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México no necesita más mañaneras ni más cumpleaños en Palacio. Necesita justicia, verdad, oportunidades y libertad.
Miguel Angel Millán Cancino / @MiAngel_Millan
miangel.millan@inperfecto.com.mx
Hoy, 25 de junio de 2025, México amanece un día después del cumpleaños de la presidenta Claudia Sheinbaum. En Palacio Nacional, la llamada “Mañanera del Pueblo” se transformó en una especie de fiesta improvisada, con reporteros oficialistas cantando Las Mañanitas y ofreciéndole un pastel a la mandataria. No hubo preguntas incómodas. No hubo crítica. Solo aplausos, sonrisas y complacencia.
Mientras tanto, afuera, la realidad del país es completamente otra: un México atrapado en la violencia, envuelto en la militarización, con una economía estancada, migrantes siendo asesinados en la frontera sur, jóvenes sin oportunidades y un aparato de comunicación oficial que ha dejado de informar para convertirse en un coro de propaganda.
El país en ruinas: inseguridad, militarización y miedo
Claudia Sheinbaum cumple años gobernando un país que se desmorona en sus pilares más básicos. A ocho meses de haber asumido la presidencia, su gobierno ha consolidado la ruta de militarización impuesta por su antecesor. Las Fuerzas Armadas ahora controlan aduanas, aeropuertos, trenes, refinerías, seguridad pública y hasta parte del sistema educativo. México nunca había estado tan lejos del control civil.
Según datos del INEGI y del Observatorio Nacional Ciudadano, en lo que va de 2025, se han registrado más de 15 mil homicidios dolosos, con estados como Guanajuato, Zacatecas, Guerrero y Michoacán convertidos en auténticos territorios sin ley. Tan solo en mayo, hubo más de 2,500 asesinatos en todo el país, una cifra que debería estremecer a cualquier mandatario. Pero en Palacio, ayer, se cantaba con alegría.
No hay estrategia real contra el crimen organizado. Se mantiene la narrativa de los “abrazos, no balazos”, mientras que los cárteles reclutan, asesinan, extorsionan y gobiernan más territorios que muchos municipios legalmente constituidos. La Guardia Nacional sigue siendo un brazo del Ejército, sin controles civiles, sin rendición de cuentas, sin eficacia.
Migrantes asesinados y un gobierno indiferente
En la frontera sur, migrantes centroamericanos y sudamericanos siguen muriendo, siendo víctimas de redes de trata, secuestros, asesinatos y extorsión. Apenas el 14 de junio, fueron encontrados los cuerpos de cinco migrantes salvadoreños en Chiapas, con signos de tortura. El gobierno federal no emitió postura oficial. No hubo condolencias, no hubo compromiso de justicia. Solo silencio.
Según datos de Amnistía Internacional, México es ya uno de los países más peligrosos del continente para las personas migrantes. Y en vez de asumir responsabilidad, Sheinbaum ha optado por continuar la política de contención migratoria impuesta desde Washington: detenerlos antes de que lleguen a Estados Unidos. Convertirse, en la práctica, en el muro humano que Trump y Biden siempre quisieron.
Economía tibia, clase media empobrecida
En materia económica, el panorama no es más alentador. Aunque el gobierno celebra un crecimiento anual de 1.8% en el primer trimestre del año, la realidad es que más del 55% del empleo es informal, según el CONEVAL. La inflación acumulada en productos básicos desde 2020 sigue golpeando a las familias mexicanas. El precio de la canasta básica ha aumentado más de 45% en cinco años, y los apoyos sociales no alcanzan para vivir con dignidad.
La clase media, mientras tanto, ha sido abandonada. Más de 7 millones de personas han caído en pobreza laboral desde la pandemia, y la falta de una política industrial real ha dejado al país sin rumbo económico claro, a pesar del fenómeno del nearshoring. La inversión pública se sigue yendo a proyectos faraónicos de dudosa viabilidad, mientras los hospitales siguen sin medicinas y las escuelas sin equipamiento.
Una democracia acosada, medios silenciados
Pero quizás lo más alarmante de este cumpleaños presidencial es el estado de la democracia y de la libertad de expresión en México. Claudia Sheinbaum recibió serenatas ayer de parte de reporteros a modo, los mismos que supuestamente deberían cuestionar, investigar, contrastar y confrontar al poder.
Ya no se les puede llamar periodistas. Son propagandistas disfrazados de comunicadores. Nuevos “chayoteros”, no por recibir sobres amarillos —como en el viejo PRI—, sino por recibir micrófonos, espacios y acceso directo a un poder que premia la obediencia y castiga la disidencia.
Mientras más de 180 periodistas han sido desplazados por amenazas en los últimos tres años, mientras otros 17 han sido asesinados por ejercer su labor entre 2022 y 2024, hoy en Palacio los “reporteros del pueblo” le aplauden a quien gobierna un país donde la prensa libre está en extinción.
Y no nos equivoquemos: esta situación es responsabilidad directa del régimen. Cuando se ataca sistemáticamente a medios independientes, cuando se recorta el financiamiento a organismos autónomos, cuando se persigue a jueces, académicos y defensores de derechos humanos, no se está construyendo una república, se está pavimentando una autocracia.
El festejo del poder, el luto del pueblo
Ayer, Claudia Sheinbaum sopló velas. Pero no fueron velas de esperanza. Fueron las velas de un país en luto: por sus muertos, por sus desaparecidos, por sus migrantes, por sus mujeres violentadas, por sus periodistas asesinados, por su juventud sin futuro.
México no necesita más mañaneras ni más cumpleaños en Palacio. Necesita justicia, verdad, oportunidades y libertad.
A quienes seguimos denunciando, a quienes no nos rendimos frente a los halagos oficiales, a quienes seguimos cuestionando aunque no nos inviten a cantar en las conferencias, les decimos: no estamos solos, aunque a veces parezcamos pocos.
Nuestro compromiso no es con el poder. Es con la verdad. Y aunque esa verdad incomode, aunque sea dura, aunque provoque reacciones, hay que seguir gritando lo que otros callan.
Porque mientras el régimen festeja, nosotros resistimos.
Y en cada línea, en cada palabra, en cada denuncia, construimos un país distinto.

