sociedad civil tiene que sortear. Ciertamente nuestras desgracias se repiten de forma cíclica, la diferencia es que unas se encuentran fuera de nuestro control y para las cuales es necesario prepararnos, para las otras calamidades arraigadas en el comportamiento de la clase política tenemos la potestad de evitarlas dejando de alimentar sus apetitos políticos, cuestionándolos, exhibiéndolos como lo que son, parásitos que nada otorgan, parásitos que se dan baños de pureza, parásitos que todo lo politizan, parásitos que no se responsabilizan por nada ni por nadie.

 

La reflexión debe ir encaminada hacia el peso y el valor que la sociedad civil adquiere en momentos clave, sobre todo en los que se precisa ayuda, de modo qué, se normalicen los consensos sin necesidad de acudir a los agoreros de la burocratización de la ayuda, si la sociedad civil se ha levantado una y otra vez ha sido por su esfuerzo y sacrificio, si la sociedad civil se ha organizado y rescatado a los atrapados y muertos en medio de un derrumbe ha sido no por iniciativa de la clase política, si las organizaciones de damnificados han conseguido levantar sus viviendas ha sido porque le han arrancado a esos líderes políticos los recursos a los que tienen derecho, lo que debe quedarnos claro es el poder que la sociedad civil organizada tiene y que la clase política pretende monopolizar para no perder ni las prebendas ni el estatus.   

 

#InPerfecto