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“Entre ciudades Invisibles”

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Un ejercicio literario explorando nuestros rincones más oscuros y más bellos. Textos inspirados en la obra de Italo Calvino.

 

 

Eric Nisadó / @ericnisado
nisadobenitez@gmail.com

 

LA CIUDAD Y LOS MONSTRUOS

En Kaibasho los humanos y monstruos han tenido que aprender a entenderse, es la ciudad más grande del planeta que entre sus constantes incendios, tsunamis y temblores alberga gente fascinante. Aquí no se le tiene cariño a ningún edificio, calle o monumento, pues constantemente una gigantesca bestia se encarga de “hacer limpieza”. Bautizados como kaiju; estas bestias dotan de una itinerante angustia a la ciudad y a la gente que ahí vive, sus apariciones son impredecibles en tiempo y lugar igual que su temperamento, casi tan variado como las miles de luces neón que adornan calles y edificios. La ciudad podrá carecer de construcciones altísimas o costas preciosas, vías siempre limpias o zonas concurridas que junten a miles de personas, pero tiene algo que la sostiene con gran fuerza: un valor gigantesco. No existe población en el mundo tan valiente, audaz y resiliente como la de Kaibasho, que esto no significa que desconozcan el miedo o el dolor ni que la presencia de los kaiju se haya vuelto rutinaria, sino que la cercanía tan constante con la muerte y la destrucción les ha enseñado a valorar cada aspecto fugaz de su existir… A los centenares de víctimas que han perecido en las distintas apariciones de éstas bestias se les rinde homenaje de la manera más festiva y simple posible; pues todas esas personas vivieron con la conciencia tranquila sabiendo que en Kaibasho se aprende diariamente de los demonios.

Que nunca el extranjero se equivoque; ninguna de las bestias aparecieron por mera coincidencia, cada uno de los kaiju nació del odio humano y sus incontables errores. Son legado de aquellas generaciones cegadas por el poder, el conflicto, la destrucción y la muerte, un legado que aquí, en la ciudad más grande del mundo, sigue cobrando vidas y abriendo corazones.

 

 

LA NIÑEZ QUE RECUERDO

Allá, muy lejos del pesimismo más petrificante y de las palabras más aburridas, entre hermosas montañas nevadas con el sol entre sus picos y arcoíris asomados entre los riscos, descansa temporalmente la ciudad andante de Rágazza, hogar de 5 millones de niños. Hoy luce más parecida a un castillo cuadrúpedo con fauces gigantescas y una larga cola que funciona cómo resbaladilla al valle. Son las risas y jugueteos lo que dotan de energía a la construcción entera que puede tomar apariencias sin límite alguno: desde un barco colosal que navega sobre los desiertos, una tortuga metálica sobre ruedas andando velozmente entre montañas y sierras, un titánico saurópodo multicolor y muchísimas otras más. Sin importar cuál sea su forma, Rágazza siempre ha de asombrar de la manera en que sólo la mágica imaginación de un infante puede hacer; no hay límite o desafío capaz de frenar el avance de la ciudad, ninguna montaña luce lo suficientemente alta y ningún océano lo suficientemente grande para confundir a un solo niño ragazziano.

Nadie jamás ha contado la historia completa sobre estos niños, ¿de dónde vienen?, ¿se mantienen siempre jóvenes?, ¿qué tesoro buscarán en los rincones del planeta? El problema es que los adultos plantean cuestionamientos antes que posibles respuestas, y así se enfrentan a lo que desconocen. En cambio, cualquier niño que habite ahí preferiría explicarte la importancia urgente de siempre imaginar, disfrutar ver volar a las aves, jugar a ser superhéroes, pasear con criaturas fantásticas, jugar hasta el desvelo, encontrar tesoros perdidos, viajar a las estrellas, enfrentarse a Darth Vader… Porque con sus almas ligeras y aún libres de los pesados prejuicios, estos niños son la sociedad más feliz que el planeta haya visto. Deseo de corazón que Rágazza nunca sea encontrada por el mundo exterior, pues aquel poder ilimitado e imparable encuentra su símil en la mirada triste y vacía de un adulto.

 

AQUÍ DONDE NADIE LLORA

Levantada sobre las ruinas de New York después de la última gran depresión humana en 2097, Paraíso se convertiría en la ciudad más popular en la faz de la tierra. Luego de dos difíciles décadas de profundo sufrimiento en las que la humanidad se vió sumida, se institucionalizó que la población sobreviviente en el mundo merecía ser feliz y que el estado debía disponer lo necesario para ello; pero ninguna persona podría predecir lo que pasaría después… Paraíso brillaba como el rincón más feliz que se pudiese imaginar, su población iba en aumento al igual que su innegable popularidad entre las ciudades aledañas y lejanas, todos hablaban de “la ciudad donde nadie llora” como si de un sueño hecho realidad se tratase, anhelando la mudanza lo más pronto posible. Cuando aquel entusiasmado extranjero llegara por fin a Paraíso, quedaría fascinado con la moderna y bellísima arquitectura que en colores claros iluminaba parques y plazas, vería con ilusión esos gigantescos edificios departamentales que dentro lucen como una versión pequeña de la ciudad, viajaría emocionado a bordo del cómodo y veloz transporte público y le sería imposible aburrirse con la infinita cantidad de atracciones y actividades abiertas al público. Pero pronto descubriría algo inusual en los rostros de las personas, quienes luchaban por mantener una sonrisa y rara vez se atrevían a interactuar más de dos minutos con algún extraño. Algo en esta gente los hacía moverse más rápido, hablar más alto, abrazarse efusivamente, algo que expresaba a todas luces la falta de  felicidad auténtica.

Paraíso finalmente se revelaba en la totalidad de su ruin realidad: la felicidad era un derecho tan protegido que sentirse triste, deprimido, preocupado o desmotivado era ilegal y violentamente perseguido. En sus calles puede sentirse la más sofocante de las presiones; han convertido a las personas en cómplices de esta persecución, miles de ojos vigilan cautelosos esperando el momento en que alguien ose mostrar emociones negativas para denunciar su horrible falta y otorgarle castigo. Hay quienes logran escabullirse de éstos ojos para desahogar sus ilícitas emociones, a veces en compañía y a veces en solitario: estas personas son los nuevos fugitivos, la nueva representación del crimen y de lo grotesco, ningún ciudadano en Paraíso que pretenda mantenerse con vida los describiría de forma distinta. Verdadero misterio resulta ell destino de quienes han sido detenidos por no vivir felices, pero lo más seguro es que después de una macabra tortura hayan sido ejecutados, pues despreciar el regalo de una vida sin tristeza es la peor falta que un humano puede cometer en éstos años.

#InPerfecto