#InPerfecciones
Con todo y sus errores, a 100 años de su publicación La raza cósmica sigue vigente.
Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com
Este fin de semana, se cumplieron 100 años de que fuera publicada una de las obras que en su momento fuera de las más importantes para el pensamiento social latinoamericano, y que con el tiempo se convertiría en una de las más controversiales y criticadas. Nos referimos a La raza cósmica de José Vasconcelos. Antes de adentrarnos a la obra en sí, vale la pena recordar la vida del autor.
En su amplia trayectoria intelectual, académica y política, Vasconcelos fue, junto con Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, por citar a algunos, fundador del Ateneo de la Juventud Mexicana en 1907, que como su nombre lo indica, propugnaba por dejar atrás el positivismo prevaleciente durante el porfiriato, para apoyarse en el estudio de las humanidades, y así ofrecer las respuestas que demandaban la crecientes injusticias y desigualdades del México de esa época.
En su faceta política, se unió al movimiento de Francisco I. Madero, pero tras el asesinato del presidente, se exilió en los Estados Unidos. Regresaría al país apoyando a Venustiano Carranza, quien lo nombraría director de la Escuela Nacional Preparatorio; posteriormente el presidente Adolfo de la Huerta lo nombraría director de Bellas Artes y rector la Universidad Nacional (logró la aprobación de su propuesta de escudo y lema universitario); y Álvaro Obregón lo haría Secretario de Educación Pública, donde adquirió el apodo de “el apóstol de la educación” por su planteamiento de que los maestros no estaban solo para trabajar, sino para cumplir una misión, la de llevar la cultura a todos los mexicanos.
Cabe señalar que Vasconcelos impulsó la lectura en todas las primarias de los Diálogos de Platón, las Tragedias de Eurípides, la Ilíada de Homero, entre otras, dentro de un “ambiente evangélico para enseñar a leer y escribir al prójimo; entonces sí se sentía, en el pecho y en el corazón de cada mexicano, que la acción educadora era tan apremiante y tan cristiana como saciar la sed o matar el hambre”, como lo recordara Daniel Cosío Villegas.
Su buena suerte se acabó cuando compitió en las elecciones presidenciales de 2019, en contra del candidato presidencial del naciente Partido Nacional Revolucionario, Pascual Ortiz Rubio, al no aceptar los resultados y denunciar fraude electoral, se vio obligado nuevamente a abandonar el país y pasar muchos años en el exilio.
Hombre de su época, Vasconcelos planteó una tesis que hoy en día sería repudiada, pero no desentonaba con las ideas prevalecientes: el progreso de las civilizaciones está basado en su componente racial. A su manera, explica que la historia y sus vencedores se explica a partir de las 4 razas que han dominado la tierra: “el negro, el indio, el mongol y el blanco”.
El origen de todo, señala Vasconcelos, se localizaba en la Atlántida, una civilización que desapareciera dejando apenas unos rastros de ella en el continente americano. Cual destino manifiesto, Vasconcelos vaticinaba que el objeto del nuevo y a la vez viejo continente de América es “constituir la cuna de una raza quinta en la que se fundirán todos los pueblos para reemplazar a los cuatro que aisladamente han venido forjando la historia”, solo de esta forma podemos llegar a “la raza final, la raza cósmica”.
El aliento universal del latinoamericano tenía que estar fincado en Hidalgo y en Sucre; en Cuauhtemoc y Atahualpa; en la Armada Invencible y en la batalla de Trafalgar, porque la raza cósmica debe ser la fusión de lo indígena, lo criollo y lo español. Tal y como lo califica Enrique Krauze, “para Vasconcelos la palabra todo era la única medida de las cosas: quiso y a veces creyó saberlo todo, expresarlo todo, transformarlo todo”. Por tal razón, el espíritu del latinoamericano no solo está conformado por su pasado iberoamericano, sino que es heredero directo de la cultura egipcia, griega y romana, así como un triunfo contra el mundo anglosajón. No olvidemos que, en su megalomanía, América fue cuna de la desparecida Atlántida, o incluso de la aún más antigua Lemuria, de donde provienen sus raíces. El todo en América Latina
Explicar el mundo a partir del componente étnico no era nada nuevo, por más que muchos todavía vivan la fantasía de la superioridad racial, y esa es la principal razón por la cual se le ha criticado a la “Raza cósmica”. Sin embargo, el impacto que ha tenido a lo largo de los años es por la osadía de centrar el futuro de la humanidad en el mestizaje latinoamericano.
Vasconcelos sale del espacio nacionalista para impulsar un nuevo latinoamericanismo. Siente, no sin razón, que los discursos patrioteros solo sirven a los intereses locales que no alcanzan a ver la grandeza existente entre los pueblos del continente. Solo Bolívar tuvo esa altura de miras. Por tal razón La raza cósmica inicia explicando el concepto, para después seguirse por un largo relato de lo vivido en sus viajes a Brasil y Argentina.
Con todo y sus errores, a 100 años de su publicación La raza cósmica sigue vigente porque ahí encontramos algo de José Martí y su visión de una América unida desde el río bravo al estrecho de Magallanes; algo de Enrique Rodó y su pasión por el pensamiento clásico; algo de Platón y de Tomás Moro en su ambición de crear una civilización perfecta, una utopía, “Universópolis”, que estaría situada cerca del Amazonas.
Más allá de que en la propuesta de Vasconcelos también existe algo de Hitler y la raza perfecta, lo que ha prevalecido es su visión de que el mestizaje (tan profundo en nuestros países y tan combatido en estos días en Estados Unidos) será la base de un mejor futuro, y que, orgullosamente, ese futuro será lidereado por los países latinoamericanos, algo que, tristemente, suena a H.G. Wells o Isaac Assimov, es decir, a ciencia ficción.




