Editorial InPerfección Principal

Evolución y complejidad de la representación política

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La representación es un concepto dinámico y plural que no se limita a la transferencia del poder de los muchos a los pocos.

 

 

Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com

La democracia temprana, aquella surgida en la antigua Atenas y en otros lugares, “era un sistema donde el gobernante gobernaba de manera conjunta con un consejo o asamblea compuesto por miembros de la sociedad, independientes del gobernante y no sujetos a sus caprichos”, como la define David Stasavage en Caída y ascenso de la democracia. Al no ser poblaciones tan grandes, la mayoría de los adultos podía participar de manera directa y frecuente, aunque no de manera permanente, en las asambleas donde se discutían y aprobaban acciones y políticas específicas.

Con el tiempo, el crecimiento de las ciudades derivo en dejar atrás el modelo de democracia directa para pasara a la democracia representativa, es decir, se tuvo la necesidad de nombrar a representantes para acudir en nombre del pueblo a las asambleas. Entender la representación como el que unas pocas personas representen a muchas otras es totalmente moderno, señala Hanna Fenichel Pitkin en El concepto de representación. Asimismo, la representación funciona en diferentes esferas como: cesión de autoridad; responsabilidad; descriptiva de una determinada realidad; evocación simbólica; y acción en interés de alguien que no puede o no desa actuar personalmente. Es decir, la representación es un concepto dinámico y plural que no se limita a la transferencia del poder de los muchos a los pocos.

Antes las discusiones eran en el ágora, en la plaza pública, donde participaba la gente directamente, para posteriormente ser excluídos del quehacer gubernamental por las aristocracias y las oligarquías. Después llegaron los años donde se eligieron representantes pero sin que hubiera un vínculo directo con el pueblo, lo que hoy llamamos responsabilidad, transparencia y rendición de cuentas.

Con la aparición y masificación de los medios de comunicación tradicionales, televisión, radio, prensa, los temas de interés se fueron moldeando a través de las publicaciones, donde el pueblo podía saber de qué iba la discusión pública, pero sin espacio de participación. En esta etapa la comunicación era unidireccional. Al irrumpir las redes sociales en la vida pública, ya cualquiera puede opinar y dar su punto de vista, aunque su injerencia directa sigue siendo limitada y su información insuficiente.

Para que el ciudadano influya de mejor manera, se le tienen que dar toda la información posible y en tono neutro y objetivo. Pretender que mejores decisiones saldrán de mecanismos de democracia directa sin una óptima información, es simplemente trasladar de manera tramposa las responsabilidades a una sociedad que no siempre cuenta con el interés, conocimiento y herramientas suficientes en todos los temas.

Para Nadia Urbinati en La democracia representativa. Principios y genealogía, , la democracia representativa y la democracia directa se diferencian por la temporalidad. Mientras que la primera se caracteriza por tener procesos deliberativos más largos, la segunda ocupa el espacio de la decisión inmediata entre un sí o un no; la primera debate sobre la mejor opción, la segunda tiene que decidir sobre lo presentado. Afirma Urbinati que la ”perspectiva temporal transforma a la representación en un recurso político, un modo de perfeccionar a la democracia emancipándola de la fuerza desestabilizadora del presentismo y del carácter unidimensional de la voluntad”. De esta forma, la representación es un mecanismo de reflexión que atenúa los riesgos de la inmediatez.

También Urbinati resalta que la representación se ha convertido en un mecanismo de transferencia de identidades, preferencias e ideologías hacia candidatos y partidos políticos.  Esto es, cuando el ciudadano se presenta ante la urna, enfrenta la disyuntiva de por quién votar, o de manera más profunda, sobre la persona que le representará en el poder legislativo o ejecutivo.

 

La decisión puede estar basada en un conocimiento previo de las virtudes o vicios personales, haya evaluado la historia de posicionamientos políticos, de las ideas sobre aspectos específicos que le son importantes al ciudadano. Por ejemplo, si está a favor o en contra del aborto o de la legalización de las drogas. Pero también puede ser que al ciudadano no conozca, ni le interese, conocer a los candidatos y se limite a elegir entre los partidos políticos, a los cuales es más fácil identificar por sus posturas a lo largo del tiempo.

En ambos casos se vota por un representante confiando ya sea en sus promesas de campaña o en los intereses que identifican a su partido político, cediéndole la potestad de legislar, actuar y hasta juzgar a nombre de sus representados. La regla general es darles poderes sobre amplitud de temas y no sobre uno en específico. Claro, lo anterior puede generar contradicciones porque pueden los cadidatos llegar prometiendo no subir impuestos, no iniciar nuevas guerras o no usar al ejército en asuntos domésticos o de seguriad pública, pero una vez en el cargo, el representante hace exactamente lo contrario.

Vale la pena resaltar otra particularidad. El representante tiene una cualidad dual, actúa en nombre de todos los ciudadanos pero es electo por una fracción de los electores y pertenece a un partido político. Esto genera tensiones a la hora de equilibrar los intereses generales de los ciudadanos, con los de sus electores y los de sus partidos políticos.

Entre los debates contemporáneos que se presentan en todo el mundo se encuentra el de la representatividad y sus alcances. Vemos cóm los líderes que encabezan regímenes autoritarios, o que aspiran a serlo dentro de los limites democráticos, les encanta decir que ellos encarnan la voluntad popular, que ellos, y solo ellos son los representantes, voceros e intérpretes del pueblo. Claro, siempre utilizando el concepto “pueblo” como un todo unificado e ignorando el concepto de ciudadanía que implica una sociedad con amplios y divergentes intereses, ideologías, necesidades, etc. Aunque en el enramado institucional existan de manera formal un congreso electo, en la práctica, este congreso solo sirve para ratificar y apoyar todo lo que le sea enviado por el poder ejecutivo, o como diría el clásico mexicano, aprobar todo sin cambiarle una coma.

La democracia representativa no solo es reflejo de su devenir histórico, sino que ha evolucionado como mecanismo de mediación entre ciudadanía y poder. Lo que debemos hacer es incrementar la confianza ciudadana mediante una mayor rendición de cuentas, así como fortalecer de los mecanismos institucionales que eviten la concentración de poder en una sola persona, sin olvidar una mayor, más informada y constante participación de la sociedad que no se limite al día de la elección.

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