Editorial

El desafío climático

#InPerfecciones
Si, año tras año nos llegan noticias del aumento de desastres naturales, la cuestión es por qué no se toman las medidas indispensables para evitar el desastre que se nos viene.

 

 

Alejandro Animas Vargas / @alexanimas
animasalejandro@gmail.com 

 

 

Durante dos semanas se ha llevado a cabo la 28ª. Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, mejor conocida como la COP28, en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, con el objetivo de lograr acuerdos globales en la lucha contra el cambio climático.

 

Un primer resultado ha sido el que se aprobara el “Fondo para Pérdidas y Daños”, al cual algunos de los países más ricos, La Unión Europea, Reino Unido, Estados Unidos entre otros, anunciaron que aportarán aproximadamente 400 millones de dólares para los países con menos recursos que sufren los impactos del cambio climático. El problema es que los fondos son insuficientes, porque según el reporte “Estado de la Financiación para la Naturaleza” publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente al inicio de las reuniones, cada año se invierten cerca de 7 billones de dólares a nivel mundial en actividades que causan un impacto negativo en la naturaleza, una cifra que equivale aproximadamente al 7% del PIB mundial, 30 veces más de lo que se gasta para mitigar el cambio climático.

 

Si año tras año nos llegan noticias del aumento de desastres naturales: el año más caliente; el aumento del deshielo en los polos el incremento de sequías e inundaciones; la aparición de fenómenos que nunca pasaban sucedieron, como el huracán categoría 5 en Acapulco; la cuestión es por qué no se toman las medidas indispensables para evitar el desastre que se nos viene.

 

Para resolver el desafío climático lo primero que debemos hacer es tomar conciencia del problema, tal como lo señala el filósofo francés Bruno Latour, en una de sus últimas obras que realizara con Nikolaj Schultz: Manifiesto ecológico político. En dicho libro, los autores retoman el concepto del Manifiesto comunista de Marx para plasmar sus propuestas. Primero señalan que todo ha sido por una mala concepción ya que nos hemos enfocado en “los dos últimos siglos tan sólo en torno a la producción del reparto de sus frutos, (por lo que) los conflictos de clase hicieron ojos ciegos a los límites de las condiciones materiales del planeta” (op,cit. p. 36).

 

Es decir, fuimos incapaces de ver más allá de lo inmediato, dividiendo al mundo en la clase burguesa y propietaria en contraposición a la clase obrera y explotada, dejamos de lado los efectos contaminantes de la industrialización. Por lo tanto, es necesario que construyamos una nueva clasificación, la clase ecológica, que “es aquella que se hace cargo de la cuestión de la habitabilidad” (op.cit. p.41). 

 

El siguiente paso será entonces tomar conciencia y dejar atrás la productividad, plusvalía, explotación, etc, categorías económicas, y concentrarnos en los mecanismos que puedan preservar la viabilidad del mundo. De hecho, la siempre aguda filósofa y politóloga Chantal Mouffe, en un reciente artículo (La izquierda frente al nuevo régimen climático) va más allá y señala que “debemos situar la transición ecológica en el centro del proyecto de radicalización de la democracia y vincular las luchas ecológicas a las luchas sociales”. Para estos pensadores postmarxistas, el desafío climático es un asunto principalmente ideológico.

 

Otra visión para afrontar el desafío climático lo propone el premio Nobel de Economía, William D. Nordhaus, en su más reciente libro, Pensar verde. Ahí, desde la base de la economía, nos señala que la contaminación es una externalidad, es decir, un efecto no deseado que afecta a terceros. En este caso, las actividades económicas contaminantes no incluyen los costos sociales. Por ejemplo, una empresa que vierte sus residuos a un río al fabricar patitos de goma, no incluye en la venta del producto el costo de limpiar el río. Ese costo lo paga la sociedad en general.

 

Hasta la fecha la política ha fallado. Los acuerdos globales han sido a todas luces insuficientes, destacadamente el Protocolo de Kioto de 1997 y el Acuerdo de París de 2015, sobre todo porque al ser acuerdos voluntarios, los países pueden salirse de ellos, no cumplir, o fingir que cumplen, con las metas establecidas. Otros países adoptan la postura del polizón (o gorrón, como dice el Diccionario de Mexicanismo), lo que significa no hacer nada pero gozar de los beneficios de las actividades de los demás países. Y aunque quisieran cumplir con dichos acuerdos, las capacidades institucionales de los países no cuentan con mecanismos que privilegien la protección ambiental, tal y como lo señala el “Índice de Impunidad Ambiental para América Latina 2023”.

 

Nordhaus, propone cambiar el enfoque actual para encontrar los incentivos que motiven a todos los países a cooperar. Actualmente, los acuerdos globales se han enfocado en querer reducir la emisión de contaminantes con pobres resultados. La enmienda que propone Nordhaus es elevar el precio del carbono y contenga la información necesaria para que de esta forma, los consumidores sepan cuales de los bienes y servicios producen mucho carbono; los productores tengan conocimiento de que insumos generan carbono; y los científicos e investigadores cuenten con recursos para financiar nuevos productos y procesos.

 

Para lograr lo anterior, debemos cambiar de acuerdos globales a pactos verdes, donde los países encuentren un precio meta internacional del carbono que sea la cláusula principal del acuerdo. Así, enfocados en los precios del carbono y no en las reducciones de emisiones, mejoraremos los incentivos basados en estructuras de costo-beneficio. Aquellos países que no cumplan con los precios o que no se incorporen al pacto verde, se les podría imponer aranceles especiales.

 

Si logramos que toda la gente acepte que el desafío climático nos efecta e involucra a nivel persona, país y mundo; que los gobiernos se enfoquen en nuevas propuestas como la de Noldhaus; que se logra una participación real de todas las naciones; y que se financie la investigación para transitar de energías sucias a limpias (tipo el pensamiento que llevó al hombre a la luna), el desafío climático que enfrentamos podría tener un mejor futuro. No olvidemos que debemos dejar atrás la soberbia de pensar solo en el hoy y adoptar la vision antropocéntrica, la cual señala que los sitios naturales valiosos deberían protegerse y preservarse para las futuras generaciones.

 

#InPerfecto