Editorial

A fuego lento: las negociaciones tras la campanilla del Senado

#InPerfecciones
Entre alianzas, vetos y recetas en lo oscuro, Morena juega su equilibrio interno en la elección de la presidencia senatorial.

 

Eder Mendoza / ai.edcissce
edcissce21@gmail.com 

El segundo tiempo está por servirse y los comensales se preparan para devorar.

Así es: todo está listo para que en el Senado de la República se retome el próximo periodo de sesiones ordinarias, que dará inicio el 1 de septiembre de 2025 y concluirá, a más tardar, el 15 de diciembre del mismo año.

En este banquete legislativo, los lugares están por asignarse. La presidencia de la Mesa Directiva puede parecer un puesto protocolario; sin embargo, quien ocupe el lugar de honor será el encargado de marcar la agenda legislativa y proyectar liderazgo nacional. En esta ocasión, el puesto principal se disputará bajo reglas claras, pero con “recetas que se cuecen en lo oscuro”: la alternancia de género y la mayoría absoluta de Morena. ¿Logrará la tensión silenciosa entre los invitados del oficialismo ponerse de acuerdo?

Recordemos que la disputa por la presidencia no es solo un relevo administrativo: es un termómetro de las tensiones internas del partido en el poder y de su capacidad para cerrar filas rumbo a 2027.

Desde 2018, en la mesa principal se ha respetado que, al cambiar de manos la presidencia, se haga bajo la representación paritaria: de hombre a mujer y de mujer a hombre, según corresponda. Si esta regla se mantiene, el relevo de Fernández Noroña —político izquierdista, incómodo y con un  mal cierre de periodo al frente del poder legislativo— debería ser una senadora.

Entre los invitados a la mesa, el nombre que resonó con más fuerza fue el de la joven promesa de la 4T, la senadora Andrea Chávez Treviño, quien, a sus cortos 28 años, ha ocupado cargos como representante de campaña en su distrito, asesora parlamentaria y diputada federal. Sin embargo, el 24 de junio negó rotundamente la búsqueda de la presidencia, priorizando su labor en las comunidades. Sus aspiraciones están claras: ¡gobernar Chihuahua!

Ante el evidente quiebre interno y un sinfín de polémicas de austeridad, los anfitriones no la tienen fácil. Los acuerdos se preparan a puerta cerrada y está claro que no basta con ser leal al segundo piso de la transformación. Una de las primeras en levantar la mano fue la senadora por Yucatán, Verónica Camino Farjat, quien solicitó al líder de la bancada guinda, Adán Augusto López, convocar a un proceso democrático interno, luego de hacerse público que la senadora Laura Itzel Castillo también tiene aspiraciones de presidir la Cámara Alta. Esta última cuenta con mayor respaldo morenista, entre ellos el del actual presidente del poder legislativo y el de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo.

Tras revelarse que el exsecretario de Seguridad de Tabasco, Hernán Bermúdez, estuvo vinculado con el cártel “La Barredora” durante el gobierno del ahora senador Adán Augusto López, y ante el rechazo de Andrea Chávez a la presidencia, el grupo encabezado por el presidente de la JUCOPO brindará respaldo a la senadora Camino Farjat, quien además ha cocinado alianzas con el exgobernador y ahora senador panista Mauricio Vila Dosal, quien también ha logrado reunir fuerzas en la bancada azul.

El grupo liderado por el coordinador de la bancada morenista ha señalado que son tiempos de conciliación, por lo que el perfil de la senadora Farjat es el indicado, a diferencia del propuesto por el grupo rijoso de Fernández Noroña.

Sin embargo, día a día se suman nombres oficialistas a la terna: Guadalupe Chavira de la Rosa, miembro fundadora de Movimiento, Sasil de León y la petista Geovanna Bañuelos, representante de la alianza obradorista.

En la oposición, las recetas son más simbólicas que viables. Luis Donaldo Colosio Riojas, con un apellido cargado de memorias y su deseo de renovación, podría encabezar un bloque opositor, pero los números no le alcanzan; PAN y PRI carecen de perfiles con fuerza suficiente para romper la mayoría.

Lo que veremos en septiembre no será un duelo en tribuna, sino cocciones a oscuras. Si la mayoría en el pleno se decanta por un perfil de consenso, la Mesa Directiva será un regulador de presiones políticas, permitiendo que Sheinbaum inicie el segundo año de gobierno con un Senado ordenado y predecible. En cambio, si la balanza se inclina hacia un perfil que solo represente a la 4T, veremos un Senado tenso, con la oposición intentando convertir cada división en ventaja.

Morena y sus aliados tienen los días contados y el riesgo es inminente: la designación de un perfil erróneo podría abrir más heridas internas de las que cierre, si se percibe como un premio faccional en lugar de un acuerdo de unidad.

 

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