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“Godzilla” de 2014, más que una película de monstruos

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¿Qué tiene de interesante una película de Godzilla? Quizá yo pueda decírtelo…

 

 

Eric Nisadó/ @ericnisado
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Un libro nunca debe juzgarse por su portada. Algunas veces encontramos momentos muy valiosos en donde menos lo esperábamos y Godzilla del 2014 nos lo demuestra. Ésta película tuvo una recepción mixta tanto en fanáticos como en espectadores casuales, hubo quienes la acusaron de aburrida y falta de un ambiente emocionante hasta aquellos que la posicionaron inmediatamente como la versión definitiva del personaje. Hoy, con tres cintas de distancia y un universo aparentemente concluido, mirar hacia el punto de partida trae pensamientos varios. Permíteme compartir contigo las razones por las que merece ser vista con otros ojos, esperando que al final de la columna despierte en ti el interés por disfrutarla. 

Resulta un gran mérito que esta cinta fue hecha y escrita con una seriedad genuina en un género abundante de absurdos e irreverentes, quizá sea la primera ocasión desde 1954 en que una película de Godzilla puede analizarse lejos de lo obvio; ésta vez presenciamos más que una bestia destruyendo ciudades. Pudieron entregarnos algo más del montón y quedarse en la fórmula simple: Godzilla aparece y pelea contra otro monstruo, sin complicación alguna, y eso habría sido suficiente para cumplir expectativas, pero en su lugar nos entregaron un experimento atrevido que indaga en la naturaleza propia del rey de los monstruos y de la humanidad. 

¿Has vivido momentos en los que miras un paisaje natural, como una cascada, una montaña, un bosque y piensas en el lugar que ocupas en todo aquello? ¿Te ha pasado que te quedas en sorpresiva duda al pensar nuestra posición en este planeta tan grande? Bueno, la película tiene un poco de eso: ya sea al mostrarnos tomas en las que un humano ha de verse diminuto, al resaltar el contraste de la magnificencia pura del ambiente natural contra lo artificial de un edificio; la fotografía aquí juega un papel fundamental como recurso narrativo al recordarnos que nosotros habitamos este planeta como una más de sus especies. Gareth Edwards, director de la película, tiene una forma peculiar de mostrar dichas temáticas pues aquí Godzilla funciona más como un elemento en lugar de ser el tema principal; él está en la historia para darle sentido y contundencia a un tema mayor: la humanidad y su constante lucha contra la naturaleza y lo desconocido. Si en 1954 Godzilla había encarnado el terror nuclear que marcó al Japón de la posguerra, en 2014 Legendary mostraba un Godzilla que trae esperanza en tiempos donde todos lo desconocido pareciera peligroso, un aliado del poder indiscutible de la naturaleza.

Afortunadamente funciona, éste enfoque no deja de darnos momentos meramente entretenidos y muy bien logrados al mismo tiempo que indaga en nuestras debilidades como especie y nuestros miedos comunes. Es decir; tenemos emocionantes combates entre monstruos y brillantes escenas de destrucción mientras exploramos un trasfondo interesante sobre nuestra diminuta existencia. Digamos la verdad; la película está lejos de ser perfecta, quizá porque los personajes humanos que conocemos no están escritos para hacernos empatizar bastante o porque uno podría esperar ver más sobre los monstruos, y aún así es rebasada por sus aciertos. Visualmente dudo que decepcione: como antes mencioné, Edwards gusta de usar la fotografía para que las imágenes nos impregnen de un contexto y una atmósfera definida haciendo de la experiencia algo más inmersivo y de auténtico disfrute para nuestros ojos. Cada vez que Goji aparece en pantalla nos intimida con sus descomunales dimensiones, el “realismo” de su diseño ayuda a convencernos de su naturaleza como un animal bastante antiguo destacando el impecable trabajo de todo el equipo de efectos especiales. Todo el aspecto sonoro es otro gran acierto; aporta mucho a la inmersión que necesitamos y se vuelve protagonista en los momentos más frenéticos, cada pisada, derrumbe, disparo o rugido toma presencia en la acción. La banda sonora de Alexandre Desplat en definitiva es para disfrutarse; no pudo ser más certero al elegir las percusiones y las cuerdas como sonidos protagónicos que anuncian la llegada tanto de la destrucción como de la salvación, la vida, la muerte y lo inmenso…

Dieciséis años pasaron desde la primera vez en que Estados Unidos había adaptado al personaje y ahora presenciamos por fin una digna representación del icono más grande del cine Kaiju, dicha espera que ha sido recompensada con una película genuinamente interesante y que puede presumir de poseer un corazón de temática sincera. No hay aquí un ensayo profundo que la convierta en algo sin precedentes, pero sí un respeto y admiración al legado del personaje y su importancia. 

“La arrogancia del hombre es creer que la naturaleza está bajo nuestro control, y no todo lo contrario. Déjelos pelear…”

-Ishiro Serizawa

 

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