Editorial

Revoluciones 

#InPerfecciones
¿Qué hago aquí? 

 

Alejandra Rivero / @a.n.dra._
rale1706@gmail.com

 

Vivo una lucha interna conmigo, me planteo quien soy cada mañana, ¿qué sé, cómo lo aprendí, cómo lo enseño, cómo me muevo, con quienes hablo, cual es el tono de mi voz, mis posturas ideales y corporales ante el mundo?

Suelo caminar con el ceño fruncido y hablar de un cierto modo cuando enuncio lo que aprendí o reflexione en clases. Tengo un tono de voz cuando estoy a punto del llanto, es bien sabido que la voz se quiebra y duele. Sé que cuando me derroto en una clase bajo la cabeza y no sé qué hacer con mis brazos. Me he visto improvisar y sé que no muevo mi cabeza y pierdo de nuevo el rumbo.

Me he confrontado muchas veces, mis límites, capacidades, ambiciones y creaciones. Siempre vuelvo al mismo conflicto, dudar de mí. Vaya que hay que ser capullo para dejarse llevar por banalidades tan absurdas como lo son las físicas. Y bueno, soy ese capullo; aquella que aún se encierra en un sinfín de negaciones tejidas y anudadas por mí. 

Encuentro en la danza mi conflicto perfecto, mi lucha, aquella rebelión que quiero pelear y morir si es necesario. Y es la misma lucha que me derrota antes de iniciarla; tengo un ejército preparado y capaz de arrasar con todo a su paso, pero esta tan asustado que le tiemblan las piernas y quiere salir corriendo antes de abrir las puertas. 

Hay una fortaleza en mí que me da miedo sentir y es irrelevante ese maldito miedo de lo que pueda llegar a hacer. Sé cual es mi problema: pensar mucho y actuar poco, sentir mucho y demostrar poco. A veces las palabras se me quedan atoradas a la hora de la verdad. Soy inestable y me he fallado, vivo en un completo lío de cosas que me hago creer, que me dijeron y que sentí. En este año, como breve y explicita reflexión; comprendí que mis ideales no estaban tan firmes como lo llegue a pensar. Me he retado hasta llorar. He llorado de amor y por amor. He viajado con desprecio, expectativa y un gran cariño. 

Aprendí a gritar y a escuchar el poder de mi voz y las voces que me rodean, somos una sola voz que entre ira y furia salimos con valentía a los madrazos de la vida. No me declaro ni proclamo feminista, estoy muy lejos de ser la mitad de valiente de lo que son mis compañeras de lucha; con las que cara a cara, voz a voz tratamos de tirar un gigante, que entre pasos torpes y testarudos llamamos machismo. Hijo de los ISMOS: clasismos disfrazados de racismos, dualismos que solo nos colocan en señalar quien está bien y quién no. 

Quiero pelear mil guerras y es absurdo, aun no me doy el tiempo de pelear la mía. Estoy aquí, sentada, cansada, harta, fastidiada, enojada y estresada. Por lo que pasa, por lo que va y lo que viene, por no tomarme tiempo de pelear contra mí. Es muy fácil soñar el gran día en que soy descubierta y el telón se abre y yo estoy ahí, apunto de iniciar una obra, a punto de exponerme frente a millones y declararles mi amor por la danza y lo en lo que me ha convertido tanta disciplina. Y estoy aquí, contándote una historia que aún no puedo conquistar y ¡ALELUYA! porque aun puedo seguir escribiendo, peleando, preparándome, entrenando y soltando más miedos.  

En esta guerra campal, solo puedo pensar: ojalá que alguien me ame con todas mis revoluciones y esté dispuesto a luchar conmigo, que alumbre esos miedos perdidos y esos sueños que olvido o cubro de polvo. No por ser mi salvación divina, pero si un apoyo para alzar el puño y llevarlo en  alto hacia lo que no quiero descubrir. Entre las mercancías y producciones fabriles, quiero tu abrazo enraizado. 

Un beso fuerte y tronado en el oído y así; dejar de escuchar al mundo que recrimina la vida por no ser como ellos pretenden vivirla. La novena sinfonía de Bethoven es mi funeral. Y me abrazo a mis miedos como niña pequeña, asustada por soltarlos y ver lo que sucede. Y me abrazo a las morritas que me sacan de fango con sus sonrisas 

Un abrazo más para este mundo material, donde todo cuesta, todo se debe y un vidrio se rompe enunciando a la(s) desaparecidas y otro más en símbolo de las sometidas. Las formas de protestar nunca son las correctas, siempre se tiene un “pero” y una respuesta violenta. Cambiemos la consigna; “esas no son formas, si pensaran tal vez les harían caso, ¿ya se dejaron de matar mujeres por romper vidrios?, ojalá les hubieran pegado más fuete”. 

Internet permite “libre expresión” si cada comentario fuera castigado por la carga simbólica e ideológica que esconde; la mitad del país estuviera en cárceles por emitir discursos de odio y denunciar la “no tolerancia” a la misoginia. Si la pregunta fuera ¿Qué hacemos mal? No habría respuesta. Consideramos que todo lo que pensamos y opinamos debe ser ley y todos deben adscribirse a nuestra religión; donde proclamamos ser dioses con followers. Medimos la ignorancia con “me gusta”, “me enoja”, “me entristece”, “me encanta” y las emociones reales sobre pasan 4 estados para opinar. 

Un abrazo si se sienten un poco rotos…

 

#InPerfecta