Editorial

La inseguridad en sociedades complejas

#InPerfecciones
Nada más complejo que la realidad, y nada más falso que las soluciones simples. 

 

Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com 

 

Durante muchos años, la ciencia pasó de ser universal a especializada. Esas épocas en que los grandes sabios conocían el mundo que los rodeaba, fueron relevadas por la de quienes se volvían expertos. Gracias a esta especialización, los diferentes campos del saber dieron saltos cualitativos en la física, las matemáticas, la medicina, etc. Si en el siglo XVIII, Emanuel Kant inició como profesor de la materia, filosofía y matemáticas, en el siglo XX, Albert Einstein empezó como profesor del curso de física teórica.

 

Sin embargo, el desarrollo mismo de la ciencia, y en especial de la física, vinieron a trastornar la interpretación de que habitamos un mundo donde todo es predecible. Es decir, pasamos de la estabilidad de la teoría de la gravedad al principio de incertidumbre de Heisenberg o la paradoja del gato de Schrödinger, donde no existen certezas exactas, sino diferentes aproximaciones a la realidad; de la manzana de Newton al bosón de Higgs.

 

Análogamente, en el campo de las ciencias sociales se desarrolló un conocimiento especializado en torno a los mercados y ciclos económicos, a la mejor forma de organizar gobiernos y celebrar elecciones, al detalle para implementar políticas públicas, etc. Nos enfocamos en los árboles, pero dejamos de ver al bosque.

 

En sociedades homogéneas en lo social y cultural, las explicaciones a los problemas solían ser relativamente sencillas. Conforme se fueron expandiendo las mismas, las demandas y conflictos se fueron incrementando, y las respuestas lineales y simples ya eran insuficientes. Si los problemas de hoy son multicausales, necesitamos entonces enfoques multidisciplinarios que incluyan la perspectiva desde la ciencia política, la sociología, la administración pública, la economía, el derecho, la psicología, etc. 

 

Dice Edgar Morín en su Introducción al pensamiento complejo, que “la complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Así es que la complejidad se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre”. Aunque descrito de manera abrumadora, lo que nos trata de decir Morin es que debemos adaptarnos a la complejidad de nuestras sociedades.

 

La perspectiva de la complejidad nos sirve para apoyarnos en las bases y avances que han alcanzado las diferentes disciplinas, y a la vez, apoyarnos en todas para amplificar las ventajas que ofrecen cada una de ellas. Tomemos el caso de la inseguridad. En los últimos años hemos visto que el discurso es impecable: ataquemos las causas. Para encontrar esas causas, empezaremos señalando que la inseguridad en sociedades complejas es un fenómeno que surge de múltiples factores como las desigualdades económicas y sociales, los avances tecnológicos, las dinámicas políticas, los cambiantes escenarios internacionales, etc.

 

La filosofía nos puede auxiliar para reflexionar acerca de que la violencia o la delincuencia es algo inherente al ser humano, tal y como lo planteaba Hobbes; o que el ser humano es esencialmente bueno y es la sociedad la que modifica su naturaleza según Rousseau. También podemos pensar las consecuencias que puede ocasionar el que se viva en un ambiente de miedo, ya sea desde el punto de vista de Maquiavelo de que es bueno para el príncipe que le teman, o lo negativo del miedo paralizante del que habla Martha Nussbaum.

 

Si recurrimos a la economía, abordamos el problema de la inseguridad desde los efectos que trae consigo una persistente pobreza, o como se ha señalado de manera más reciente, el impacto de que las sociedades sean cada vez más desiguales. En el espacio de la inseguridad también confluyen otros conceptos como la falta de empleo o su precariedad, la informalidad, la ilegalidad, la caída del ingreso, por señalar algunos.

 

Si nos trasladamos al campo de la sociología, podemos observar de qué manera ha influido la pérdida del tejido social, o lo que otros especialistas catalogan como la erosión de la cohesión social; cuál es el impacto derivado de la marginación y la exclusión social, sin olvidar los movimientos migratorios derivados de pequeños y grandes núcleos que huyen de la pobreza, la violencia o la guerra en sus lugares natales.

 

Desde el campo cultural nos podemos adentrar al fenómeno de la inseguridad que en varios lugares ha cambiado las costumbres, los hábitos y hasta la capacidad de asombro de las personas. Es común decir que se ha normalizado la violencia y, para desgracia en México, hasta valores asociados a la delincuencia, se han amplificado gracias a los mensajes implícitos o explícitos de los llamados narcocorridos, narcopelículas o narcoseries. El prefijo narco, ha llegado para quedarse por un buen tiempo para identificar esta era.

 

La ciencia política acude a nuestro análisis con sus conceptos de democracia y gobernabilidad; con sus investigaciones acerca de la fortaleza o debilidad de las instituciones del Estado; con la definición de un estado fallido o de uno autoritario. O bien, desde la administración pública observamos la eficacia de los gobiernos para atender problemas, la pertinencia en el diseño de las políticas públicas o la eficiencia a la hora de otorgar los servicios públicos.

 

Si la ocasión hace al delincuente, entonces tenemos que acudir al urbanismo para entender las dinámicas en el diseño de las ciudades y su impacto para generar condiciones de mayor o menor riesgo. Si no todas las personas provenientes de ambientes familiares llenos de violencia replican dichos comportamientos, es hora de preguntarle a la psicología cuáles son los motivos para entender lo anterior.

 

Y podemos seguirle con la ecología, el derecho, las relaciones internacionales, la tecnología, y cuántas disciplinas nos puedan ayudar. Lo que se debe resaltar es que no hallaremos respuestas en un solo lugar, sino que debemos buscar por todos lados y a todas partes. Aquí no aplica el principio de la navaja de Ockham (atribuida al filósofo Guillermo de Ockham) de que la explicación más simple suele ser la más probable, sino el hecho señalado por Morin de que “el pensamiento complejo integra lo más posible los modos simplificadores de pensar, pero rechaza las consecuencias mutilantes, reduccionistas, unidimensionalizantes y finalmente cegadoras de una simplificación que se toma por reflejo de aquello que hubiere de real en la realidad”. Nada más complejo que la realidad, y nada más falso que las soluciones simples. 

 

#InPerfecto