#InPerfecciones
¿Estaremos los países latinoamericanos a la altura del desafío que nos plantea la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos?
Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com
La seguridad nacional constituye un pilar fundamental para la estabilidad y el desarrollo de los Estados en el entorno internacional contemporáneo y las principales naciones (en cuanto a población, producto interno bruto y capacida militar) publican de manera más o menos periódica un documento donde se exprese una política de seguridad nacional.
En 2021, antes de la invasión de Ucrania, se publicó la Estrategia de Seguridad Nacional de la Federación Rusa, en la cual se reconoce un incremento en las tensiones geopolíticas, ocasionadas por el despliegue de infraestructura militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en las proximidades de sus fronteras. El documento subraya la protección de ciudadanos e intereses rusos más allá del territorio nacional y plantea una postura defensiva ante lo que percibe como una expansión occidental hostil.
La Revisión Estratégica Nacional de Francia, presentada en 2025, diagnostica un deterioro significativo del entorno de seguridad global, caracterizado por el aumento de conflictos armados, la persistencia del terrorismo, el crimen organizado y desafíos derivados del cambio climático, la energía y la migración. Francia identifica a Rusia como la principal amenaza para la seguridad europea, seguida de Irán y China, y advierte sobre el embate contra el modelo democrático liberal en el ámbito internacional.
El documento Seguridad Integrada para Alemania. Robusta, resiliente, sostenible resalta a Rusia como la amenaza principal para la seguridad euro-atlántica, mientras que el cambio climático se consolida como un desafío estructural de igual magnitud. Alemania reconoce la complejidad de su relación con China, a la que considera socio, competidor y rival sistémico. Asimismo, reafirma su compromiso con la OTAN y la Unión Europea como marcos fundamentales para su seguridad.
La Revisión de la Defensa Estratégica. Haciendo una Gran Bretaña segura: segura en casa, fuerte en el exterior, 2025, destaca la multiplicidad y simultaneidad de amenazas enfrentadas desde el final de la Guerra Fría. La creciente agresividad de Rusia en el continente europeo ha motivado a fortalecer su capacidad de disuasión y preparación militar, en estrecha coordinación con sus aliados, particularmente los países de la OTAN.
Por su parte, La Seguridad Nacional de China en la nueva era 2025 plantea que “La sociedad humana se enfrenta a la crucial disyuntiva de paz o guerra, prosperidad o decadencia, unidad o confrontación, y se encuentra una vez más en la encrucijada de la historia”, China se asume como un actor de equilibrio global y rechaza clasificar a Estados Unidos, Europa y Rusia como enemigos, apostando por una visión de seguridad compartida y cooperación internacional.
Organismos multilaterales también han publicado sus estrategias. En 2022 la OTAN, lanzó el Nuevo Concepto Estratégico, en donde señala que “la Federación Rusa es la amenaza más importante y directa para la seguridad de los Aliados”, y que la propia OTAN “no busca la confrontación ni supone amenaza alguna para la Federación Rusa”. El terrorismo, en todas sus manifestaciones, se mantiene como una amenaza asimétrica preeminente, mientras que China es catalogada como un desafío para los intereses y valores de los miembros de la OTAN.
La Unión Europea, a través del Libro Blanco de la Defensa de Europa 2025, define amenazas comunes que incluyen el terrorismo, la inestabilidad en el sur del continente, la guerra híbrida y los ciberataques. El documento aboga por “por una Europa menos dependiente de Estados Unidos y la OTAN, especialmente tras eventos como el Brexit y la invasión rusa a Ucrania”. China es vista como socio, competidor económico y rival sistémico, reflejando la complejidad de las relaciones euroasiáticas.
La más reciente es la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América. En ella, se plantean objetivos similares como la supervivencia del Estado, control de fronteras y fortalecimiento económico; adicionalmente, habla de mantener su “poder blando” (es decir, la capacidad de influenciar y determinar políticas internas en otros paìses), ampliar la disuación nuclear y tener el ejército más poderoso del mundo (ya sabemos que existen presidentes que les encanta decir que todo lo que hacen es lo mejor del mundo).
Bajo el lema “Estados Unidos primero”, se enfatizan los intereses económicos como eje rector en materia de seguridad nacional y promueve relaciones comerciales pragmáticas con los países “sin imponerles cambios democráticos o sociales que difieran ampliamente de sus tradiciones e historia”. El documento considera que ”la Unión Europea y otros organismos transnacionales (como Naciones Unidas y la OTAN) socavan la libertad política y la soberanía”. Además, se propone “ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual”. Sorprendentemente, ni Rusia ni China son calificados como amenazas directas en este marco estratégico.
Uno de los aspectos más relevantes para México y América Latina radica en la visión estadounidense sobre el continente, definido como el Hemisferio Occidental. La estrategia sostiene que “no es posible adherirse rigurosamente al no intervencionismo”, e “impedirá que los competidores no hemisféricos posicionen fuerzas u otras capacidades amenazantes, o que posean o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”. Para tal fin, se hará “todo lo posible para expulsar a las empresas extranjeras que construyen infraestructuras en la región”, sin olvidar por supuesto “despliegues específicos para asegurar la frontera y derrotar a los cárteles, incluyendo, si es necesario, el uso de la fuerza letal”.
La proyección para América Latina se traduce en una combinación de diplomacia agresiva, incentivos económicos y presión militar. Las recientes elecciones en Honduras, Argentina y la crisis venezolana ilustran la determinación de Estados Unidos por mantener acceso privilegiado a los recursos naturales y por influir en las políticas comerciales latinoamericanas, especialmente las referentes con China. El documento es explícito al afirmar sin ningún pudor su intención de “realinear a los países y regiones con nuestros intereses”.
En América Latina, la historia de intervenciones estadounidenses es larga y de infausta memoria, por lo que la coyuntura actual demanda que los países de la región fortalezcan sus políticas de seguridad, impulsen la cooperación nacional y regional, y desarrollen estrategias integrales que permitan anticipar y responder eficazmente a las presiones externas, sin sacrificar la soberanía ni los intereses nacionales. ¿Estaremos a la altura del desafío que nos plantea la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos?
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