#InPerfecciones
México necesita a la Unión Europea para diversificar sus mercados, desarrollar capacidades tecnológicas, fortalecer sus instituciones y mejorar sus mecanismos de cooperación en materia de seguridad.
Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com
Las relaciones comerciales entre la UE y México se institucionalizaron a partir de la entrada en vigor en 2000, del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación, mejor conocido como el Acuerdo Global. Este Acuerdo fue producto de la política de liberalización de aranceles, vía tratados comerciales, impulsada por el gobierno de Salinas de Gortari y que ha tenido continuidad hasta nuestros días con14 tratados con 52 países.
A diferencia del Tratado de Libre Comercio firmado con Canadá y Estados Unidos, que entró en vigor en 1994, el Acuerdo Global no se circunscribió únicamente al ámbito comercial, sino que contempló capitulos de cooperación en materias como ciencia, cultura, derechos humanos y democracia, entre otros.
Cuando se negoció el Acuerdo, el mundo venía con el impulso de la globalización, el libre mercado y la expansión de las telecomunicaciones gracias al internet. Era también el momento de la llamada tercera ola democrática que alcanzaba a América Latina y Europa Oriental, de una creciente integración económica e incluso política.
Hoy el panorama luce completamente diferente. De aquel optimismo desbordado pasamos a un escenario marcado por la fragmentación geopolítica, las guerras, el proteccionismo, la competencia entre Estados Unidos y China, la vulnerabilidad de las cadenas de suministro, el deterioro ambiental, la transición energética, la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la desinformación y la polarización.
El mundo cambió y, por tanto, era necesario actualizar el Acuerdo, como también ocurrió con el TLC y posteriormente con el T-MEC. De esta forma, el pasado 8 de julio, el Parlamento Europeo aprobó el Acuerdo Global Modernizado, cuya entrada en vigor dependerá de la aprobación de todos los países involucrados. El nuevo Acuerdo, además de poner mayor énfasis en los mecanismos de cooperación en distintas áreas, busca, como es natural, incrementar el comercio entre las partes. Actualmente, la Unión Europea es el segundo destino de las exportaciones mexicanas y el tercer origen de nuestras importaciones.
Sin embargo, no podemos medir el éxito del Acuerdo únicamente a partir de estas posiciones. Si bien la Unión Europea se encuentra entre los tres principales socios comerciales de México, los porcentajes dentro del total de nuestro comercio dicen algo distinto: alrededor del 10% del total de las importaciones y apenas el 4% de las exportaciones mexicanas tienen como origen o destino a la Unión Europea (datos de 2025). Y hay un dato que resulta todavía más significativo: al igual que en 1993, antes de la entrada en vigor del TLC, más del 80% de las exportaciones mexicanas continúan teniendo como destino Estados Unidos. En este sentido, el Acuerdo con la Unión Europea no ha producido la diversificación comercial que originalmente se esperaba. Incluso, en 2025 México registró mayores exportaciones hacia India que hacia Italia o Francia.
Pero donde más pendientes quedan es en aquellos ámbitos que van más allá del comercio. El Acuerdo incluye rubros como ciencia, tecnología y educación, pero por poner un ejemplo, México continúa mostrando resultados limitados en materia de innovación. Desde 2018, el registro de solicitudes de patentes en el país viene disminuyendo. En este sentido, de acuerdo con el World Intellectual Property Indicators 2025, durante 2024 se presentaron en el mundo 3.7 millones de solicitudes de patentes. China concentró 1.8 millones, mientras que México presentó poco más de 16 mil, eso sí, una cifra superior a la de Francia. El problema, entonces, no es solamente cuánto comerciamos con Europa, sino cuánto hemos sido capaces de aprovechar esa relación para generar conocimiento, innovación y capacidades propias.
Hay otro ámbito que llama especialmente la atención: la seguridad. El Acuerdo anterior contemplaba mecanismos de coordinación en esta materia, aunque sus resultados han sido limitados, más allá del establecimiento de una oficina de México en la Unión Europea en 2023. El Acuerdo Global Modernizado tampoco abunda demasiado en este tema. Por ejemplo, su artículo 1.9 señala que “las partes promoverán el diálogo y la cooperación en materia de seguridad ciudadana. Reconocen que la seguridad ciudadana tiene una dimensión nacional, transnacional, regional y birregional que requiere un diálogo y una cooperación más amplios”. La diferencia con el nivel de detalle que se observa en el apartado comercial es evidente.
Es cierto que el objetivo central del Acuerdo es fortalecer las relaciones comerciales entre México y la Unión Europea y que, para los otros ámbitos, existe un importante componente declarativo. Sin embargo, en materia de seguridad, a ambas partes les convendría pasar de las declaraciones generales a acciones mucho más específicas.
Aquí existe una oportunidad particularmente importante. La Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial, mejor conocida como Europol, es la institución encargada de facilitar la cooperación policial entre los países miembros de la Unión Europea y cuenta con diferentes niveles de colaboración con terceros países y organizaciones. Estos mecanismos permiten avanzar desde el intercambio de información no personal contemplado en los Acuerdos de Trabajo, hasta modalidades de cooperación estratégica y técnica en los Acuerdos Estratégicos y, los acuerdos operativos que permiten el intercambio de información más profundo y específico, incluidos datos personales, así como el intercambio directo de inteligencia para casos penales activos.
México ya cuenta desde 2020 con un Acuerdo de Trabajo con Europol. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana funge como ventanilla única para el intercambio de información con otras instituciones de seguridad pública del país. En América Latina, México, Argentina y Chile cuentan con acuerdos de trabajo; Brasil tiene un acuerdo estratégico y Colombia uno operativo. El siguiente paso para México debería ser avanzar hacia un esquema de cooperación mucho más operativo, que permita involucrar inteligencia, investigaciones financieras, cooperación judicial, operaciones conjuntas y, sobre todo, una estrategia común frente a las redes criminales transnacionales. Resulta paradójico que hayamos desarrollado mecanismos cada vez más sofisticados para facilitar el intercambio comercial y que, en materia de seguridad, la cooperación continúe siendo mucho más limitada.
México no solamente necesita vender más a Europa. Necesita utilizar esa relación para diversificar sus mercados, desarrollar capacidades tecnológicas, fortalecer sus instituciones y mejorar sus mecanismos de cooperación en materia de seguridad. Necesita transformar el nuevo marco jurídico en resultados concretos. Y ahí está precisamente la pregunta que queda después de 25 años: ¿y luego?
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