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Juan Carlos Reyes, un escritor con instinto de corredor de 100 metros planos

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La obra de Reyes se burla de la tiranía de los géneros; tiene de crónica, de ensayo, de poesía y cuida el sonido de las palabras, con una obsesión por quitar la paja de adjetivos y adverbios.

 

 

EFE

El escritor mexicano Juan Carlos Reyes asume la literatura con el instinto de un corredor de 100 metros planos, obsesionado con crear belleza en espacios cortos, como los relatos breves.

“Me siento más cómodo en el corto aliento. Me sería difícil entrarle a cinco libros de 3.000 páginas cada uno. Prefiero los textos pequeños; sin compararme, pienso en César Aira, con libros delgados como corrientazos en el estómago”, confesó el autor en entrevista con Efe.

Reyes (Puebla, 1981) acaba de publicar “Impala”, un volumen editado por la Universidad Nacional de Nuevo León con 39 relatos como abrazos, algunos de unos pocos párrafos, sobrevivientes de un arrasador proceso de reescritura.

“En mi caso, la escritura se desarrolló desde la reescritura. Algún texto de dos cuartillas acabó en media página, luego de un proceso de editar y volver a editar, cuidadoso de respetar al lector que es más listo que yo”, confiesa.

La obra de Reyes se burla de la tiranía de los géneros; tiene de crónica, de ensayo, de poesía y cuida el sonido de las palabras, con una obsesión por quitar la paja de adjetivos y adverbios.

“Conforme la escritura fue surgiendo se presentaron los textos, inacabados, algunos que parecen poemas, otros viñetas. Eso permite que el libro se pueda mover con una libertar para el lector, el escritor y el narrador. El narrador se permite licencias”, agrega.

MUNDOS A TRAVÉS DEL LENGUAJE

Algunas joyas de “Impala” tienen un mensaje detrás, como el relato “Mambrú”, quien regresa roto de la guerra, con un tubo para orinar y otro para defecar.

“Ese cuento salió de la plática con un veterano de la guerra de Irak. Me dijo que de la guerra nunca se vuelve y yo creo que Mambrú somos todos porque hay una guerra normalizada. En México es contra los feminicidios, contra la política, la guerra se ha vuelto un tren desbocado al que nadie va a poder poner alto”, lamenta.

Para el autor, los cuentos de “Impala” son como una cajitas chinas que se van desenvolviendo, un intento de hacer los textos entretenidos y enigmáticos para el lector.

“La idea de construir mundos a través del lenguaje me parece bellísima; en el libro hay mucho de una prosa que intenta ser poética y pretende que el lector pueda leer varias líneas de un jalón, sin una cacofonía ni otro impedimento”, explica.

El autor asume la escritura como un acto de gozo, aunque en momentos como el de su nueva obra, creada después de la pérdida de su padre.

“Aprendí en este libro que el dolor es un golpe lento, pero al final es para mostrarnos completos. No me gusta la idea del escritor que dice que la novela lo está matando; tener tiempo para escribir es un privilegio, que alguien te lea o te pregunte con interés sobre lo que escribiste es como si la gente te abrazara”, agrega.

Con una trayectoria también como realizador de cortometrajes, Reyes es académico de la Universidad de las Américas de Puebla. Es un trabajo exigente porque lo que él asume como pasión, algunos estudiantes lo ven como el trámite para pasar de grado.

Ante eso el escritor se aparta de la enseñanza mecánica y prepara sus clases con una filosofía más allá del conocimiento.

“Todo está en internet o en un libro. No puedo enseñar pasión, pero sí transmitirla y algunos lo valorarán”, asegura Reyes con la pose de un velocista empeñado en asumir la literatura como un acto de entrega total durante un corto periodo de tiempo.